/ lunes 20 de enero de 2020

La narcocultura se hace de su propia moda

La “narcovestimenta” ha sufrido una serie de variaciones con el paso del tiempo

La “narcovestimenta” ha sufrido una serie de variaciones con el paso del tiempo, pues desde capos hasta narcomenudistas, y más recientemente millenials que pretenden imitar a personajes de narcoseries, han adoptado estilos de ropa, calzado y accesorios, que para ellos denotan un coto de poder.

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La narcorropa, también llamada narcoestética, es una de las tantas manifestaciones de la moda alterada, cuyo origen en Chihuahua data de los años 70, cuando las botas vaqueras y texanas comenzaron a ser tendencia entre quienes deseaban imitar a esos hombres rudos y temerarios que vivían de la ilegalidad.

El libro “La reina del Sur”, del chihuahuense Ricardo Legarda, muestra la transición en la forma de vestir dentro del crimen organizado, con un recorrido desde las primeras características “vaqueras”, hasta llegar a la era “chic”, en la que principalmente jóvenes, muestran una fascinación por cachuchas con piedras vistosas, pantalón deportivo o casual, y botas tribaleras o quienes desean mayor comodidad, huaraches.

Para los cárteles, la moda se transforma en un arma más para demostrar su poder sobre el resto de personas, al igual que hacen con la violencia y la extorsión.

Tanto las prendas de vestir, como joyas y zapatos, son generalmente una manera de expresar su condición de nuevos ricos, así como glorificar el “negocio” y remarcar su masculinidad.

Dentro o fuera del narcotráfico, quienes siguen esta usanza desean transmitir respetabilidad, distinguiéndose dentro de la sociedad, pues de manera consciente o inconsciente se sienten fuera de la misma, por lo que todo lo que desean transmitir control y manipulación.

Específicamente en el municipio de Parral, el gusto por la narcomoda se mantuvo durante más de 10 años, pues tanto quienes estaban dentro del negocio como los que sólo admiraban este estilo pagaban grandes cantidades para ataviarse como la narcomoda mandaba.

Aunque este estilo alcanzó a hombres de todas las edades, aquellos "admiradores" que oscilaban entre los 18 y 27 años, eran los que más compraban botas de hasta 9 mil pesos.

De lagarto, avestruz o armadillo eran las más vendidas, a lo que se le sumaban una texana de hasta mil 800 pesos, todo esto antes de que la narcomoda "cayera".


DE LOS EXCESOS AL CAMUFLAJE

A la moda setentera, y aún considerada sobria, siguió el look ochentero y excesivo con el que fácilmente se podían relacionar los lujos que representaba la venta y trasiego de droga, con camisas garigoleadas y desabotonadas en vistosos colores, así como una gran cantidad de joyería de oro, como cadenas con medallas de la Virgen de Guadalupe, hasta aquéllas del “patrono de los narcos”, Jesús Malverde o la Santa Muerte.

Esta forma de vestir de la década de los 80 se caracterizó por la ostentosidad que pusieron de moda personajes de cine, dando vida a delincuentes que se convirtieron en auténticos “antihéroes”.

En sus inicios, la “narcomoda” surgió como resultado de la fascinación que hombres de clase media y baja mostraban hacia personajes que gracias al tráfico de droga lograron una forma “cara” de vida.

Posteriormente, en los años 90 y hasta prácticamente el año 2010, la vestimenta alterada ha sufrido una serie de transiciones, pasando por los huaraches sierreños, cinto piteado, pantalón de mezclilla y camisa fajada, moda que se impuso principalmente en la zona serrana de Chihuahua, Sinaloa y Sonora.

Con el nuevo milenio, la narcomoda dejó de ser moda, es decir, se generalizó y expandió a tantos sectores de la sociedad que ya no era tan característica del narcotráfico, explica el investigador José Carlos Hernández Aguilar.

De esta forma, comenzó la llamada moda “fresona” o “chic”, caracterizada también por el uso de joyas, ahora más refinadas, y botas que dejaron de ser vaqueras para convertirse en tribaleras (en colores pastel, con una punta de hasta 90 centímetros en forma curva hacia las rodillas).

