/ lunes 1 de abril de 2024

Cicatrices de violencia: Santa Anita y el conflicto que marcó a la Sierra Tarahumara

Durante junio del año pasado, grupos delictivos antagonistas se enfrentaron en el templo de dicha comunidad de Guachochi, dejando orificios causados por 700 disparos

Los Reyes” y “El Chapo Calín”, los dos grupos criminales que desde hace dos años se han disputado el control del territorio en el municipio de Guachochi dejaron el vestigio de una de sus batallas en la iglesia de la comunidad de Santa Anita, donde quedaron los orificios y casquillos de 700 disparos en junio del año pasado. Hoy, el templo está prácticamente restaurado y se aprovechó para ampliar la construcción, ya que albergará a monjas misioneras que se asentarán ahí, pues para el párroco Enrique Urzúa está claro que se requiere hacer más labor de reconciliación social, ya que si bien esas células delictivas se eliminaron entre sí, otros toman su lugar y los pobladores aprovechan para reconstruir ese sitio que también es su trinchera en un lugar donde se respira el miedo y desde el cual, el propio sacerdote ha hecho varios llamados de auxilio, cuando otra balacera en la cabecera municipal –a 50 kilómetros de Santa Anita— obligó a cerrar todos los negocios y suspender clases en octubre de 2022 y cuando Urzúa reclamó a las autoridades en menos de dos semanas –entre febrero y marzo del año pasado— estar velando a un menor de 14 años que participó en un enfrentamiento y al enfermero Adriel Anselmo Leyva de 23 años y su padre Anselmo Leyva de 56 años, asesinados en las letras monumentales de la ciudad de Guachochi.

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En lo más profundo de la Sierra Tarahumara, en el municipio de Guachochi que se encuentra a cinco horas de la capital del estado se ubica la comunidad de Santa Anita, aquella que en junio del año pasado llamó la atención de propios y extraños, pues la imagen de su templo con más de 700 impactos de arma de fuego en su fachada, así como un vehículo calcinado al exterior del mismo y un cuerpo decapitado le dio la vuelta al mundo.

La pugna entre dos grupos antagónicos pertenecientes a un mismo cártel del crimen organizado desató en aquella ocasión el hecho que sacudió a la zona de Santa Anita que es el epicentro de decenas de comunidades aledañas ya que funciona como punto de encuentro y lugar del que se abastecen de alimentos.

La pugna por el territorio

Datos de inteligencia de la Fiscalía General del Estado ubicaron al grupo de "Los Reyes" liderado por Reyes C. G. en disputa constante contra otra fracción dirigida por Melquiades Díaz Mesa, alias "El Chapo" "Calín" o "El 13", ambos afines al Cártel de Sinaloa y compadres, sin embargo, una ruptura entre ellos llevó a que en la región serrana se suscitaran constantes enfrentamientos.

Con información del panorama delictivo de la FGE al cual El Sol de Parral tuvo acceso, se pudo confirmar que "El Chapo Calín" originario de Batopilas y nacido el 14 de abril de 1974, era líder de una célula criminal, pero una emboscada planeada por el grupo antagónico el 28 de junio del 2023 lo llevó a perder la vida ya que incluso la camioneta en la que viajaba fue calcinada junto con su cuerpo.

Tiempo atrás "El Chapo Calín" además de ser su compadre fungía como jefe de Reyes C. G., segundo al mando y su mano derecha, el cual tenía una célula delictiva conformada por al menos 30 personas.

Una ruptura entre ellos derivó que en el municipio de Guachochi y algunas comunidades de la zona ocurrieran numerosos enfrentamientos que dejaron al menos 15 fallecidos, así como detenidos por la Base de Operaciones Interinstitucional conformadas por la Secretaría de la Defensa Nacional, Guardia Nacional, Fiscalía General del Estado y la Secretaría de Seguridad Pública Estatal.

Foto: Archivo / OEM

Santa Anita 270 días después

Uno de esos lugares que sufrió las consecuencias del rompimiento fue Santa Anita, una comunidad a 50 kilómetros de la cabecera municipal y que para llegar hasta este punto hay que atravesar caminos muy escabrosos lo que hace que el viaje se prolongue por casi una hora con 30 minutos partiendo de Guachochi, municipio recién nombrado “Pueblo Mágico”.

