/ miércoles 21 de junio de 2023

Sobremesa | El violín de Paganini

Se cuenta que en cierta ocasión, Nicoló Paganini, considerado uno de los más grandes violinistas de todos los tiempos se disponía a actuar ante un numeroso y entregado público, cuando comprobó con consternación que el violín que tenía en las manos no era el suyo. En ese momento, según explicó después, se sintió angustiado y comprendió que debía iniciar el concierto de todas maneras y así lo hizo. Las crónicas relatan que fue una de sus mejores interpretaciones. Una vez finalizada su actuación, Paganini comentó a uno de sus compañeros de orquesta: -Hoy he aprendido la lección más importante de toda mi carrera. Hasta hace escasos momentos creí que la música estaba en el violín, pero me he dado cuenta de que la música está en mí y que el violín solo es el instrumento por el cual mis melodías llegan a los demás.

Paganini, comprendió que el violín es un medio, un instrumento del cual se valía para poder interpretar. La magia que él creaba al tocar el violín, residia en su corazón, en sus manos, en su ser. Bueno, Paganini, era un músico…resulta que cada uno de nosotros nació con determinados dones: bailar, cocinar, enseñar, escribir, platicar… Sin embargo, conforme pasa el tiempo se quedan un poco dormidos, y si lo permitimos se quedan en hibernación durante mucho tiempo, en otras ocasiones son cultivados desde temprana edad; pero lo interesante del caso es que en no pocas ocasiones consideramos más importante el instrumento que el don.

Atribuimos nuestro valor, a un par de zapatos, al auto que conducimos, a la ropa que vestimos, al título que ostentamos, al cheque que percibimos, y pues aunque todo ello nos facilita la vida y nos la hace mucho más placentera, esos son solo instrumentos, como en el caso de Paganini que hasta el momento en que se percató de que el violín que tenía en su poder no era el suyo, y decidió aventurarse, enfrentándose y no solo al público, sino a la creencia de que su interpretación dependía del instrumento y no de su valía personal, de su virtuosidad como músico. La cual, quedó manifestada en la presentación de esa noche.

No cabe duda, de que la vida nos da lecciones y cada día nos reta a encontrar nuestros dones, al interior de nuestro ser, en la esencia misma de lo que somos, olvidándonos de las posesiones y propiedades, que si bien robustecen nuestro patrimonio, hay otros elementos que nos proveen de más riqueza que lo material, y es que en este mundo de tanta apariencia y superficialidad, olvidamos que en el interior de cada ser humano hay un obsequio, un regalo; esa dádiva la entrega el creador a cada uno de nosotros, durante nuestra vida la administramos, al concluir nuestro viaje por esta tierra, se nos pedirá cuenta si cultivamos nuestra esencia, o solo engrosamos nuestra lista de riquezas materiales.

El cifrar nuestras esperanzas en el violín, y no en la fuerza de nuestros corazones palpitantes por hacer música, tocar melodías en nuestra existencia, con los seres que nos rodean, en el ambiente en el que nos desarrollamos, el escenario carece de importancia cuando la música que brota desde el interior es poderosa, el talento es mucho más importante que el instrumento.

Ana Verónica Torres Licón

torres_anav@hotmail.com


Se cuenta que en cierta ocasión, Nicoló Paganini, considerado uno de los más grandes violinistas de todos los tiempos se disponía a actuar ante un numeroso y entregado público, cuando comprobó con consternación que el violín que tenía en las manos no era el suyo. En ese momento, según explicó después, se sintió angustiado y comprendió que debía iniciar el concierto de todas maneras y así lo hizo. Las crónicas relatan que fue una de sus mejores interpretaciones. Una vez finalizada su actuación, Paganini comentó a uno de sus compañeros de orquesta: -Hoy he aprendido la lección más importante de toda mi carrera. Hasta hace escasos momentos creí que la música estaba en el violín, pero me he dado cuenta de que la música está en mí y que el violín solo es el instrumento por el cual mis melodías llegan a los demás.

Paganini, comprendió que el violín es un medio, un instrumento del cual se valía para poder interpretar. La magia que él creaba al tocar el violín, residia en su corazón, en sus manos, en su ser. Bueno, Paganini, era un músico…resulta que cada uno de nosotros nació con determinados dones: bailar, cocinar, enseñar, escribir, platicar… Sin embargo, conforme pasa el tiempo se quedan un poco dormidos, y si lo permitimos se quedan en hibernación durante mucho tiempo, en otras ocasiones son cultivados desde temprana edad; pero lo interesante del caso es que en no pocas ocasiones consideramos más importante el instrumento que el don.

Atribuimos nuestro valor, a un par de zapatos, al auto que conducimos, a la ropa que vestimos, al título que ostentamos, al cheque que percibimos, y pues aunque todo ello nos facilita la vida y nos la hace mucho más placentera, esos son solo instrumentos, como en el caso de Paganini que hasta el momento en que se percató de que el violín que tenía en su poder no era el suyo, y decidió aventurarse, enfrentándose y no solo al público, sino a la creencia de que su interpretación dependía del instrumento y no de su valía personal, de su virtuosidad como músico. La cual, quedó manifestada en la presentación de esa noche.

No cabe duda, de que la vida nos da lecciones y cada día nos reta a encontrar nuestros dones, al interior de nuestro ser, en la esencia misma de lo que somos, olvidándonos de las posesiones y propiedades, que si bien robustecen nuestro patrimonio, hay otros elementos que nos proveen de más riqueza que lo material, y es que en este mundo de tanta apariencia y superficialidad, olvidamos que en el interior de cada ser humano hay un obsequio, un regalo; esa dádiva la entrega el creador a cada uno de nosotros, durante nuestra vida la administramos, al concluir nuestro viaje por esta tierra, se nos pedirá cuenta si cultivamos nuestra esencia, o solo engrosamos nuestra lista de riquezas materiales.

El cifrar nuestras esperanzas en el violín, y no en la fuerza de nuestros corazones palpitantes por hacer música, tocar melodías en nuestra existencia, con los seres que nos rodean, en el ambiente en el que nos desarrollamos, el escenario carece de importancia cuando la música que brota desde el interior es poderosa, el talento es mucho más importante que el instrumento.

Ana Verónica Torres Licón

torres_anav@hotmail.com