/ domingo 31 de octubre de 2021

Día de Muertos; El origen de la gran tradición mexicana

Una festividad que tiene origen en la época prehispánica, donde se honra a los difuntos con una gran variedad de flores, adornos, incienso y comida

El tradicional día de muertos, como actualmente se conoce en México, es un festejo que corresponde a la religión católica, el cual comienza desde el 31 de octubre y finaliza el 2 de noviembre, días que son señalados por la iglesia católica para celebrar la memoria de todos los santos y los fieles difuntos.

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Sin embargo, estas festividades, no siempre fueron como tal, ya que el verdadero origen de la celebración de los muertos en México, tiene sus raíces, asentadas en la época prehispánica, en donde dos grandes civilizaciones, los mexicas y aztecas, tenían significados distintos de lo que era la muerte, y diversas formas de interpretar la misma.

Para la civilización de los mexicas, a la muerte se le rendía tributo, a lo largo de varios periodos y no solo un día en especifico como tal, ya que, para esta civilización, los días de mayor importancia eran después de las cosechas.

Otra de las civilizaciones, que tenía una forma más compleja de interpretar a la muerte, era la civilización azteca, la cual a través de varios tributos y festividades rendían culto.

Así mismo, los aztecas, tenían la creencia de que después de la muerte, la vida continuaba, por lo que consideraban que la muerte, solo marcaba el comienzo de su segunda vida dentro del más allá; por lo que, de acuerdo a la muerte de cada persona, esta tenía que recorrer por cuatro caminos, que los aztecas creían que existían, los cuales son descritos a continuación:

Los cuatro caminos existentes, según información proporcionada por la maestra Jessica Alexandra Hernández, de la ciudad de Chihuahua, son el Tonatiuhichan o “Casa del Sol”, lugar donde iban los guerreros fallecidos en batalla, los ofrendados para el sacrificio y las mujeres que morían durante su embarazo.

Tlalocan, era una especie de paraíso al que llegaban las personas que morían por interactuar con el agua.

Chichihualcuauhco, era el lugar destinado para los bebés muertos, se creía que en ese lugar eran amamantados por un enorme árbol nodriza ya que pronto “volverían a nacer”.

El Mictlán, es el reino de los muertos y destino de las personas que fallecían por causas no relacionadas al agua, la guerra o el parto, es decir, muerte por causas naturales, asesinados por animales, muertos por sucesos trágicos como accidentes, toda muerte que no tenga que ver con las mencionadas en Chichihualcuauhco, Tonatiuhichan o Tlalocan.

Este último, el Mictlán, se convierte en uno de los más interesante, ya que, para llegar, los muertos tenían que esperar cuatro años en el tiempo, en donde en el paso de este tiempo, tenían que ser devorados por la diosa de la tierra, por lo que, en ese periodo, se llevaba a cabo una adaptación del muerto, en donde se despegaba de su vida mortal, su cuerpo y emociones vividas, en donde en el proceso de asimilación se debía pasar por nueve caminos, para llegar al Mictlán.

La travesía según indica la maestra Jessica Hernández; comienza cuando el difunto en el primer camino por recorrer, debía pasar por río Apanoayan, siendo el camino más sencillo de transitar. El segundo camino, se dice que era atravesar montañas desnudo, estas montañas de obsidiana estaban resguardadas por un jaguar que a quienes atrapara abriría su pecho para consumir de su interior. El tercer camino consistía en enfrentar a una culebra que resguarda un camino, para poder continuar con el cuarto camino, que era atravesar el Iztepétl o cerro de navaja, donde fuertes vientos serían obstáculos para dar al quinto camino. Este radicaba en recorrer ocho cimas en las que cae nieve constantemente llamadas Cehuecayan ,para después, recorrer otros ocho caminos en Itzehecayan, lugar donde el viento corta como navajas, es decir el sexto camino. Seguido a esto, durante el séptimo camino, debían caminar sobre el Apanhuiayo, un canal de aguas negras en el que habitaba la lagartija llamada Xochitonal, cuyas características suponían un reto para alcanzar el siguiente camino.

El octavo camino recorrido, se debía de cruzar el río Chiconahuapan, los muertos que en vida habían sido buenos con todos los animales, eran acompañados por un sabueso conocido como xoloescuintle, el cual según mexicas y aztecas, les ayudaba a cruzar dicho río.