Este hecho sembró el pánico en la comunidad, los pobladores mestizos tuvieron que salir y los indígenas se quedaron en la zona. Ante ello, el párroco de la Catedral de Guachochi, Enrique Urzúa al conocer la situación decidió trasladarse al lugar, pues su mayor preocupación eran los integrantes de los pueblos originarios quienes no pudieron salir y se encontraban sin alimentos luego de que los mestizos cerraron sus negocios y huyeron del pueblo.

Cerca de 270 días después, el sacerdote se convirtió en el único “medio” para llegar hasta este lugar enclavado en serranía a 50 kilómetros de la cabecera municipal conduciendo por caminos de terracería y en los cuales se respira aún el temor reflejado en el silencio de sus pobladores quienes todavía evitan pronunciarse al respecto de este acontecimiento.

Partiendo desde la Catedral en la ciudad episcopal, el padre Urzúa abordó la camioneta junto con las hermanas religiosas Sanjuanita y Luli, quienes fueron encomendadas a la misión en el templo de Santa Anita y deben conocer el camino y las condiciones del lugar que tendrán como parte de su labor en la evangelización.

El camino es de aproximadamente una hora y media según confirmó el padre, pues aunque sean 50 kilómetros de la cabecera a la zona, los caminos dificultosos hacen que el viaje sea más prolongado, aunque por las condiciones tanto territoriales como de seguridad, el sacerdote se convierte en el único “medio” para llegar.

Foto: Isaac Molina / El Sol de Parral

Mientras se avanzó en la ruta, Urzúa recordó aquel hecho como si fuese ayer, dijo que fueron momentos muy complicados tanto para él como para los pobladores ya que en sus 19 años de labor que tiene en la Sierra Tarahumara este fue uno de los más difíciles.

El trayecto es largo, los brincos de la camioneta se multiplicaron por las condiciones del territorio, las monjas le cuestionaron al sacerdote si el camino en tiempo de lluvias se vuelve intransitable, puesto que tienen que conocer las fechas en que van a poder salir para abastecerse de alimentos o algún otro encargo.

Luego de explicarles los tiempos para los caminos y sus condiciones, el padre Enrique es cuestionado respecto a si en aquella ocasión luego de ser baleado el templo de Santa Anita y viajar de manera inmediata al lugar sintió temor, ante ello refirió que desde luego sí, porque también es un ser humano como todos, pero hubo algo más importante que lo llevó hasta el lugar, los hermanos indígenas y mestizos de quienes hasta ese momento desconocía cómo se encontraban.

Recordó con mucha nostalgia que cuando llegó a la comunidad encontró a tres niños que llevaban más de tres días sin comer, entre ellos un bebé, ya que sus padres salieron a Guachochi y ya no pudieron regresar ante las condiciones, por lo que decidió llevarlos hasta la cabecera.

También puedes leer: Soy pastor de todos, incluidos quienes lastiman la vida: Padre Urzúa

Dijo que en aquella ocasión lo único que se respiraba era temor, nadie hablaba y las tiendas se encontraban totalmente cerradas, por lo que los indígenas no podían proveerse de alimentos lo que hacía más dificultoso el hecho, por esta razón indicó que hizo un llamado urgente a las autoridades y a los habitantes del municipio para que donaran víveres.

Foto: Isaac Molina / El Sol de Parral

Mientras explicó cómo se compone el lugar y que es epicentro de varias comunidades que se encuentran alrededor, el padre señaló que después de ocurridos los hechos acudió personal del Gobierno del Estado de Chihuahua a través sus secretarías como la de Pueblos Indígenas, Desarrollo Humano y Bien Común y desde luego la de Seguridad Pública Estatal con sus respectivos titulares de las dependencias.

A ellos les pidió solamente una cuestión, que de tener alguna intervención con vigilancia o apoyos de víveres arribaran hasta el lugar vía terrestre y no aérea, esto para que conocieran cómo es llegar al punto y las dificultades a las que se enfrentan de manera diaria los pobladores tanto mestizos como indígenas.

