/ domingo 19 de febrero de 2023

Casa de oración pacto de paz | De Lodebar Al Palacio 

Cuenta una historia en el 2 Libro de Samuel capítulo 4 que Jonatán, hijo del rey Saúl, tenía un hijo de unos cinco años, cuando llegó al palacio la noticia de que ambos, su abuelo y su padre habían caído en batalla en ese mismo día. Por lo tanto, la nodriza de Mefi-Boset, el nombre del niño, sabía que tenía que huir lo más lejos posible y hacerlo desaparecer para protegerlo de una segura y terrible muerte. En la apresurada huida tropezó y se le cayó el niño. Tan violento fue el golpe que ambos pies del nene resultaron quebrados. Trágica jornada, había perdido en un solo día a su padre y a su abuelo; y como si esto no hubiese sido suficiente, ambos pies rotos. Años de indecible sufrimiento, dolor y destierro en el más velado anonimato vinieron para Mefi-Boset en una región denominada Lodebar, “Tierra de sufrimiento y dolor”

Aunque no lo parezca, a treinta siglos de haber ocurrido, esta es una historia vigente en nuestros días. Hoy existen personas con sus tobillos quebrados, pero no los de sus pies. LOS DE SU ALMA. Personas que a partir de un hecho terrible y desafortunado en sus vidas, tal vez la pérdida de un ser amado, el bebé que no llegó, un hecho violento, la pérdida del trabajo, la salud quebrantada o un revés financiero, no lo sé, pueden ser tantos y provenir de tan diversos lados como la fragilidad humana lo permita, pero suficientes como para quebrar los pies del alma, sumir en el dolor y llevar a vivir su propio Lodebar.

El pequeño príncipe, Mefi-Boset, sin entenderlo, su corta vida cambió por completo, tanto, que ya no podía ni caminar, todos sus sueños infantiles se frustraron, su vida se destruyó en un abrir y cerrar de ojos. Lamentablemente es la misma historia de muchos hoy, que por alguna razón, sus vidas cambian en un instante lesionando su alma y frustrando sus sueños.

Continúa la historia unos capítulos más adelante en 2 Samuel 9 que años más tarde cuando Mefi-Boset era ya un hombre joven, el rey David se enteró de su existencia y lo mandó traer a su palacio. A partir de ese día el joven quebrantado comería a la mesa del rey y viviría en el palacio. Así como de niño la vida le cambió en un instante, de nuevo la vida le sonreía y su vida cambió de nuevo en un solo momento.

Quizás alguien pudiera sentirse Mefi-Boset, y solo ha visto muchos sueños frustrados, su vida quebrantada, y ha procurado estar lejos, como si no quisiera ser encontrado. Pero Dios le conoce, y quiere traerle a su lado, quiere bendecirle y darle una condición que nunca esperaba. Él es el Único que puede cambiar para siempre el rumbo de su historia, dice en Isaías 43:1 “Mas ahora, así dice el SEÑOR tu Creador… No temas… te he llamado por tu nombre; mío eres tú”

Todos esos años de sufrimiento y nostalgia terminaron cuando el hombre quebrantado atendió el llamado del rey. Amigo, no dude, atienda el llamado de Dios y no haga casa en Lodebar, no es su lugar, El Rey le llama al palacio. En este día Jesús insiste y le dice: “Estoy a la puerta llamando, si me abres entrare y cenaremos juntos” (Apocalipsis 3:20)

Estimado lector, crea en Dios, sea feliz en este mundo y un día vaya al cielo.

Pastor J. Andrés Pimentel M. | Pastor y estudios teológicos

Cuenta una historia en el 2 Libro de Samuel capítulo 4 que Jonatán, hijo del rey Saúl, tenía un hijo de unos cinco años, cuando llegó al palacio la noticia de que ambos, su abuelo y su padre habían caído en batalla en ese mismo día. Por lo tanto, la nodriza de Mefi-Boset, el nombre del niño, sabía que tenía que huir lo más lejos posible y hacerlo desaparecer para protegerlo de una segura y terrible muerte. En la apresurada huida tropezó y se le cayó el niño. Tan violento fue el golpe que ambos pies del nene resultaron quebrados. Trágica jornada, había perdido en un solo día a su padre y a su abuelo; y como si esto no hubiese sido suficiente, ambos pies rotos. Años de indecible sufrimiento, dolor y destierro en el más velado anonimato vinieron para Mefi-Boset en una región denominada Lodebar, “Tierra de sufrimiento y dolor”

Aunque no lo parezca, a treinta siglos de haber ocurrido, esta es una historia vigente en nuestros días. Hoy existen personas con sus tobillos quebrados, pero no los de sus pies. LOS DE SU ALMA. Personas que a partir de un hecho terrible y desafortunado en sus vidas, tal vez la pérdida de un ser amado, el bebé que no llegó, un hecho violento, la pérdida del trabajo, la salud quebrantada o un revés financiero, no lo sé, pueden ser tantos y provenir de tan diversos lados como la fragilidad humana lo permita, pero suficientes como para quebrar los pies del alma, sumir en el dolor y llevar a vivir su propio Lodebar.

El pequeño príncipe, Mefi-Boset, sin entenderlo, su corta vida cambió por completo, tanto, que ya no podía ni caminar, todos sus sueños infantiles se frustraron, su vida se destruyó en un abrir y cerrar de ojos. Lamentablemente es la misma historia de muchos hoy, que por alguna razón, sus vidas cambian en un instante lesionando su alma y frustrando sus sueños.

Continúa la historia unos capítulos más adelante en 2 Samuel 9 que años más tarde cuando Mefi-Boset era ya un hombre joven, el rey David se enteró de su existencia y lo mandó traer a su palacio. A partir de ese día el joven quebrantado comería a la mesa del rey y viviría en el palacio. Así como de niño la vida le cambió en un instante, de nuevo la vida le sonreía y su vida cambió de nuevo en un solo momento.

Quizás alguien pudiera sentirse Mefi-Boset, y solo ha visto muchos sueños frustrados, su vida quebrantada, y ha procurado estar lejos, como si no quisiera ser encontrado. Pero Dios le conoce, y quiere traerle a su lado, quiere bendecirle y darle una condición que nunca esperaba. Él es el Único que puede cambiar para siempre el rumbo de su historia, dice en Isaías 43:1 “Mas ahora, así dice el SEÑOR tu Creador… No temas… te he llamado por tu nombre; mío eres tú”

Todos esos años de sufrimiento y nostalgia terminaron cuando el hombre quebrantado atendió el llamado del rey. Amigo, no dude, atienda el llamado de Dios y no haga casa en Lodebar, no es su lugar, El Rey le llama al palacio. En este día Jesús insiste y le dice: “Estoy a la puerta llamando, si me abres entrare y cenaremos juntos” (Apocalipsis 3:20)

Estimado lector, crea en Dios, sea feliz en este mundo y un día vaya al cielo.

Pastor J. Andrés Pimentel M. | Pastor y estudios teológicos