El sueño de un regalo para tres hermanitos

Con esfuerzos, la familia sale adelante en este mundo llenos de carencias

Mariano Rubio | El Sol de Parral

  · domingo 8 de diciembre de 2019

Foto Mariano Rubio | El Sol de Parral

Se acerca la Nochebuena. En la mayoría de los hogares se reunirán las familias al calor fraterno. Y en el fogón se cocinará la cena. El ritual de los regalos seguirá como cada año. Son los niños, quienes con toda la ilusión, los abrirán.

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Para Jesús, Guadalupe y José quizá sea la última Navidad en la que puedan tener un juguete o regalo que ellos quieran, pues de 13, 12 y 10 años no esperan más que una cena; no porque no lo deseen, más bien porque las carencias no lo permiten.

La tercia de hermanos vive junto a sus padres en un terreno de la colonia San José, hasta colindar con los cerros. En tres cuartos de madera que, con esfuerzos, el hombre de la casa ha logrado construir desde que les regalaron el predio.

La madre, pese a su enfermedad que no le permite hacer muchos esfuerzos, ayuda lavando y planchando ajeno. Tiene la firme convicción que, mientras sus pequeños sigan sus estudios, todo será mejor.

Los papás trabajan: ella, lava y plancha ajeno, aunque se encuentre enferma; él, es una persona que labora para un negocio de pasturas. En su casa no falta qué comer. Pero su historia va más allá de la pobreza, siendo víctimas de una injusticia en anteriores administraciones, pues fueron despojados de donde vivían. Y por fortuna les donaron un terreno, el cual con duras penas están cimentando.

Foto Mariano Rubio | El Sol de Parral

Los cuartos fueron levantados por el hombre de la casa cimentada con lámina y madera, pues no han podido pagar la obra para construir al menos un cuarto, esperanzados con la promesa del presidente Alfredo Lozoya, quien les dijo allá por 2016 que él se comprometía al menos a levantarles un cuarto.

El mayor de los hermanos, José Enrique, tiene calificaciones de 10 en la telesecundaria del albergue San Andrés y aunque parezca estar cercana al sector donde habita, tiene que recorrer varios metros a pie para cruzar la Vía Corta.

Todo esto no es impedimento para que José deje de tener un buen desempeño en la escuela; también trabaja por las tardes en una veterinaria. José tiene que trabajar para ayudar a su papá.

Quiere ser veterinario: ayudar a los animales, oficio que ya está conociendo desde pequeño. Y su sueño para esta Navidad es tener una computadora que le permita mejorar las tareas y trabajos; y para poder conocer más de lo que anhela ser al crecer.

Los tres caminan para llegar todos los días a clases, pero para el mayor se ha puesto difícil, pues tiene que tomar el camión para ir al trabajo que, aunque no está tan lejos, no puede ir caminando. Muchas veces no es que se pase el transporte, es que no se alcanza para el pasaje.

Su hermana, Guadalupe Elizabeth, de 12 años, cursa en el mismo plantel comunitario. Dice no estar tan bien en sus calificaciones pero le echa ganas. Así lo afirma y sueña con tener un empleo digno al crecer. Como muchas niñas de su edad, sueña con que Santa le regale una tableta electrónica, la cual podrá usar para sus tareas.

Enseguida de la telesecundaria está la primaria; ahí estudia el menor Jesús, de 10 años, en sexto grado; él los espera al salir de clase para regresar a casa.

Al preguntarle qué quiere de regalo, con una expresión de timidez no decía nada. Callaba… ¿Quieres un juguete? ¿Te gustan los carros a control remoto? Fue así cuando Jesús Iván, de 10 años, logró subir la mirada con ese brillo que tienen los niños al prometérseles un juguete, contestando: “sí, me gustaría que fuera de control remoto”.

Al preguntarle a Jesusito ¿qué quieres ser de grande, campeón? Sin dejar tiempo, ni siquiera unos segundos que le dieran pauta para inventarse su respuesta, contestó contundente: quiero ser bombero.

Para la cena añadió la mamá que harán tamales. Y “si Dios lo permite”, frase que usó para contestar, aseguró que comprarían un pollo, pues su cocina es una parrilla, la cual conecta a una “marranita” de gas.

Pese a las carencias, aún existen familias que con esfuerzo y sacrificio buscan la manera de pasar una Nochebuena, y si falta la calefacción, es en estas viviendas de material vulnerable donde el calor humano es más fuerte que la leña ardiendo…

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