Ante la aproximación al lugar, el sacerdote recordó otro hecho que conmovió a la población, la muerte del enfermero Adriel Anselmo Leyva de 23 años y su padre Anselmo Leyva de 56 años, ellos originarios de la comunidad de Santa Anita y que al ser privados de la libertad sus cuerpos fueron abandonados en las letras de la entrada a Guachochi.

Fue cuestionado respecto a los llamados y las cartas que en repetidas ocasiones emitió ante el grito desesperado de auxilio por los hechos de violencia que azotaba al municipio de Guachochi, de lo que dijo sí tener miedo de las represalias, pero reconoce que su misión es ser el portavoz del sentir de la población, la cual, lo único que quiere es paz y tranquilidad en un lugar tan privilegiado como lo es la Sierra Tarahumara.

Te puede interesar: Ataque no fue contra iglesia; se trató de persecución entre delincuentes: Fiscal

Después de aproximadamente 90 minutos de viaje, se arribó al lugar, ahora el templo luce totalmente diferente, su fachada ha cambiado de color y se está ampliando con la construcción de unos cuartos en la parte trasera los cuales servirán para albergar a un sacerdote y las dos hermanas, pero también se contempla un memorial en el que se colocarán las imágenes religiosas que fueron baleadas.

Foto: Isaac Molina / El Sol de Parral

En el lugar al menos 50 indígenas se encontraban congregados, el sacerdote y las hermanas misioneras fueron recibidos por la gobernadora indígena del lugar que lleva por nombre Candelaria, gustosa recibió al grupo y de manera inmediata les informó de los avances que se llevan en el templo, pues apenas con 15 días de trabajo y por intervención del Gobierno del Estado la infraestructura ya muestra otra imagen. Se adentraron a la iglesia, aun con vestigios y la clara evidencia de lo que aquel día aconteció al tener disparos de arma de fuego algunos ventanales y las paredes “parchadas”.

Según la versión que se manejó fue que en el lugar, al encontrarse una escuela y al contar con internet, los miembros del crimen organizado estaban al exterior del templo usando sus celulares, sin embargo al percatarse de la presencia de otro grupo criminal el primer lugar al que acudieron a refugiarse fue hacia el templo.

Al descender de sus vehículos, el grupo comenzó a realizar disparos a la fachada ya que ellos suponían que sus enemigos se encontraban al interior, sin embargo, el templo cuenta con una salida trasera por donde estos escaparon, por lo que al ingresar el grupo contrario y percatarse que ya no estaban descargaron su ira contra toda imagen religiosa y sus paredes.

Posteriormente procedieron a incendiar la camioneta que se encontraba al exterior del templo y que dejaron los miembros del crimen organizado, además de abandonar el cuerpo de Claudio González Cruz, un joven de 21 años originario de la misma comunidad quien fue decapitado y a quien su madre vio después de dos años de no saber de él puesto que se había ido a la pizca de la manzana y ya jamás supo de su paradero.

Puedes leer: Identifica madre a decapitado en Guachochi; pide ayuda para reclamar cuerpo

Luego de presentar el padre a las hermanas misioneras, decidió recorrer la comunidad habitada en su mayoría por indígenas y quienes como principal fuente de ingreso dependen del programa federal “Sembrando Vida” y de no haber siembra por algún u otro factor, son asignados a la reparación de los caminos vecinales.

Foto: Isaac Molina / El Sol de Parral

Aún se respira el silencio, los mestizos poco a poco han ido regresando al lugar con la incertidumbre de lo que pueda suceder en cualquier momento, ello impide que hablen mucho de la situación que se vive en la zona, además no quieren recordar el hecho ya que les trae malos recuerdos, pero sobre todo hay un temor fuerte.

El padre Enrique Urzúa dijo sentirse alegre por el avance que lleva la iglesia en su reconstrucción, indicando además que muy seguramente la gobernadora del estado María Eugenia Campos Galván acudirá a realizar la entrega total del inmueble religioso.

