/ jueves 28 de febrero de 2019

“El Hundido”, capricho perfecto de la naturaleza

Localizado al pie de la “Sierra del Diablo”

“El Hundido”, abismo vertical ahora marcado por la tragedia, pero a la vez un capricho perfecto de la naturaleza. El cenote más grande del Estado, escondido entre el desierto jimenense que guarda el secreto de su origen, así como restos de civilizaciones antiguas que antecedieron en estas tortuosas tierras.

Calificado como tesoro natural del Estado grande, “El Hundido” es un cenote de agua dulce, el cual se localiza en el municipio de Jiménez, justo al pie de la llamada “Sierra del Diablo”, en los límites de la región sur de Chihuahua.

¿CÓMO LLEGAR AL HUNDIDO?

Visitar “El Hundido” no es algo que implique poco tiempo. Primero se tiene que llegar al ejido Liberación, en Jiménez, el cual dista aproximadamente dos horas de la cabecera municipal, al tomar la autopista que conduce a Torreón.

Cerca del kilómetro 157, se encuentra un puente, de ahí, se debe salir de la arteria para tomar una pequeña desviación que lleva a la carretera al ejido Escalón, y de ahí, continuar hasta el ejido Liberación.

Posteriormente, la travesía ofrece accidentadas brechas desérticas rodeadas de maleza, así como flora compuesta por cactáceas principalmente, y donde la tierra levantada por la fricción de los neumáticos. forma tolvaneras que acortan la visibilidad del camino.

Pese a que es invierno, en el día el sol no tiene clemencia en el desierto, por lo que a pesar de que el aire sopla frío, el sol tuesta la piel y calienta las ropas y vehículos, de quienes se aventuran a conocer el cenote.

Cuando el camino pareciera no terminar, se ve a lo alto de un potrero del rancho Peñoles, que ofrece el panorama de la llanura desértica, la elevación de la estructura de un malacate metálico, el cual es movido por un motor de 250 caballos de fuerza, que, a su vez, es alimentado por diésel.


ABISMO VERTICAL INFINITO

Más imponente que el desierto mismo que ofrece la travesía, es admirar el majestuoso cenote, cuya boca alcanza fácilmente los cincuenta metros de diámetro, que son sólo la entrada a este abismo vertical que pareciera ser infinito en profundidad.

Son entre 185 y 200 metros la distancia que separa la entrada con las entrañas de “El Hundido”, las cuales albergan una pequeña isla formada por las rocas y la tierra que ha caído por décadas, o tal vez siglos, así como una laguna que se extiende en una superficie comparada con las dimensiones de un estadio de futbol profesional.


FAUCES PÉTREAS

Sin embargo, no solo el diámetro y la profundidad impactan al aventurero que llega al lugar, sino las fauces que circundan el cono de descenso al socavón, las cuales están formadas por filosos colmillos pétreos, fijados a las salientes internas del mismo, y que se prolongan a lo largo de este abismo.

ORIGEN DEL HUNDIDO

Hablar de “El Hundido” es hablar de mística y ciencia, sobre todo con todo aquello que tiene que ver con el origen de este capricho natural, peligroso, posiblemente aterrador o atractivo, según el cristal con que se mire, y en el que todo puede ser horrible, o terriblemente bello como en esta formación geológica.

“El Hundido” como tal, aguardaba oculto en lo accidentado del desierto, aguardando a que Don Luis Martínez, un oriundo de La Laguna, lo descubriera hace ya más de medio siglo, preservándolo en secreto durante varias décadas, con el fin de evitar la invasión o el apropiamiento por parte del gobierno.

No obstante, la imponencia y cualidades de este lugar, lo hicieron digno de ser presentado al mundo, ya que se trata del cenote más profundo del Estado grande y el más grande al norte de la República Mexicana.

Pero el origen del feroz precipicio data más atrás de su descubrimiento, y aunque no se sabe exactamente cuándo se formó, existen varias teorías entre los lugareños sobre cómo se formó el cenote.

Y es que hay quienes dicen, e incluso aseguran que “El Hundido”, se debe a la voluntad cósmica, la cual envió un aerolito, el cual, con el impacto en la llanura desértica, abrió este boquete que albergaba la laguna y ríos subterráneos que desembocan en Cuatro Ciénagas, Coahuila.

Aunque también aquí encajan las teorías de quienes se basan en el método científico, y señalan que el cenote se formó debido a la corriente del agua, que al pasar de los años remojó, gastó y degradó, las rocas del potrero, colapsando y dando lugar al colosal pozo.

TESTIGO DE CIVILIZACIONES

Pese a que no se cuenta con una fecha exacta de su origen, hay quienes dicen que en el lugar se han encontrado fósiles de animales antiguos, así como de puntas de flechas y lanzas usadas por nuestros antepasados.

La exploración ha sido limitada en este lugar, pero se cree que seguramente las profundidades de las aguas subterráneas, guardan restos de personas que posiblemente fueron ofrecidas en sacrificio por los pueblos antiguos.

Trasciende además un fenómeno que ni lo místico o la ciencia han podido precisar, o al menos explicar, y es que la bestia conocida como “El Hundido”, ruge repentinamente con un estruendo que emana de sus entrañas, y que, a su vez, es el preámbulo que anuncia la caída de lluvia dentro de los próximos quince días.

