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“La figura del papá es irrenunciable, es un privilegio y una misión”

  • El Sol de Parral
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“La figura del papá es irrenunciable, es un privilegio y una misión que jamás se perderá”, aseguró el presbítero Edmundo De la Vega, con motivo del Día del Padre, señalando que la mujer no puede suplantar al varón en el ejercicio de la paternidad.

Con motivo del Día del Padre, el padre Edmundo De la Vega, vicario de la Parroquia de San José, expresó que la figura paterna en la familia es de carácter irrenunciable y es un privilegio al que muchos están asociados, pero que no es para todos; así también, destacó que la misión del padre es asacar lo mejor de los hijos.

“Ser padre es un llamado de Dios a compartir un gran misión, la de transmitir la vida y custodiarla, educar a los hijos, que son los frutos de un gran amor”, comentó el sacerdote, agregando que los papas también tienen como misión, sacar lo mejor de sus hijos.

Dijo que al ser padre, se realiza un arduo trabajo, donde se debe escarbar el corazón de los hijos; exigiéndoles, corrigiéndolos, acogiéndolos, acompañándolos. Y que se obtiene un privilegio, mismo que es una oportunidad de vivir la virilidad, una masculinidad que se lleva hasta las últimas consecuencias.

“La figura del padre es irrenunciable en nuestra sociedad, puesto que una sociedad sin padres es una sociedad huérfana. Esto, porque la paternidad se ejerce en un doble papel de padre y de madre”, enfatizó el presbítero De la Vega.

La misión del papá, según precisó el padre Edmundo, jamás se perderá; “en veces la formación de hombre se hace a través de la cobardía, muchos varones huyen de esta llamada que Dios les hace”, indicó.

Asimismo, refirió que la madre no puede suplantar al padre porque ésta no es hombre ni lo puede ser. “Es verdad que cuando una mujer está sola, delante de vida con sus hijos, tiene que cumplir el rol de padre y madre con sus hijos, pero el hombre no puede ser mujer y la mujer no puede ser hombre”, subrayó el Vicario Parroquial.

Finalmente, afirmó que cada uno de los padres, papá y mamá, ofrecen a la formación de los hijos una aportación pues irrenunciable e insustituible, por lo tanto única.