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Pero también con un buen sentimiento ante la determinación del obispo de la Diócesis de la Tarahumara, Juan Manuel González quien tomó la decisión de mandar a un sacerdote y dos monjas, pues para él está claro que se requiere hacer más labor de reconciliación social, ya que, si bien esas células delictivas se eliminaron entre sí, otros toman su lugar mientras que los pobladores aprovechan para reconstruir ese sitio que es punto de encuentro para indígenas y mestizos.

Los Reyes” y “El Chapo Calín”, los dos grupos criminales que desde hace dos años se han disputado el control del territorio en el municipio de Guachochi dejaron el vestigio de una de sus batallas en la iglesia de la comunidad de Santa Anita, donde quedaron los orificios y casquillos de 700 disparos en junio del año pasado. Hoy, el templo está prácticamente restaurado y se aprovechó para ampliar la construcción, ya que albergará a monjas misioneras que se asentarán ahí, pues para el párroco Enrique Urzúa está claro que se requiere hacer más labor de reconciliación social, ya que si bien esas células delictivas se eliminaron entre sí, otros toman su lugar y los pobladores aprovechan para reconstruir ese sitio que también es su trinchera en un lugar donde se respira el miedo y desde el cual, el propio sacerdote ha hecho varios llamados de auxilio, cuando otra balacera en la cabecera municipal –a 50 kilómetros de Santa Anita— obligó a cerrar todos los negocios y suspender clases en octubre de 2022 y cuando Urzúa reclamó a las autoridades en menos de dos semanas –entre febrero y marzo del año pasado— estar velando a un menor de 14 años que participó en un enfrentamiento y al enfermero Adriel Anselmo Leyva de 23 años y su padre Anselmo Leyva de 56 años, asesinados en las letras monumentales de la ciudad de Guachochi.

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En lo más profundo de la Sierra Tarahumara, en el municipio de Guachochi que se encuentra a cinco horas de la capital del estado se ubica la comunidad de Santa Anita, aquella que en junio del año pasado llamó la atención de propios y extraños, pues la imagen de su templo con más de 700 impactos de arma de fuego en su fachada, así como un vehículo calcinado al exterior del mismo y un cuerpo decapitado le dio la vuelta al mundo.

La pugna entre dos grupos antagónicos pertenecientes a un mismo cártel del crimen organizado desató en aquella ocasión el hecho que sacudió a la zona de Santa Anita que es el epicentro de decenas de comunidades aledañas ya que funciona como punto de encuentro y lugar del que se abastecen de alimentos.

La pugna por el territorio

Datos de inteligencia de la Fiscalía General del Estado ubicaron al grupo de "Los Reyes" liderado por Reyes C. G. en disputa constante contra otra fracción dirigida por Melquiades Díaz Mesa, alias "El Chapo" "Calín" o "El 13", ambos afines al Cártel de Sinaloa y compadres, sin embargo, una ruptura entre ellos llevó a que en la región serrana se suscitaran constantes enfrentamientos.

Con información del panorama delictivo de la FGE al cual El Sol de Parral tuvo acceso, se pudo confirmar que "El Chapo Calín" originario de Batopilas y nacido el 14 de abril de 1974, era líder de una célula criminal, pero una emboscada planeada por el grupo antagónico el 28 de junio del 2023 lo llevó a perder la vida ya que incluso la camioneta en la que viajaba fue calcinada junto con su cuerpo.

Tiempo atrás "El Chapo Calín" además de ser su compadre fungía como jefe de Reyes C. G., segundo al mando y su mano derecha, el cual tenía una célula delictiva conformada por al menos 30 personas.

Una ruptura entre ellos derivó que en el municipio de Guachochi y algunas comunidades de la zona ocurrieran numerosos enfrentamientos que dejaron al menos 15 fallecidos, así como detenidos por la Base de Operaciones Interinstitucional conformadas por la Secretaría de la Defensa Nacional, Guardia Nacional, Fiscalía General del Estado y la Secretaría de Seguridad Pública Estatal.

Foto: Archivo / OEM

Santa Anita 270 días después

Uno de esos lugares que sufrió las consecuencias del rompimiento fue Santa Anita, una comunidad a 50 kilómetros de la cabecera municipal y que para llegar hasta este punto hay que atravesar caminos muy escabrosos lo que hace que el viaje se prolongue por casi una hora con 30 minutos partiendo de Guachochi, municipio recién nombrado “Pueblo Mágico”.

