/ jueves 30 de mayo de 2019

Los caminos de la solidaridad

Hubo un tiempo en el que alejarse del grupo significaba la muerte segura. Hoy día todos estamos dentro del grupo, sin estarlo realmente.

Vivimos el tiempo del individualismo, ahí donde todo gira alrededor de mis necesidades particulares y los designios de mi egoísmo. Vivimos el tiempo donde el grupo sólo me es necesarios a veces o donde utilizamos a la gente para conseguir nuestros fines. Vivimos el tiempo donde la familia es un peldaño más en la escalinata de mis deseos.

Las personas prefieren tener perros, que no chistan o van en contra de los deseos del amo, desviando la ternura originaria de los hijos y prefieren relaciones esporádicas y basadas en el sexo antes que consolidar lazos firmes con alguna pareja.

Vivimos tiempos de separación y mucha distancia. El teléfono celular se convierte en la mayor compañía diaria y expresamos falsamente tantas cosas que en persona, sencillamente ya no podemos. Compartimos memes en remplazo de una buena broma, videos de experiencias de alguien más que ni siquiera pudo apreciar lo que sucedía por la tediosa inclinación a grabarlo todo. Circulamos diario una cantidad impresionante de información y estamos más desinformados que nunca.

Con esta nueva dinámica de la soledad, la humanidad ha construido un sótano donde nadie nos acompaña, estamos solos la mayor parte del tiempo, aunque pareciera que a nuestro rededor hay más personas, en realidad vamos en soledad, muchas soledades en cercanía.

El contacto más íntimo es casi nulo, solo lo conseguimos por chispazos remanentes en el deseo de nuestro más profundo ser. Solo por segundos experimentamos el contacto con otros.es ´precisamente ahí donde se ubica la gran tarea de la raza humana de nuestro tiempo. Debemos recuperar el contacto más íntimo, construir nuevamente el sentido más profundo de grupo, de interés colectivo y el contacto entre iguales.

Para conseguir nuevamente las rutas de la solidaridad y el apoyo humano, es necesario re descubrir nuestra propia humanidad, generar un nuevo contacto con el sentido más íntimo de la vida y superar los deseos fatuos de consumo excesivo y que no contactan nuestra estancia en este mundo con la propia trascendencia.

Este tiempo nos urge a reconocer la naturaleza como imprescindible, nuestras emociones como auténticas y la presencia de otros como sentido explicitado.

Esta búsqueda del origen se concentra en los trazos más firmes sobre la solidaridad y el interés por la raza humana como proyecto que dota de sentido.

Nuestra generación debe ser aquella que entendió al fin el significado de lo humano.

Hubo un tiempo en el que alejarse del grupo significaba la muerte segura. Hoy día todos estamos dentro del grupo, sin estarlo realmente.

Vivimos el tiempo del individualismo, ahí donde todo gira alrededor de mis necesidades particulares y los designios de mi egoísmo. Vivimos el tiempo donde el grupo sólo me es necesarios a veces o donde utilizamos a la gente para conseguir nuestros fines. Vivimos el tiempo donde la familia es un peldaño más en la escalinata de mis deseos.

Las personas prefieren tener perros, que no chistan o van en contra de los deseos del amo, desviando la ternura originaria de los hijos y prefieren relaciones esporádicas y basadas en el sexo antes que consolidar lazos firmes con alguna pareja.

Vivimos tiempos de separación y mucha distancia. El teléfono celular se convierte en la mayor compañía diaria y expresamos falsamente tantas cosas que en persona, sencillamente ya no podemos. Compartimos memes en remplazo de una buena broma, videos de experiencias de alguien más que ni siquiera pudo apreciar lo que sucedía por la tediosa inclinación a grabarlo todo. Circulamos diario una cantidad impresionante de información y estamos más desinformados que nunca.

Con esta nueva dinámica de la soledad, la humanidad ha construido un sótano donde nadie nos acompaña, estamos solos la mayor parte del tiempo, aunque pareciera que a nuestro rededor hay más personas, en realidad vamos en soledad, muchas soledades en cercanía.

El contacto más íntimo es casi nulo, solo lo conseguimos por chispazos remanentes en el deseo de nuestro más profundo ser. Solo por segundos experimentamos el contacto con otros.es ´precisamente ahí donde se ubica la gran tarea de la raza humana de nuestro tiempo. Debemos recuperar el contacto más íntimo, construir nuevamente el sentido más profundo de grupo, de interés colectivo y el contacto entre iguales.

Para conseguir nuevamente las rutas de la solidaridad y el apoyo humano, es necesario re descubrir nuestra propia humanidad, generar un nuevo contacto con el sentido más íntimo de la vida y superar los deseos fatuos de consumo excesivo y que no contactan nuestra estancia en este mundo con la propia trascendencia.

Este tiempo nos urge a reconocer la naturaleza como imprescindible, nuestras emociones como auténticas y la presencia de otros como sentido explicitado.

Esta búsqueda del origen se concentra en los trazos más firmes sobre la solidaridad y el interés por la raza humana como proyecto que dota de sentido.

Nuestra generación debe ser aquella que entendió al fin el significado de lo humano.

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