Este calzado marcó una era en la moda del narcotráfico, en un inicio se estableció en algunas partes de Estados Unidos de Norteamérica y la zona centro de México, pero pronto se generalizó tanto en el norte, centro como sur del país.

Un elemento característico de la moda pesada han sido las camisas estampadas, tanto con detalles hawaianos, de inspiración tropical o figuras geométricas.

Si en alguna ocasión llegan a vestir un traje, los “pesados” prefieren tonos pastel, cadenas, colgantes con motivos religiosos, relojes Rolex, y lentes de sol estilo piloto con monturas llamativas de prestigiadas marcas, pues para ellos, todo lo que brilla es lo mejor.

En la actualidad, quienes están dentro del negocio de la droga desean pasar desapercibidos, principalmente en el rango de narcomenudistas, se utiliza el pantalón de mezclilla holgado, bolsas cruzadas para hombres o mariconeras, y como calzado botas de trabajo, camisas y playeras tipo Polo desfajadas.

Actualmente, la narcomoda tiene muchos matices, pero hoy se estila más el camuflaje social, que es la vestimenta ordinaria, ya que los mismos capos obligan a sus subordinados a vestirse de una forma discreta, para no llamar la atención y poder tener acceso en todas las esferas sociales.


Y SE SIENTEN LAS NOVIAS DEL NARCO

El narcovestuario no ha sido exclusivo de los hombres, y aunque en las mujeres no ha sufrido tantas variaciones, sí ha sido contundente en los últimos años, cuando las novias de narcos o “buchonas”, empiezan como acompañantes y terminan como vendedoras, espías o traficantes y marcan su estilo propio.

El vestuario de ellas es básicamente todo lo llamativo, desde pronunciados escotes, minifaldas, y jeans ajustados, todo lo que pueda marcar sus curvas.

Vestidos ceñidos y escotados, alhajas llamativas, zapatos de tacón con plataforma, y pantalones tipo leggins.

Así las describe el libro “Jefas del narco”, en el que se muestra que en Chihuahua, Sinaloa y Jalisco, prevalecen los delitos contra la salud y por ende hay más mujeres que igual fungen sólo como acompañantes y consumidoras de drogas, que como narcomenudistas y hasta asesinas.

Generalmente pertenecen a la clase baja o media, tienen rostros comunes, pero exaltan su apariencia con cejas tatuadas, cabello negro lacio, y se someten a cirugías estéticas para obtener voluptuosos cuerpos que les ayudan a conseguir una vida de lujos y excesos al precio que sea.

Además, los llamados “narcocorridos” han convertido a estas mujeres en leyenda, pelo planchado, labios con colágeno, cejas delineadas con ropa entallada de marca y cuerpos con cirugías.


EN EL MUNICIPIO DE PARRAL CAEN LAS VENTAS DE BOTAS Y CINTOS DE PIELES EXÓTICAS

Narcos dejan su gusto por las pieles exóticas en su vestimenta, pues durante un sondeo en los diferentes negocios de ventas de botas, señalaron que anteriormente el gusto por las pieles exóticas en su vestimenta era apreciada por los narcos, de igual forma había a quienes les gustaba la narcocultura e imitaban este tipo de vestimentas, llegando a pagar hasta 10 mil pesos, según varios comerciantes de este rubro indicaron que invertían hasta 1,800 pesos hace varios años sólo en la tejana y en las botas hasta 9 mil pesos dependiendo el material; sin embargo, ahora en la actualidad comentan que la tendencia en esa moda ha disminuido debido a que ahora buscan más los zapatos o tenis de marcas estadounidenses.

Por su parte, Roberto Domínguez, encargado de un establecimiento dedicado a la venta de botas, sombreros y artículos hechos de piel, mencionó que en los años 90 existía más la tendencia en el narco de vestir con pieles exóticas como armadillo, avestruz, lagarto, etc. y que además había personas quienes imitaban la narcocultura y que llegaban a invertir hasta 10 mil pesos en su atuendo ya que tenían la facilidad de tener una tejana de cada color, botas de todos los estilos, todas las pieles de todos los colores debido a que anteriormente esa era la cultura de la vestimenta de la narcocultura.