Este hecho sembró el pánico en la comunidad, los pobladores mestizos tuvieron que salir y los indígenas se quedaron en la zona. Ante ello, el párroco de la Catedral de Guachochi, Enrique Urzúa al conocer la situación decidió trasladarse al lugar, pues su mayor preocupación eran los integrantes de los pueblos originarios quienes no pudieron salir y se encontraban sin alimentos luego de que los mestizos cerraron sus negocios y huyeron del pueblo.

Cerca de 270 días después, el sacerdote se convirtió en el único “medio” para llegar hasta este lugar enclavado en serranía a 50 kilómetros de la cabecera municipal conduciendo por caminos de terracería y en los cuales se respira aún el temor reflejado en el silencio de sus pobladores quienes todavía evitan pronunciarse al respecto de este acontecimiento.

Partiendo desde la Catedral en la ciudad episcopal, el padre Urzúa abordó la camioneta junto con las hermanas religiosas Sanjuanita y Luli, quienes fueron encomendadas a la misión en el templo de Santa Anita y deben conocer el camino y las condiciones del lugar que tendrán como parte de su labor en la evangelización.

El camino es de aproximadamente una hora y media según confirmó el padre, pues aunque sean 50 kilómetros de la cabecera a la zona, los caminos dificultosos hacen que el viaje sea más prolongado, aunque por las condiciones tanto territoriales como de seguridad, el sacerdote se convierte en el único “medio” para llegar.

Foto: Isaac Molina / El Sol de Parral

Mientras se avanzó en la ruta, Urzúa recordó aquel hecho como si fuese ayer, dijo que fueron momentos muy complicados tanto para él como para los pobladores ya que en sus 19 años de labor que tiene en la Sierra Tarahumara este fue uno de los más difíciles.

El trayecto es largo, los brincos de la camioneta se multiplicaron por las condiciones del territorio, las monjas le cuestionaron al sacerdote si el camino en tiempo de lluvias se vuelve intransitable, puesto que tienen que conocer las fechas en que van a poder salir para abastecerse de alimentos o algún otro encargo.

Luego de explicarles los tiempos para los caminos y sus condiciones, el padre Enrique es cuestionado respecto a si en aquella ocasión luego de ser baleado el templo de Santa Anita y viajar de manera inmediata al lugar sintió temor, ante ello refirió que desde luego sí, porque también es un ser humano como todos, pero hubo algo más importante que lo llevó hasta el lugar, los hermanos indígenas y mestizos de quienes hasta ese momento desconocía cómo se encontraban.

Recordó con mucha nostalgia que cuando llegó a la comunidad encontró a tres niños que llevaban más de tres días sin comer, entre ellos un bebé, ya que sus padres salieron a Guachochi y ya no pudieron regresar ante las condiciones, por lo que decidió llevarlos hasta la cabecera.

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Dijo que en aquella ocasión lo único que se respiraba era temor, nadie hablaba y las tiendas se encontraban totalmente cerradas, por lo que los indígenas no podían proveerse de alimentos lo que hacía más dificultoso el hecho, por esta razón indicó que hizo un llamado urgente a las autoridades y a los habitantes del municipio para que donaran víveres.

Foto: Isaac Molina / El Sol de Parral

Mientras explicó cómo se compone el lugar y que es epicentro de varias comunidades que se encuentran alrededor, el padre señaló que después de ocurridos los hechos acudió personal del Gobierno del Estado de Chihuahua a través sus secretarías como la de Pueblos Indígenas, Desarrollo Humano y Bien Común y desde luego la de Seguridad Pública Estatal con sus respectivos titulares de las dependencias.

A ellos les pidió solamente una cuestión, que de tener alguna intervención con vigilancia o apoyos de víveres arribaran hasta el lugar vía terrestre y no aérea, esto para que conocieran cómo es llegar al punto y las dificultades a las que se enfrentan de manera diaria los pobladores tanto mestizos como indígenas.