Finalmente, el fallecido debía llegar al Itzmitlanapochcalocan, la residencia de los dioses de la muerte, donde el dios de la muerte Mictlantecuhtli, junto a su esposa Mictlancíhuatl, gobernaban el reino de los muertos a quienes el difunto daba ofrendas para ser sepultado, estas ofrendas consistían en su mayoría en maíz, frijol, piedras preciosas y otros productos vegetale, donde por fin el fallecido pasaría a descansar después de todo, consumiendo lo que proveen sus dioses.

En diversos lugares del mundo, para muchas religiones y culturas, cada una tiene una forma distinta de interpretar uno de los más grandes enigmas de la vida, la muerte, y estas representaciones se hacen de acuerdo a diferentes influencias étnicas y culturales, que en muchas de las ocasiones pudieran parecer similares.

Después de la llegada de los españoles a suelo americano, en especial a México, las culturas autóctonas fueron forzadas por los conquistadores a cambiar de orientación y sentir, una de estas tradiciones, la de los muertos, se transformó de una forma radical, adecuándose a lo que hoy en día se conoce como “Día de Muertos”, celebración que adecuó a las festividades de la iglesia católica.

A través de un largo proceso de evangelización, en donde se mató a millones de indígenas en nombre dios por los españoles, fueron implantadas diferentes costumbres, en torno al Día de Muertos, como el implementar el uso de oraciones a los muertos, altares con veladores e inciensos, diversas comidas elaboradas en forma de hueso, así como una ideología totalmente nueva a al concepto que tenían las culturas de México, en torno a la muerte.

Actualmente, la muerte se relaciona y va de la mano con la figura icónica, que es la calavera garbancera, del caricaturista e ilustrador José Guadalupe Posada, quien creo una figura esquelética femenina con adornos vistosos, la cual era la base de una crítica social, para quienes eran pobres de y de orígenes indígenas pero querían ocultar su verdadera esencia, adoptando lujosas vestimentas.

Tiempo después la "Calavera Garbancera", adoptaría el nombre por el que actualmente la conocemos como la "Catrina".

La muerte para los mexicanos actualmente, sigue siendo objeto de fiesta, jubilo, alegría, tristeza, y de honrar a los seres que ya partieron, que ya no se encuentran en el mundo físico, a través de los festejos del primero y dos de noviembre.

El tradicional día de muertos, como actualmente se conoce en México, es un festejo que corresponde a la religión católica, el cual comienza desde el 31 de octubre y finaliza el 2 de noviembre, días que son señalados por la iglesia católica para celebrar la memoria de todos los santos y los fieles difuntos.

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Sin embargo, estas festividades, no siempre fueron como tal, ya que el verdadero origen de la celebración de los muertos en México, tiene sus raíces, asentadas en la época prehispánica, en donde dos grandes civilizaciones, los mexicas y aztecas, tenían significados distintos de lo que era la muerte, y diversas formas de interpretar la misma.

Para la civilización de los mexicas, a la muerte se le rendía tributo, a lo largo de varios periodos y no solo un día en especifico como tal, ya que, para esta civilización, los días de mayor importancia eran después de las cosechas.

Otra de las civilizaciones, que tenía una forma más compleja de interpretar a la muerte, era la civilización azteca, la cual a través de varios tributos y festividades rendían culto.

Así mismo, los aztecas, tenían la creencia de que después de la muerte, la vida continuaba, por lo que consideraban que la muerte, solo marcaba el comienzo de su segunda vida dentro del más allá; por lo que, de acuerdo a la muerte de cada persona, esta tenía que recorrer por cuatro caminos, que los aztecas creían que existían, los cuales son descritos a continuación:

Los cuatro caminos existentes, según información proporcionada por la maestra Jessica Alexandra Hernández, de la ciudad de Chihuahua, son el Tonatiuhichan o “Casa del Sol”, lugar donde iban los guerreros fallecidos en batalla, los ofrendados para el sacrificio y las mujeres que morían durante su embarazo.

Tlalocan, era una especie de paraíso al que llegaban las personas que morían por interactuar con el agua.

Chichihualcuauhco, era el lugar destinado para los bebés muertos, se creía que en ese lugar eran amamantados por un enorme árbol nodriza ya que pronto “volverían a nacer”.