“Tan sólo en tejana llegaban a invertir hasta 1,800 pesos y eso hablando de las marcas más conocidas como Larry Mahan, Roca Hats, entre otros, en cuanto a las botas había quienes pagaban hasta 9 mil pesos en unas de piel de serpiente, en la actualidad manejamos piel de avestruz, la cual es la más cara de nuestro inventario y cuesta 5 mil pesos”.

De igual forma señaló que los tiempos han cambiado, ahora es otra moda la que buscan las personas junior, quienes prefieren otro tipo de mercancía, no con la que se cuenta en el comercio, debido a que suelen buscar más una moda en zapatos o tenis de marcas estadounidenses.

Asimismo, indicó que el problema con la economía también ha disminuido las ventas de estos artículos ya que ahora las únicas personas que suelen comprarles son gente de rancho, por lo que no les conviene comprar pieles exóticas debido al trabajo rudo que se vive en ese rubro.

Señaló que otra de las causas por las cuales no invierten tanto dinero en su vestimenta es porque se han visto afectados económicamente ya que no hay apoyos del Gobierno para la ganadería, lo que genera que las personas estén estancadas en su economía y no se den “lujos”.

“Ya no vendemos casi botas exóticas, vendemos más el tipo de bota para rodeo, las personas que vienen de Estados Unidos son las que más compran ya que es más barato conseguirlas aquí. Los narcos de ahora buscan otro tipo de moda y en este negocio ya no es redituable”, indicó.

En tanto, David Galaviz mencionó que la venta de los artículos ha disminuido debido a que hay demasiada competencia, hay personas que fabrican, personas que aprenden a realizar botas a menor precio, lo que ha generado el cierre de varios comercios de este rubro.

Informó que el aumento al precio del dólar, que por varios años ha ido a la alza, también es otro motivo por el cual se pierden ventas en artículos de piel exótica, ya que conlleva a que las botas, los cintos, las carteras, las chamarras, los sombreros etc. aumenten de precio, por lo que la gente ya no está dispuesta a pagar más por ello, por lo que se ha perdido el interés por traer piel exótica.


LA VESTIMENTA TAMBIÉN ES DEMOSTRACIÓN DE PODERÍO EN CIUDAD JUÁREZ

Con el tiempo, los cárteles de la droga han ido evolucionando en armamento, estrategias y modo de operar, pero al igual que estos cambios, también sus integrantes se han adaptado con el paso de los años a las nuevas modas, en algunos casos más extravagantes y con la intención de mostrar poderío.

En los 90, la vestimenta de uno de estos criminales era de cierta forma sencilla, pero costosa, a la usanza vaquera, como los grandes narcos de aquella época, que venían de familias humildes y criados en ranchos, apartados de la civilización.

Así lo dijo Juan Hernández, que por más de 20 años se ha dedicado a la venta de ropa y artículos de segunda mano, que ofertan en mercados de segunda y la Zona Centro.

Camisa de hilo de oro, cinto "pitiado", texana Resistol, pantalón Guess o Pepe's, así como botas de piel exótica, era parte de la indumentaria de todo vendedor de droga o sicario, lo que los distinguía al momento de llegar a los bares de Ciudad Juárez.

En su cuello no podían faltar las grandes cadenas de oro, con dijes de algún santo protector de narcotraficantes, así como pesadas esclavas, anillos y relojes de marca, ya que mientras más ostentoso luciera, más demostraba su liderazgo.

Sin embargo, estas prendas no eran nada baratas, ya que una buena tejana podía costar de $1,000 a $3,000, la camisa rondaba los $500 y $1,000, mientras que las botas y el cinto podían costar hasta $5,000 o más, dependiendo la piel y la hechura a mano.

Esta moda se mantuvo hasta finales de los 90 y principios de 2000, cuando comenzó a cobrar fuerza la marca Gianni Versace, dando comienzo la vestimenta coordinada con pantalón y camisa de la misma marca, quedando un poco atrás las botas para dar lugar a los zapatos de marca y costosos.

Hoy en día, los botines tácticos, zapatos de marcas como Ferragamo, las camisas Dolce Gabbana y sacos o pantalones de vestir a la medida Hugo Boss, son sólo algunas de las preferencias de los narcojuniors y sicarios.

Lamentablemente en México familias de clase media baja fomentan la apología del narco, lo que ha hecho que desde corta edad gusten de vestirse como los capos de la droga que aparecen en detenciones o videos compartidos en redes, cobrando fuerza en todo el país la llamada “moda del narco”.

