/ jueves 25 de junio de 2020

Huele a humedad

El verano ha llegado con todo su esplendor, viene acompañado con días más llenos de luz, el sol desvela a la luna y abraza con intenso calor a una porción del planeta tierra, provocando enormes grietas en su piel, incendios que consumen el fruto seco que nació de sus entrañas y la evaporación del líquido que humecta la superficie y su interior.

El cielo por momentos es una sola luz resplandeciente que impide la contemplación, de aquellos que habidos buscan en el horizonte una señal en forma de nube, que alimente la esperanzas de la pronta llegada de la bendita lluvia, que se convierta en un bálsamo para todos.

Los ríos, arroyos y demás cuerpos de agua esperan cálidos y sedientos su llegada, para que por sus caudales corra alegre y vigorosa el agua que sacie su sed, que cure sus grietas y nutra sus entrañas para dar vida a la fauna y a la flora que cohabita en sus alrededores.

La tierra preñada de una multitud de semillas, espera vigorosa el vital líquido, para ser fecunda y cubrir su superficie con ese manto verde y adornarlo con una variedad de colores, que se desprenden de los múltiples ramilletes de flores, para luego dar paso a los ricos frutos que sacian el hambre de los integrantes del reino animal.

El que trabaja y vive del cultivo de la tierra, extiende sus manos para sentir el viento y poder percibir la humedad que hay en él, agudiza su olfato para disfrutar de esa única sensación que produce el olor a humedad, con entusiasmo acaricia la tierra, haciendo surcos en ella para sembrar la semilla, que se convertirá en el alimento del mañana.

Quien cuida de su ganado y vive de su producción anhela que en el ambiente se perciba esa sensación de humedad, para que el alimento para sus animales sea pronto abundante y además sus abrevaderos se vean recargados.

En general los ecosistemas dependen de la presencia del agua; el bosque, la selva, la llanura, el mar, incluso el mismo desierto, el agua es la sangre que corre por sus cuerpos llevando vida.

Quienes habitamos en la selva de cemento en ocasiones nos resulta un poco más difícil entender el beneficio de la lluvia, incluso de disfrutar ese incomparable sensación de percibir el olor a humedad, sin embargo, en el fondo estamos conscientes que el vital líquido es indispensable para la vida.

En el ambiente se comienza a percibir la presencia de humedad, la época de lluvias está por hacerse presente, con ello pueden llegar situaciones que nos incomodan, pero en lo general es el agua de lluvia es una gracia, que trae consigo múltiples y esenciales beneficios; entre ellos la limpieza del medio ambiente.

Huele a humedad, huele a vida, huele a riqueza…

El verano ha llegado con todo su esplendor, viene acompañado con días más llenos de luz, el sol desvela a la luna y abraza con intenso calor a una porción del planeta tierra, provocando enormes grietas en su piel, incendios que consumen el fruto seco que nació de sus entrañas y la evaporación del líquido que humecta la superficie y su interior.

El cielo por momentos es una sola luz resplandeciente que impide la contemplación, de aquellos que habidos buscan en el horizonte una señal en forma de nube, que alimente la esperanzas de la pronta llegada de la bendita lluvia, que se convierta en un bálsamo para todos.

Los ríos, arroyos y demás cuerpos de agua esperan cálidos y sedientos su llegada, para que por sus caudales corra alegre y vigorosa el agua que sacie su sed, que cure sus grietas y nutra sus entrañas para dar vida a la fauna y a la flora que cohabita en sus alrededores.

La tierra preñada de una multitud de semillas, espera vigorosa el vital líquido, para ser fecunda y cubrir su superficie con ese manto verde y adornarlo con una variedad de colores, que se desprenden de los múltiples ramilletes de flores, para luego dar paso a los ricos frutos que sacian el hambre de los integrantes del reino animal.

El que trabaja y vive del cultivo de la tierra, extiende sus manos para sentir el viento y poder percibir la humedad que hay en él, agudiza su olfato para disfrutar de esa única sensación que produce el olor a humedad, con entusiasmo acaricia la tierra, haciendo surcos en ella para sembrar la semilla, que se convertirá en el alimento del mañana.

Quien cuida de su ganado y vive de su producción anhela que en el ambiente se perciba esa sensación de humedad, para que el alimento para sus animales sea pronto abundante y además sus abrevaderos se vean recargados.

En general los ecosistemas dependen de la presencia del agua; el bosque, la selva, la llanura, el mar, incluso el mismo desierto, el agua es la sangre que corre por sus cuerpos llevando vida.

Quienes habitamos en la selva de cemento en ocasiones nos resulta un poco más difícil entender el beneficio de la lluvia, incluso de disfrutar ese incomparable sensación de percibir el olor a humedad, sin embargo, en el fondo estamos conscientes que el vital líquido es indispensable para la vida.

En el ambiente se comienza a percibir la presencia de humedad, la época de lluvias está por hacerse presente, con ello pueden llegar situaciones que nos incomodan, pero en lo general es el agua de lluvia es una gracia, que trae consigo múltiples y esenciales beneficios; entre ellos la limpieza del medio ambiente.

Huele a humedad, huele a vida, huele a riqueza…

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