/ martes 4 de junio de 2019

NUESTRO DERECHO A TENER ESPIRITU

Estimados lectores, constantemente hago mención en mis participaciones, desde diferentes perspectivas, de la necesidad de despertar nuestro ser espiritual. Disculpen que sea repetitivo y haga énfasis en lo que le da sentido a la vida. Afortunadamente cada vez más personas se convierten en luz y cada vez más nos damos cuenta de la necesidad de despertar la parte espiritual de nuestras vidas. Mientras el mundo se viene a pedazos y estamos rodeados de dolor, injusticia, incertidumbre y sufrimiento, al menos tenemos derecho a tener un espíritu inmortal y encontrarlo en esta vida.

Quiero imaginar que si descubriéramos nuestra propia alma y luego pudiéramos conectarnos en un ser espiritual, no sufriríamos tanto la muerte de nuestros seres queridos, no tendríamos tanto miedo de la propia, tampoco sufriríamos la pobreza y no estarían tantas personas luchando por ser el mejor y tener más y más cosas, acumulando inútilmente para después morir y dejarlas como basura en el mundo. Sabrán que cuando morimos nos vamos sin nada material y si acaso nos podemos llevar nuestras vivencias. Seguramente si se despertará la espiritualidad en forma masiva el mundo sería más justo y el arcoíris del amor brillaría en los coloridos paisajes de las ciudades y el campo. En fin constantemente hago mención de diversas formas, sobre esta necesidad que tenemos las personas. Y me disculpo, porque no es que yo lo sea, de ninguna manera, igual que muchos de ustedes estoy en la búsqueda. Creo que debemos investigar desde perspectivas científicas y religiosas y todas las habidas y por haber en las que podamos encontrar el sentido existencial que nos da la conexión espiritual.

Con la conciencia libre y despejada, con la mente en calma y a la vez llena de curiosidad y también con auto respeto como ser espiritual. Liberarnos de las trampas sutiles de la mente que nos sujetan con las cadenas del miedo y las dudas. Con este cambio en la actitud, soy capaz de percibir las personas y situaciones más claramente. Tener una actitud espiritual es estar en un espacio interior de amor y generosidad incondicional. Combatir el miedo y la ansiedad que nos causa aferrarnos a las cosas, evitar los prejuicios, pues con estas actitudes disminuimos nuestra capacidad de tener empatía hacia los demás para poder entender su dolor y abrazarlos con el alma y corazón. Debemos poder captar las influencias sutiles que nos afectan, para no dejar que intervengan al utilizar el poder que tenemos como seres espirituales, para conservar nuestra fuente de energía espiritual y cuidar que no se nos termine.

El poder de la mente debe dar paso al poder del alma para encontrar nuestro propio espíritu. Liberarnos de las actitudes negativas que nos alejan de nuestro propósito. Nuestros pensamientos pasan a convertirse en actitudes enfoquémoslos al espíritu.

Así como tenemos derechos humanos que nos conceden el derecho a ser tratados con justicia y respeto, que nos conceden el derecho a una vida digna donde podamos tener un trabajo, un techo, vestido y sustento. Tenemos el derecho también a ser seres espirituales. Gracias por el tiempo compartido con el mío. Hasta la próxima.

Estimados lectores, constantemente hago mención en mis participaciones, desde diferentes perspectivas, de la necesidad de despertar nuestro ser espiritual. Disculpen que sea repetitivo y haga énfasis en lo que le da sentido a la vida. Afortunadamente cada vez más personas se convierten en luz y cada vez más nos damos cuenta de la necesidad de despertar la parte espiritual de nuestras vidas. Mientras el mundo se viene a pedazos y estamos rodeados de dolor, injusticia, incertidumbre y sufrimiento, al menos tenemos derecho a tener un espíritu inmortal y encontrarlo en esta vida.

Quiero imaginar que si descubriéramos nuestra propia alma y luego pudiéramos conectarnos en un ser espiritual, no sufriríamos tanto la muerte de nuestros seres queridos, no tendríamos tanto miedo de la propia, tampoco sufriríamos la pobreza y no estarían tantas personas luchando por ser el mejor y tener más y más cosas, acumulando inútilmente para después morir y dejarlas como basura en el mundo. Sabrán que cuando morimos nos vamos sin nada material y si acaso nos podemos llevar nuestras vivencias. Seguramente si se despertará la espiritualidad en forma masiva el mundo sería más justo y el arcoíris del amor brillaría en los coloridos paisajes de las ciudades y el campo. En fin constantemente hago mención de diversas formas, sobre esta necesidad que tenemos las personas. Y me disculpo, porque no es que yo lo sea, de ninguna manera, igual que muchos de ustedes estoy en la búsqueda. Creo que debemos investigar desde perspectivas científicas y religiosas y todas las habidas y por haber en las que podamos encontrar el sentido existencial que nos da la conexión espiritual.

Con la conciencia libre y despejada, con la mente en calma y a la vez llena de curiosidad y también con auto respeto como ser espiritual. Liberarnos de las trampas sutiles de la mente que nos sujetan con las cadenas del miedo y las dudas. Con este cambio en la actitud, soy capaz de percibir las personas y situaciones más claramente. Tener una actitud espiritual es estar en un espacio interior de amor y generosidad incondicional. Combatir el miedo y la ansiedad que nos causa aferrarnos a las cosas, evitar los prejuicios, pues con estas actitudes disminuimos nuestra capacidad de tener empatía hacia los demás para poder entender su dolor y abrazarlos con el alma y corazón. Debemos poder captar las influencias sutiles que nos afectan, para no dejar que intervengan al utilizar el poder que tenemos como seres espirituales, para conservar nuestra fuente de energía espiritual y cuidar que no se nos termine.

El poder de la mente debe dar paso al poder del alma para encontrar nuestro propio espíritu. Liberarnos de las actitudes negativas que nos alejan de nuestro propósito. Nuestros pensamientos pasan a convertirse en actitudes enfoquémoslos al espíritu.

Así como tenemos derechos humanos que nos conceden el derecho a ser tratados con justicia y respeto, que nos conceden el derecho a una vida digna donde podamos tener un trabajo, un techo, vestido y sustento. Tenemos el derecho también a ser seres espirituales. Gracias por el tiempo compartido con el mío. Hasta la próxima.