La “narcovestimenta” ha sufrido una serie de variaciones con el paso del tiempo, pues desde capos hasta narcomenudistas, y más recientemente millenials que pretenden imitar a personajes de narcoseries, han adoptado estilos de ropa, calzado y accesorios, que para ellos denotan un coto de poder.

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La narcorropa, también llamada narcoestética, es una de las tantas manifestaciones de la moda alterada, cuyo origen en Chihuahua data de los años 70, cuando las botas vaqueras y texanas comenzaron a ser tendencia entre quienes deseaban imitar a esos hombres rudos y temerarios que vivían de la ilegalidad.

El libro “La reina del Sur”, del chihuahuense Ricardo Legarda, muestra la transición en la forma de vestir dentro del crimen organizado, con un recorrido desde las primeras características “vaqueras”, hasta llegar a la era “chic”, en la que principalmente jóvenes, muestran una fascinación por cachuchas con piedras vistosas, pantalón deportivo o casual, y botas tribaleras o quienes desean mayor comodidad, huaraches.

Para los cárteles, la moda se transforma en un arma más para demostrar su poder sobre el resto de personas, al igual que hacen con la violencia y la extorsión.

Tanto las prendas de vestir, como joyas y zapatos, son generalmente una manera de expresar su condición de nuevos ricos, así como glorificar el “negocio” y remarcar su masculinidad.

Dentro o fuera del narcotráfico, quienes siguen esta usanza desean transmitir respetabilidad, distinguiéndose dentro de la sociedad, pues de manera consciente o inconsciente se sienten fuera de la misma, por lo que todo lo que desean transmitir control y manipulación.

Específicamente en el municipio de Parral, el gusto por la narcomoda se mantuvo durante más de 10 años, pues tanto quienes estaban dentro del negocio como los que sólo admiraban este estilo pagaban grandes cantidades para ataviarse como la narcomoda mandaba.

Aunque este estilo alcanzó a hombres de todas las edades, aquellos "admiradores" que oscilaban entre los 18 y 27 años, eran los que más compraban botas de hasta 9 mil pesos.

De lagarto, avestruz o armadillo eran las más vendidas, a lo que se le sumaban una texana de hasta mil 800 pesos, todo esto antes de que la narcomoda "cayera".


DE LOS EXCESOS AL CAMUFLAJE

A la moda setentera, y aún considerada sobria, siguió el look ochentero y excesivo con el que fácilmente se podían relacionar los lujos que representaba la venta y trasiego de droga, con camisas garigoleadas y desabotonadas en vistosos colores, así como una gran cantidad de joyería de oro, como cadenas con medallas de la Virgen de Guadalupe, hasta aquéllas del “patrono de los narcos”, Jesús Malverde o la Santa Muerte.

Esta forma de vestir de la década de los 80 se caracterizó por la ostentosidad que pusieron de moda personajes de cine, dando vida a delincuentes que se convirtieron en auténticos “antihéroes”.

En sus inicios, la “narcomoda” surgió como resultado de la fascinación que hombres de clase media y baja mostraban hacia personajes que gracias al tráfico de droga lograron una forma “cara” de vida.

Posteriormente, en los años 90 y hasta prácticamente el año 2010, la vestimenta alterada ha sufrido una serie de transiciones, pasando por los huaraches sierreños, cinto piteado, pantalón de mezclilla y camisa fajada, moda que se impuso principalmente en la zona serrana de Chihuahua, Sinaloa y Sonora.

Con el nuevo milenio, la narcomoda dejó de ser moda, es decir, se generalizó y expandió a tantos sectores de la sociedad que ya no era tan característica del narcotráfico, explica el investigador José Carlos Hernández Aguilar.

De esta forma, comenzó la llamada moda “fresona” o “chic”, caracterizada también por el uso de joyas, ahora más refinadas, y botas que dejaron de ser vaqueras para convertirse en tribaleras (en colores pastel, con una punta de hasta 90 centímetros en forma curva hacia las rodillas).

Este calzado marcó una era en la moda del narcotráfico, en un inicio se estableció en algunas partes de Estados Unidos de Norteamérica y la zona centro de México, pero pronto se generalizó tanto en el norte, centro como sur del país.

