/ jueves 27 de febrero de 2020

Carlos Montemayor, ícono de Parral

Parral es la tierra que vio nacer a Carlos Montemayor, al escritor, al traductor, al cantante de ópera, al activista y luchador social; al hombre que tuvo la osadía de traspasar los límites y las fronteras de su pueblo. Su talento, su perseverancia y su espíritu minero de “picar piedra”, sin importar las circunstancias, le abrieron las puertas no solo de México, sino de todo el mundo, su obra y su legado lo han convertido en un ícono de Parral.

Hoy la figura de Carlos Montemayor serpentea deslumbrante entre sus paisanos, así como serpentea el río que atraviesa a este su pueblo natal, su obra tiende los puentes de encuentros interminables entre sus lectores y admiradores, así como los 7 puentes sobre el río que comunican a todos los parralenses. Cada puente representa el reto superado, de siempre poder pasar al otro lado, así como cada una de sus obras es fiel testimonio de la pasión y la obsesión, por trascender a su época y a su gente.

Las risas y las travesuras de su infancia encuentran eco en el silbato de la Mina la Prieta, en los márgenes del Río Parral, en el balneario natural llamado los Carrizos. Sus pasos dejaron huella por esos caminos y veredas, que lo llevaban desde Talamantes hasta Villa Escobedo, pasando por Parral, donde se formó el carácter sencillo, creativo y perseverante del gran escritor, por ello describe como una constante en sus relatos, lo mismo la abundancia que hay en una huerta de membrillos y nogales, que la riqueza de la interioridad del subsuelo; todo esto en medio de un paisaje agreste, semidesértico, pero que a fuerza de voluntad y de trabajo produce riqueza para su gente. Estos entornos formaron el espíritu inquebrantable y luchador de Carlos, algo muy propio de la gente del norte.

Su primera gran fuente de inspiración encontró lugar precisamente en la emoción de describir a su tierra, tras un año de ausencia, el deseo fue incontenible y simplemente dio rienda suelta a las palabras, que se convirtieron en relatos interminables, plasmados en un papel con la gracia de su puño y letra, para deleite de propios y extraños. Así se auto descubrió el gran escritor y abogado. Su primer pasión, el gusto por la música y el canto, él sabía que el canto era una forma de hablar acompañado de una melodía. Así entre lecciones de música, juegos y lecturas forzadas del Quijote, transcurrió la infancia del gran caudillo social, escritor y cantante.

La grandeza de Carlos Montemayor no sólo encontró lugar en el Sabochi, también en los pueblos indígenas de su México, especialmente en el Rarámuri que habita la sierra Tarahumara. Hoy esta etnia y muchas más añoran su presencia, porque tuvo la sensibilidad para escucharlos, para entenderlos e incluso para defenderlos desde la lucha social; valoró su riqueza cultural, su dialecto, su cosmovisión, él se convirtió en el gran traductor y promotor de las lenguas indígenas. Y no solo las lenguas indígenas fueron su pasión, también las lenguas de otros países fueron objeto de su estudio y dominio.

El poeta como el mismo se consideraba ha terminado su pasión y su obsesión por escribir, Carlos Montemayor a cruzado el camino del aquí y el ahora, dejando una huella imborrable con su obra, que lo convierten en el principal ícono cultural de Parral.

Parral es la tierra que vio nacer a Carlos Montemayor, al escritor, al traductor, al cantante de ópera, al activista y luchador social; al hombre que tuvo la osadía de traspasar los límites y las fronteras de su pueblo. Su talento, su perseverancia y su espíritu minero de “picar piedra”, sin importar las circunstancias, le abrieron las puertas no solo de México, sino de todo el mundo, su obra y su legado lo han convertido en un ícono de Parral.

Hoy la figura de Carlos Montemayor serpentea deslumbrante entre sus paisanos, así como serpentea el río que atraviesa a este su pueblo natal, su obra tiende los puentes de encuentros interminables entre sus lectores y admiradores, así como los 7 puentes sobre el río que comunican a todos los parralenses. Cada puente representa el reto superado, de siempre poder pasar al otro lado, así como cada una de sus obras es fiel testimonio de la pasión y la obsesión, por trascender a su época y a su gente.

Las risas y las travesuras de su infancia encuentran eco en el silbato de la Mina la Prieta, en los márgenes del Río Parral, en el balneario natural llamado los Carrizos. Sus pasos dejaron huella por esos caminos y veredas, que lo llevaban desde Talamantes hasta Villa Escobedo, pasando por Parral, donde se formó el carácter sencillo, creativo y perseverante del gran escritor, por ello describe como una constante en sus relatos, lo mismo la abundancia que hay en una huerta de membrillos y nogales, que la riqueza de la interioridad del subsuelo; todo esto en medio de un paisaje agreste, semidesértico, pero que a fuerza de voluntad y de trabajo produce riqueza para su gente. Estos entornos formaron el espíritu inquebrantable y luchador de Carlos, algo muy propio de la gente del norte.

Su primera gran fuente de inspiración encontró lugar precisamente en la emoción de describir a su tierra, tras un año de ausencia, el deseo fue incontenible y simplemente dio rienda suelta a las palabras, que se convirtieron en relatos interminables, plasmados en un papel con la gracia de su puño y letra, para deleite de propios y extraños. Así se auto descubrió el gran escritor y abogado. Su primer pasión, el gusto por la música y el canto, él sabía que el canto era una forma de hablar acompañado de una melodía. Así entre lecciones de música, juegos y lecturas forzadas del Quijote, transcurrió la infancia del gran caudillo social, escritor y cantante.

La grandeza de Carlos Montemayor no sólo encontró lugar en el Sabochi, también en los pueblos indígenas de su México, especialmente en el Rarámuri que habita la sierra Tarahumara. Hoy esta etnia y muchas más añoran su presencia, porque tuvo la sensibilidad para escucharlos, para entenderlos e incluso para defenderlos desde la lucha social; valoró su riqueza cultural, su dialecto, su cosmovisión, él se convirtió en el gran traductor y promotor de las lenguas indígenas. Y no solo las lenguas indígenas fueron su pasión, también las lenguas de otros países fueron objeto de su estudio y dominio.

El poeta como el mismo se consideraba ha terminado su pasión y su obsesión por escribir, Carlos Montemayor a cruzado el camino del aquí y el ahora, dejando una huella imborrable con su obra, que lo convierten en el principal ícono cultural de Parral.

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