El Mictlán, es el reino de los muertos y destino de las personas que fallecían por causas no relacionadas al agua, la guerra o el parto, es decir, muerte por causas naturales, asesinados por animales, muertos por sucesos trágicos como accidentes, toda muerte que no tenga que ver con las mencionadas en Chichihualcuauhco, Tonatiuhichan o Tlalocan.

Este último, el Mictlán, se convierte en uno de los más interesante, ya que, para llegar, los muertos tenían que esperar cuatro años en el tiempo, en donde en el paso de este tiempo, tenían que ser devorados por la diosa de la tierra, por lo que, en ese periodo, se llevaba a cabo una adaptación del muerto, en donde se despegaba de su vida mortal, su cuerpo y emociones vividas, en donde en el proceso de asimilación se debía pasar por nueve caminos, para llegar al Mictlán.

La travesía según indica la maestra Jessica Hernández; comienza cuando el difunto en el primer camino por recorrer, debía pasar por río Apanoayan, siendo el camino más sencillo de transitar. El segundo camino, se dice que era atravesar montañas desnudo, estas montañas de obsidiana estaban resguardadas por un jaguar que a quienes atrapara abriría su pecho para consumir de su interior. El tercer camino consistía en enfrentar a una culebra que resguarda un camino, para poder continuar con el cuarto camino, que era atravesar el Iztepétl o cerro de navaja, donde fuertes vientos serían obstáculos para dar al quinto camino. Este radicaba en recorrer ocho cimas en las que cae nieve constantemente llamadas Cehuecayan ,para después, recorrer otros ocho caminos en Itzehecayan, lugar donde el viento corta como navajas, es decir el sexto camino. Seguido a esto, durante el séptimo camino, debían caminar sobre el Apanhuiayo, un canal de aguas negras en el que habitaba la lagartija llamada Xochitonal, cuyas características suponían un reto para alcanzar el siguiente camino.

El octavo camino recorrido, se debía de cruzar el río Chiconahuapan, los muertos que en vida habían sido buenos con todos los animales, eran acompañados por un sabueso conocido como xoloescuintle, el cual según mexicas y aztecas, les ayudaba a cruzar dicho río.

Finalmente, el fallecido debía llegar al Itzmitlanapochcalocan, la residencia de los dioses de la muerte, donde el dios de la muerte Mictlantecuhtli, junto a su esposa Mictlancíhuatl, gobernaban el reino de los muertos a quienes el difunto daba ofrendas para ser sepultado, estas ofrendas consistían en su mayoría en maíz, frijol, piedras preciosas y otros productos vegetale, donde por fin el fallecido pasaría a descansar después de todo, consumiendo lo que proveen sus dioses.

En diversos lugares del mundo, para muchas religiones y culturas, cada una tiene una forma distinta de interpretar uno de los más grandes enigmas de la vida, la muerte, y estas representaciones se hacen de acuerdo a diferentes influencias étnicas y culturales, que en muchas de las ocasiones pudieran parecer similares.

Después de la llegada de los españoles a suelo americano, en especial a México, las culturas autóctonas fueron forzadas por los conquistadores a cambiar de orientación y sentir, una de estas tradiciones, la de los muertos, se transformó de una forma radical, adecuándose a lo que hoy en día se conoce como “Día de Muertos”, celebración que adecuó a las festividades de la iglesia católica.

A través de un largo proceso de evangelización, en donde se mató a millones de indígenas en nombre dios por los españoles, fueron implantadas diferentes costumbres, en torno al Día de Muertos, como el implementar el uso de oraciones a los muertos, altares con veladores e inciensos, diversas comidas elaboradas en forma de hueso, así como una ideología totalmente nueva a al concepto que tenían las culturas de México, en torno a la muerte.

Actualmente, la muerte se relaciona y va de la mano con la figura icónica, que es la calavera garbancera, del caricaturista e ilustrador José Guadalupe Posada, quien creo una figura esquelética femenina con adornos vistosos, la cual era la base de una crítica social, para quienes eran pobres de y de orígenes indígenas pero querían ocultar su verdadera esencia, adoptando lujosas vestimentas.

Tiempo después la "Calavera Garbancera", adoptaría el nombre por el que actualmente la conocemos como la "Catrina".

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