Un elemento característico de la moda pesada han sido las camisas estampadas, tanto con detalles hawaianos, de inspiración tropical o figuras geométricas.

Si en alguna ocasión llegan a vestir un traje, los “pesados” prefieren tonos pastel, cadenas, colgantes con motivos religiosos, relojes Rolex, y lentes de sol estilo piloto con monturas llamativas de prestigiadas marcas, pues para ellos, todo lo que brilla es lo mejor.

En la actualidad, quienes están dentro del negocio de la droga desean pasar desapercibidos, principalmente en el rango de narcomenudistas, se utiliza el pantalón de mezclilla holgado, bolsas cruzadas para hombres o mariconeras, y como calzado botas de trabajo, camisas y playeras tipo Polo desfajadas.

Actualmente, la narcomoda tiene muchos matices, pero hoy se estila más el camuflaje social, que es la vestimenta ordinaria, ya que los mismos capos obligan a sus subordinados a vestirse de una forma discreta, para no llamar la atención y poder tener acceso en todas las esferas sociales.


Y SE SIENTEN LAS NOVIAS DEL NARCO

El narcovestuario no ha sido exclusivo de los hombres, y aunque en las mujeres no ha sufrido tantas variaciones, sí ha sido contundente en los últimos años, cuando las novias de narcos o “buchonas”, empiezan como acompañantes y terminan como vendedoras, espías o traficantes y marcan su estilo propio.

El vestuario de ellas es básicamente todo lo llamativo, desde pronunciados escotes, minifaldas, y jeans ajustados, todo lo que pueda marcar sus curvas.

Vestidos ceñidos y escotados, alhajas llamativas, zapatos de tacón con plataforma, y pantalones tipo leggins.

Así las describe el libro “Jefas del narco”, en el que se muestra que en Chihuahua, Sinaloa y Jalisco, prevalecen los delitos contra la salud y por ende hay más mujeres que igual fungen sólo como acompañantes y consumidoras de drogas, que como narcomenudistas y hasta asesinas.

Generalmente pertenecen a la clase baja o media, tienen rostros comunes, pero exaltan su apariencia con cejas tatuadas, cabello negro lacio, y se someten a cirugías estéticas para obtener voluptuosos cuerpos que les ayudan a conseguir una vida de lujos y excesos al precio que sea.

Además, los llamados “narcocorridos” han convertido a estas mujeres en leyenda, pelo planchado, labios con colágeno, cejas delineadas con ropa entallada de marca y cuerpos con cirugías.


EN EL MUNICIPIO DE PARRAL CAEN LAS VENTAS DE BOTAS Y CINTOS DE PIELES EXÓTICAS

Narcos dejan su gusto por las pieles exóticas en su vestimenta, pues durante un sondeo en los diferentes negocios de ventas de botas, señalaron que anteriormente el gusto por las pieles exóticas en su vestimenta era apreciada por los narcos, de igual forma había a quienes les gustaba la narcocultura e imitaban este tipo de vestimentas, llegando a pagar hasta 10 mil pesos, según varios comerciantes de este rubro indicaron que invertían hasta 1,800 pesos hace varios años sólo en la tejana y en las botas hasta 9 mil pesos dependiendo el material; sin embargo, ahora en la actualidad comentan que la tendencia en esa moda ha disminuido debido a que ahora buscan más los zapatos o tenis de marcas estadounidenses.

Por su parte, Roberto Domínguez, encargado de un establecimiento dedicado a la venta de botas, sombreros y artículos hechos de piel, mencionó que en los años 90 existía más la tendencia en el narco de vestir con pieles exóticas como armadillo, avestruz, lagarto, etc. y que además había personas quienes imitaban la narcocultura y que llegaban a invertir hasta 10 mil pesos en su atuendo ya que tenían la facilidad de tener una tejana de cada color, botas de todos los estilos, todas las pieles de todos los colores debido a que anteriormente esa era la cultura de la vestimenta de la narcocultura.

“Tan sólo en tejana llegaban a invertir hasta 1,800 pesos y eso hablando de las marcas más conocidas como Larry Mahan, Roca Hats, entre otros, en cuanto a las botas había quienes pagaban hasta 9 mil pesos en unas de piel de serpiente, en la actualidad manejamos piel de avestruz, la cual es la más cara de nuestro inventario y cuesta 5 mil pesos”.

