/ martes 8 de diciembre de 2020

Avistar aves en Central Park, el hobbie en el Covid

Con bares, restaurantes, cafeterías y antros cerrados, esta actividad al aire libre puede dar un respiro a los neoyorquinos

NUEVA YORK. Es una mañana soleada en Nueva York, y unas 30 personas con barbijo se adentran en The Ramble, una zona boscosa de caminos serpenteantes en Central Park. Forman parte de una creciente cofradía en busca de búhos, cuya presencia es rara en esta inmensa ciudad.

Las hojas de otoño crujen bajo sus zapatos, mientras siguen a “Birding Bob”, un guía que organiza caminatas de avistamiento de aves en el parque desde hace más de 30 años, y cuyo éxito no para de crecer desde el inicio de la pandemia.

De pronto, levantan sus binoculares y cámaras con potentes teleobjetivos mientras “Birding Bob” les ayuda a detectar a “Barry”, un búho barrado oculto en el follaje de un pino, que llegó al parque hace un mes. Unas 220 especies de aves frecuentan cada año Central Park, considerado increíblemente uno de los mejores lugares del mundo para este pasatiempo, sobre todo en época de migraciones, pese a que la Gran Manzana tiene 8.6 millones de habitantes.

TEATRO DE LAS AVES

Más de 34 mil personas murieron en Nueva York a raíz del coronavirus. Teatros, cines y discotecas permanecen cerrados y las autoridades ruegan suspender las cenas en casa con amigos. En tiempos de Covid, el avistamiento de aves, contemplativo y al aire libre, suena como el hobby perfecto. “Hay menos cosas para hacer ahora en Nueva York y las cosas que puedes hacer dentro son limitadas o se han cancelado. Así que la gente está haciendo cosas afuera, y estas caminatas solo cuestan 10 dólares, es un regalo”, dice a la AFP “Birding Bob” -cuyo nombre verdadero es Robert DeCandido- durante un tour de tres horas.

La reciente llegada a Central Park del búho barrado que se pasea de un lado a otro -o quizás son dos- y también del gran búho cornudo, despierta asimismo mucha curiosidad y las caminatas de DeCandido se llenan de gente que no puede hallarlos por su cuenta.

La mejor parte del parque para observar aves es The Ramble. Fue aquí también donde en mayo una mujer blanca que paseaba su perro sin correa, Amy Cooper, hizo una falsa denuncia por agresión contra un observador de aves negro que le pidió atar al animal. El incidente, el mismo día de la muerte de George Floyd por un policía blanco, causó indignación. Cooper fue procesada por falso testimonio.

Foto: AFP

COMUNIDAD Y NATURALEZA

Tarini Goyal, que se mudó a Nueva York hace unos meses, asegura que su nuevo pasatiempo le ayuda a enfrentar la pandemia y a conocer gente nueva cuando la ciudad atraviesa una segunda oleada.

El sábado pasado hizo un tour de avistamiento de búhos en la noche, y el domingo regresó para otro más general donde observó unas 25 especies.

“Me ha ayudado a sentirme más conectada a la comunidad y a la naturaleza”, dice esta médica de 28 años, ofreciendo maní en la palma de su mano a carboneros copetudos y de capucha negra.

David Barrett, fundador de la cuenta de Twitter “Manhattan Bird Alert” y descubridor de un exótico pato mandarín en Central Park hace dos años que fascinó a los neoyorquinos -un ave no nativa, posiblemente escapada de un estanque-, asegura que su cuenta “ha crecido de manera tremenda desde el Covid”, a unos 30 mil seguidores. Celebra la nueva fama de este hobby, “una actividad que puedes hacer solo, en parques, donde puedes mantener distancia de la gente”.

“Y es disfrutable, es algo que puede fascinarte durante horas, es siempre cambiante, hay hermosas cosas para ver, hermosos pájaros”, añade este matemático e inversor de 56 años, que ha avistado en su vida 282 especies, el segundo récord en eBird, una base de datos especializada.

Foto: AFP

OBSESIÓN

Barrett llevó su afición al extremo en 2012, cuando compitió con el respetado ornitólogo Andrew Farnsworth para ver quién avistaba más especies en Manhattan, y le ganó, una hazaña que relata en su libro “A Big Manhattan Year” (Un gran año en Manhattan).