Ante la aproximación al lugar, el sacerdote recordó otro hecho que conmovió a la población, la muerte del enfermero Adriel Anselmo Leyva de 23 años y su padre Anselmo Leyva de 56 años, ellos originarios de la comunidad de Santa Anita y que al ser privados de la libertad sus cuerpos fueron abandonados en las letras de la entrada a Guachochi.

Fue cuestionado respecto a los llamados y las cartas que en repetidas ocasiones emitió ante el grito desesperado de auxilio por los hechos de violencia que azotaba al municipio de Guachochi, de lo que dijo sí tener miedo de las represalias, pero reconoce que su misión es ser el portavoz del sentir de la población, la cual, lo único que quiere es paz y tranquilidad en un lugar tan privilegiado como lo es la Sierra Tarahumara.

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Después de aproximadamente 90 minutos de viaje, se arribó al lugar, ahora el templo luce totalmente diferente, su fachada ha cambiado de color y se está ampliando con la construcción de unos cuartos en la parte trasera los cuales servirán para albergar a un sacerdote y las dos hermanas, pero también se contempla un memorial en el que se colocarán las imágenes religiosas que fueron baleadas.

Foto: Isaac Molina / El Sol de Parral

En el lugar al menos 50 indígenas se encontraban congregados, el sacerdote y las hermanas misioneras fueron recibidos por la gobernadora indígena del lugar que lleva por nombre Candelaria, gustosa recibió al grupo y de manera inmediata les informó de los avances que se llevan en el templo, pues apenas con 15 días de trabajo y por intervención del Gobierno del Estado la infraestructura ya muestra otra imagen. Se adentraron a la iglesia, aun con vestigios y la clara evidencia de lo que aquel día aconteció al tener disparos de arma de fuego algunos ventanales y las paredes “parchadas”.

Según la versión que se manejó fue que en el lugar, al encontrarse una escuela y al contar con internet, los miembros del crimen organizado estaban al exterior del templo usando sus celulares, sin embargo al percatarse de la presencia de otro grupo criminal el primer lugar al que acudieron a refugiarse fue hacia el templo.

Al descender de sus vehículos, el grupo comenzó a realizar disparos a la fachada ya que ellos suponían que sus enemigos se encontraban al interior, sin embargo, el templo cuenta con una salida trasera por donde estos escaparon, por lo que al ingresar el grupo contrario y percatarse que ya no estaban descargaron su ira contra toda imagen religiosa y sus paredes.

Posteriormente procedieron a incendiar la camioneta que se encontraba al exterior del templo y que dejaron los miembros del crimen organizado, además de abandonar el cuerpo de Claudio González Cruz, un joven de 21 años originario de la misma comunidad quien fue decapitado y a quien su madre vio después de dos años de no saber de él puesto que se había ido a la pizca de la manzana y ya jamás supo de su paradero.

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Luego de presentar el padre a las hermanas misioneras, decidió recorrer la comunidad habitada en su mayoría por indígenas y quienes como principal fuente de ingreso dependen del programa federal “Sembrando Vida” y de no haber siembra por algún u otro factor, son asignados a la reparación de los caminos vecinales.

Foto: Isaac Molina / El Sol de Parral

Aún se respira el silencio, los mestizos poco a poco han ido regresando al lugar con la incertidumbre de lo que pueda suceder en cualquier momento, ello impide que hablen mucho de la situación que se vive en la zona, además no quieren recordar el hecho ya que les trae malos recuerdos, pero sobre todo hay un temor fuerte.

El padre Enrique Urzúa dijo sentirse alegre por el avance que lleva la iglesia en su reconstrucción, indicando además que muy seguramente la gobernadora del estado María Eugenia Campos Galván acudirá a realizar la entrega total del inmueble religioso.

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Pero también con un buen sentimiento ante la determinación del obispo de la Diócesis de la Tarahumara, Juan Manuel González quien tomó la decisión de mandar a un sacerdote y dos monjas, pues para él está claro que se requiere hacer más labor de reconciliación social, ya que, si bien esas células delictivas se eliminaron entre sí, otros toman su lugar mientras que los pobladores aprovechan para reconstruir ese sitio que es punto de encuentro para indígenas y mestizos.

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