De igual forma señaló que los tiempos han cambiado, ahora es otra moda la que buscan las personas junior, quienes prefieren otro tipo de mercancía, no con la que se cuenta en el comercio, debido a que suelen buscar más una moda en zapatos o tenis de marcas estadounidenses.

Asimismo, indicó que el problema con la economía también ha disminuido las ventas de estos artículos ya que ahora las únicas personas que suelen comprarles son gente de rancho, por lo que no les conviene comprar pieles exóticas debido al trabajo rudo que se vive en ese rubro.

Señaló que otra de las causas por las cuales no invierten tanto dinero en su vestimenta es porque se han visto afectados económicamente ya que no hay apoyos del Gobierno para la ganadería, lo que genera que las personas estén estancadas en su economía y no se den “lujos”.

“Ya no vendemos casi botas exóticas, vendemos más el tipo de bota para rodeo, las personas que vienen de Estados Unidos son las que más compran ya que es más barato conseguirlas aquí. Los narcos de ahora buscan otro tipo de moda y en este negocio ya no es redituable”, indicó.

En tanto, David Galaviz mencionó que la venta de los artículos ha disminuido debido a que hay demasiada competencia, hay personas que fabrican, personas que aprenden a realizar botas a menor precio, lo que ha generado el cierre de varios comercios de este rubro.

Informó que el aumento al precio del dólar, que por varios años ha ido a la alza, también es otro motivo por el cual se pierden ventas en artículos de piel exótica, ya que conlleva a que las botas, los cintos, las carteras, las chamarras, los sombreros etc. aumenten de precio, por lo que la gente ya no está dispuesta a pagar más por ello, por lo que se ha perdido el interés por traer piel exótica.


LA VESTIMENTA TAMBIÉN ES DEMOSTRACIÓN DE PODERÍO EN CIUDAD JUÁREZ

Con el tiempo, los cárteles de la droga han ido evolucionando en armamento, estrategias y modo de operar, pero al igual que estos cambios, también sus integrantes se han adaptado con el paso de los años a las nuevas modas, en algunos casos más extravagantes y con la intención de mostrar poderío.

En los 90, la vestimenta de uno de estos criminales era de cierta forma sencilla, pero costosa, a la usanza vaquera, como los grandes narcos de aquella época, que venían de familias humildes y criados en ranchos, apartados de la civilización.

Así lo dijo Juan Hernández, que por más de 20 años se ha dedicado a la venta de ropa y artículos de segunda mano, que ofertan en mercados de segunda y la Zona Centro.

Camisa de hilo de oro, cinto "pitiado", texana Resistol, pantalón Guess o Pepe's, así como botas de piel exótica, era parte de la indumentaria de todo vendedor de droga o sicario, lo que los distinguía al momento de llegar a los bares de Ciudad Juárez.

En su cuello no podían faltar las grandes cadenas de oro, con dijes de algún santo protector de narcotraficantes, así como pesadas esclavas, anillos y relojes de marca, ya que mientras más ostentoso luciera, más demostraba su liderazgo.

Sin embargo, estas prendas no eran nada baratas, ya que una buena tejana podía costar de $1,000 a $3,000, la camisa rondaba los $500 y $1,000, mientras que las botas y el cinto podían costar hasta $5,000 o más, dependiendo la piel y la hechura a mano.

Esta moda se mantuvo hasta finales de los 90 y principios de 2000, cuando comenzó a cobrar fuerza la marca Gianni Versace, dando comienzo la vestimenta coordinada con pantalón y camisa de la misma marca, quedando un poco atrás las botas para dar lugar a los zapatos de marca y costosos.

Hoy en día, los botines tácticos, zapatos de marcas como Ferragamo, las camisas Dolce Gabbana y sacos o pantalones de vestir a la medida Hugo Boss, son sólo algunas de las preferencias de los narcojuniors y sicarios.

Lamentablemente en México familias de clase media baja fomentan la apología del narco, lo que ha hecho que desde corta edad gusten de vestirse como los capos de la droga que aparecen en detenciones o videos compartidos en redes, cobrando fuerza en todo el país la llamada “moda del narco”.

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