/ martes 11 de junio de 2019

¿Qué está pasando con la alegría que distingue a la cultura mexicana?

El devastador escenario de violencia que estamos viviendo en nuestro país esta mutilando nuestras almas. Hace unos años ser mexicano estaba relacionado con alegría y fiesta. Esta imagen de los mexicanos como personas alegres esta apagándose ante la violencia, delincuencia y tanta muerte que hemos estado viviendo en los últimos 10 años. Desde que de manera escabrosa empezó la guerra contra el narco y los asaltos, ejecuciones, secuestros están a la orden del día. Nuestras autoridades o son parte o son completamente ineptas para atender este caos.

Estamos sufriendo la muerte de muchos jóvenes. Ahora puedo asegurar que cualquier persona con alma se conmueve ante la lamentable pérdida del joven Norberto Ronquillo que secuestraron y privaron de su vida en la ciudad de México. Uno más en una cifra de números bastante alta. Son ya tantos los que han perdido su vida ya sea por ser parte del crimen organizado o por ser víctimas. Cuando en realidad todos somos víctimas de este desastre. Cuántas lágrimas, cuánto horror, cuánta incomprensión por la vida y por la muerte que especialmente en los jóvenes es mucho más dolorosa todavía; pues queda una vida truncada en sus mejores momentos y cuando más se necesita en el mundo.

¿Por qué la violencia, qué pasa con nuestras almas, nuestras conciencias, nuestros valores, nuestros corazones? Cierto que la humanidad durante toda su existencia la ley del más fuerte es la más latente, y se ha regido por una constante matanza de los más débiles o vulnerables para empoderar a unos cuantos a consta del miedo, del odio, de la fuerza bruta. Pero también ha habido momentos en la historia donde la evolución de la paz cobra frutos y a eso debemos apegarnos. Son más los pacificadores que los asesinos, estos mueven con más fuerza las entrañas del planeta y la situación debe cambiar. La cruda realidad de matarnos unos a otros, las razones aunque pueden ser muy bastas, el hecho se resume en quitarle la vida a un semejante. Cuando no tenemos nadie el derecho por ningún motivo de privar de la vida a ningún ser vivo con el que compartimos este planeta.

La tecnología en armas es tan impresionante que se han construido para un sinfín de formas de quitar vidas y tanto que hasta se tienen las armas nucleares como para destruir todo el planeta si se desea, mientras como si no fueran suficientes los millones de personas que están muriendo de enfermedades, hambre, pobreza sin poder hacer mucho por ellas.

En este país como en algunos otros, es difícil denunciar un acto violento, pues se corre el riesgo de no ser protegido, y quedar en una situación de mayor riesgo. Y la violencia queda en un círculo vicioso donde se traslada de la sociedad a la familia y de la familia a la sociedad. Se dice que niños y jóvenes son el futuro y lo son, razón suficiente para enfocar la mirada y atención en ellos que por diferentes causas son víctimas de la violencia.

No podemos cerrar los ojos y ser indiferentes a este dolor y tal vez por eso una aura de tristeza parece apagar la alegría que caracteriza a nuestra cultura mexicana. En este tema no me queda más que ser testigo de este ambiente oscuro y de muerte al que nos estamos enfrentando, sin embargo nos unimos en el dolor y también en la esperanza para enfrentar todo aquello que nos perjudica inclusive nuestras autoridades y animarnos a recobrar nuestra imagen de mexicanos alegres y fiesteros pero no asesinos.



El devastador escenario de violencia que estamos viviendo en nuestro país esta mutilando nuestras almas. Hace unos años ser mexicano estaba relacionado con alegría y fiesta. Esta imagen de los mexicanos como personas alegres esta apagándose ante la violencia, delincuencia y tanta muerte que hemos estado viviendo en los últimos 10 años. Desde que de manera escabrosa empezó la guerra contra el narco y los asaltos, ejecuciones, secuestros están a la orden del día. Nuestras autoridades o son parte o son completamente ineptas para atender este caos.

Estamos sufriendo la muerte de muchos jóvenes. Ahora puedo asegurar que cualquier persona con alma se conmueve ante la lamentable pérdida del joven Norberto Ronquillo que secuestraron y privaron de su vida en la ciudad de México. Uno más en una cifra de números bastante alta. Son ya tantos los que han perdido su vida ya sea por ser parte del crimen organizado o por ser víctimas. Cuando en realidad todos somos víctimas de este desastre. Cuántas lágrimas, cuánto horror, cuánta incomprensión por la vida y por la muerte que especialmente en los jóvenes es mucho más dolorosa todavía; pues queda una vida truncada en sus mejores momentos y cuando más se necesita en el mundo.

¿Por qué la violencia, qué pasa con nuestras almas, nuestras conciencias, nuestros valores, nuestros corazones? Cierto que la humanidad durante toda su existencia la ley del más fuerte es la más latente, y se ha regido por una constante matanza de los más débiles o vulnerables para empoderar a unos cuantos a consta del miedo, del odio, de la fuerza bruta. Pero también ha habido momentos en la historia donde la evolución de la paz cobra frutos y a eso debemos apegarnos. Son más los pacificadores que los asesinos, estos mueven con más fuerza las entrañas del planeta y la situación debe cambiar. La cruda realidad de matarnos unos a otros, las razones aunque pueden ser muy bastas, el hecho se resume en quitarle la vida a un semejante. Cuando no tenemos nadie el derecho por ningún motivo de privar de la vida a ningún ser vivo con el que compartimos este planeta.

La tecnología en armas es tan impresionante que se han construido para un sinfín de formas de quitar vidas y tanto que hasta se tienen las armas nucleares como para destruir todo el planeta si se desea, mientras como si no fueran suficientes los millones de personas que están muriendo de enfermedades, hambre, pobreza sin poder hacer mucho por ellas.

En este país como en algunos otros, es difícil denunciar un acto violento, pues se corre el riesgo de no ser protegido, y quedar en una situación de mayor riesgo. Y la violencia queda en un círculo vicioso donde se traslada de la sociedad a la familia y de la familia a la sociedad. Se dice que niños y jóvenes son el futuro y lo son, razón suficiente para enfocar la mirada y atención en ellos que por diferentes causas son víctimas de la violencia.

No podemos cerrar los ojos y ser indiferentes a este dolor y tal vez por eso una aura de tristeza parece apagar la alegría que caracteriza a nuestra cultura mexicana. En este tema no me queda más que ser testigo de este ambiente oscuro y de muerte al que nos estamos enfrentando, sin embargo nos unimos en el dolor y también en la esperanza para enfrentar todo aquello que nos perjudica inclusive nuestras autoridades y animarnos a recobrar nuestra imagen de mexicanos alegres y fiesteros pero no asesinos.