Para De Candido, Barrett u otros como Deborah Allen, una fotógrafa de unos 60 años que colabora con “Birding Bob”, el hobby se ha transformado en actividad a tiempo completo. “Cuando llegué a Nueva York me intimidó su urbanidad; este lugar tremendamente vital donde pasa de todo y todo el mundo está ocupado y apurado haciendo algo”, recuerda Allen.

A la hora del almuerzo, se escapaba a Central Park “a respirar”. Un día notó los pájaros. “Y eso fue todo para mí”.

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NUEVA YORK. Es una mañana soleada en Nueva York, y unas 30 personas con barbijo se adentran en The Ramble, una zona boscosa de caminos serpenteantes en Central Park. Forman parte de una creciente cofradía en busca de búhos, cuya presencia es rara en esta inmensa ciudad.

Las hojas de otoño crujen bajo sus zapatos, mientras siguen a “Birding Bob”, un guía que organiza caminatas de avistamiento de aves en el parque desde hace más de 30 años, y cuyo éxito no para de crecer desde el inicio de la pandemia.

De pronto, levantan sus binoculares y cámaras con potentes teleobjetivos mientras “Birding Bob” les ayuda a detectar a “Barry”, un búho barrado oculto en el follaje de un pino, que llegó al parque hace un mes. Unas 220 especies de aves frecuentan cada año Central Park, considerado increíblemente uno de los mejores lugares del mundo para este pasatiempo, sobre todo en época de migraciones, pese a que la Gran Manzana tiene 8.6 millones de habitantes.

TEATRO DE LAS AVES

Más de 34 mil personas murieron en Nueva York a raíz del coronavirus. Teatros, cines y discotecas permanecen cerrados y las autoridades ruegan suspender las cenas en casa con amigos. En tiempos de Covid, el avistamiento de aves, contemplativo y al aire libre, suena como el hobby perfecto. “Hay menos cosas para hacer ahora en Nueva York y las cosas que puedes hacer dentro son limitadas o se han cancelado. Así que la gente está haciendo cosas afuera, y estas caminatas solo cuestan 10 dólares, es un regalo”, dice a la AFP “Birding Bob” -cuyo nombre verdadero es Robert DeCandido- durante un tour de tres horas.

La reciente llegada a Central Park del búho barrado que se pasea de un lado a otro -o quizás son dos- y también del gran búho cornudo, despierta asimismo mucha curiosidad y las caminatas de DeCandido se llenan de gente que no puede hallarlos por su cuenta.

La mejor parte del parque para observar aves es The Ramble. Fue aquí también donde en mayo una mujer blanca que paseaba su perro sin correa, Amy Cooper, hizo una falsa denuncia por agresión contra un observador de aves negro que le pidió atar al animal. El incidente, el mismo día de la muerte de George Floyd por un policía blanco, causó indignación. Cooper fue procesada por falso testimonio.

Foto: AFP

COMUNIDAD Y NATURALEZA

Tarini Goyal, que se mudó a Nueva York hace unos meses, asegura que su nuevo pasatiempo le ayuda a enfrentar la pandemia y a conocer gente nueva cuando la ciudad atraviesa una segunda oleada.

El sábado pasado hizo un tour de avistamiento de búhos en la noche, y el domingo regresó para otro más general donde observó unas 25 especies.

“Me ha ayudado a sentirme más conectada a la comunidad y a la naturaleza”, dice esta médica de 28 años, ofreciendo maní en la palma de su mano a carboneros copetudos y de capucha negra.

David Barrett, fundador de la cuenta de Twitter “Manhattan Bird Alert” y descubridor de un exótico pato mandarín en Central Park hace dos años que fascinó a los neoyorquinos -un ave no nativa, posiblemente escapada de un estanque-, asegura que su cuenta “ha crecido de manera tremenda desde el Covid”, a unos 30 mil seguidores. Celebra la nueva fama de este hobby, “una actividad que puedes hacer solo, en parques, donde puedes mantener distancia de la gente”.

“Y es disfrutable, es algo que puede fascinarte durante horas, es siempre cambiante, hay hermosas cosas para ver, hermosos pájaros”, añade este matemático e inversor de 56 años, que ha avistado en su vida 282 especies, el segundo récord en eBird, una base de datos especializada.

Foto: AFP

OBSESIÓN

Barrett llevó su afición al extremo en 2012, cuando compitió con el respetado ornitólogo Andrew Farnsworth para ver quién avistaba más especies en Manhattan, y le ganó, una hazaña que relata en su libro “A Big Manhattan Year” (Un gran año en Manhattan).

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