FUENTE DE VIDA

Aunque la tierra árida y seca del desierto chihuahuense brinda un entorno adverso para la ganadería o la agricultura, dichas actividades son clave para la economía de la región, por lo que es indispensable contar con una fuente agua para poder practicarlas.

Es ahí donde el socavón se convierte en una fuente de vida para la región que lo alberga, ya que, con un sistema de extracción por bombero, de sus entrañas se extrae el vital líquido que se utiliza para el riego de cultivos y abasto de abrevaderos para el ganado.

Y aunque hasta el momento no se han encontrado peces en las aguas de “El Hundido”, al tratarse de un ecosistema único, se cree que en alguna parte sus aguas deben ser santuario de fauna que no ha sido explorada.

LA TRAGEDIA

Líneas arriba se hablaba de la ferocidad de este cenote, el cual desafortunadamente desde el pasado domingo se relaciona con la tragedia, su propietario, el doctor Rodolfo Antonio Martínez Torres, hijo del descubridor Luis Martínez, cayó al fondo de “su Hundido”.

El hoy fenecido descendía al núcleo del abismo para colocar una bomba sumergible; sin embargo, dicho aparato aportó un sobrepeso considerable a la canastilla que se utiliza para bajar, lo cual provocó que el cable de acero que la sostenía, colapsara.

Fue el 24 de febrero, cerca de las 13:00 horas, cuando se reportaba que una persona había caído a este lugar, lo que derivó en la movilización de rescatistas de Jiménez y de Cruz Roja de Parral; sin embargo, ese día no se pudo hacer nada.

La oscuridad de la noche ya caída, la posible presencia de murciélagos y demás fauna nociva, aunado a la falta de equipamiento necesario, impidieron el descenso de rescatistas. Y es que ni socorristas de Jiménez, ni de Cruz Roja de Parral, contaban de primera instancia con una soga que permitiera bajar a los cerca de 200 metros que se estiman de profundidad de “El hundido".

Socorristas de Jiménez, así como de Parral, pernoctarán en el ejido Liberación para continuar labores a primeras horas del lunes 25 de febrero. Cabe señalar que más socorristas de Cruz Roja de Parral partieron durante la madrugada al referido lugar para llevar equipo y sumarse a las labores de rescate del cuerpo del doctor Rodolfo Martínez. Asimismo, socorristas de Cruz Roja de Chihuahua, así como de Protección Civil Estatal arribaron al lugar para coadyuvar en los trabajos.

Fue cerca de las 10:00 horas en que se montó el sistema de descenso, en que dos rescatistas descendieron a la caverna, y fue hasta dentro de cuatro horas, cerca de las 14:00 horas en que el cuerpo sin vida de Martínez fue sacado de las profundidades de “El Hundido”.

El accidente corrió como reguero de pólvora conmocionando a propios y ajenos, ya que Martínez era famoso por “su Hundido”, pero, sobre todo, por su don de gente, calidez y hospitalidad para todo aquel que, con responsabilidad y precaución, pero, sobre todo, con un fin coherente, deseara conocer el cenote.

Desde el día del deceso hablar de “El Hundido” será rememorar el trágico accidente; sin embargo, las cualidades de maravilla natural, así como los sueños que en vida dio a Martínez Torres, se fusionan con la memoria de quien reveló al mundo este tesoro chihuahuense.



“El Hundido”, abismo vertical ahora marcado por la tragedia, pero a la vez un capricho perfecto de la naturaleza. El cenote más grande del Estado, escondido entre el desierto jimenense que guarda el secreto de su origen, así como restos de civilizaciones antiguas que antecedieron en estas tortuosas tierras.

Calificado como tesoro natural del Estado grande, “El Hundido” es un cenote de agua dulce, el cual se localiza en el municipio de Jiménez, justo al pie de la llamada “Sierra del Diablo”, en los límites de la región sur de Chihuahua.

¿CÓMO LLEGAR AL HUNDIDO?

Visitar “El Hundido” no es algo que implique poco tiempo. Primero se tiene que llegar al ejido Liberación, en Jiménez, el cual dista aproximadamente dos horas de la cabecera municipal, al tomar la autopista que conduce a Torreón.

Cerca del kilómetro 157, se encuentra un puente, de ahí, se debe salir de la arteria para tomar una pequeña desviación que lleva a la carretera al ejido Escalón, y de ahí, continuar hasta el ejido Liberación.

Posteriormente, la travesía ofrece accidentadas brechas desérticas rodeadas de maleza, así como flora compuesta por cactáceas principalmente, y donde la tierra levantada por la fricción de los neumáticos. forma tolvaneras que acortan la visibilidad del camino.

Pese a que es invierno, en el día el sol no tiene clemencia en el desierto, por lo que a pesar de que el aire sopla frío, el sol tuesta la piel y calienta las ropas y vehículos, de quienes se aventuran a conocer el cenote.

Cuando el camino pareciera no terminar, se ve a lo alto de un potrero del rancho Peñoles, que ofrece el panorama de la llanura desértica, la elevación de la estructura de un malacate metálico, el cual es movido por un motor de 250 caballos de fuerza, que, a su vez, es alimentado por diésel.


ABISMO VERTICAL INFINITO

Más imponente que el desierto mismo que ofrece la travesía, es admirar el majestuoso cenote, cuya boca alcanza fácilmente los cincuenta metros de diámetro, que son sólo la entrada a este abismo vertical que pareciera ser infinito en profundidad.

Son entre 185 y 200 metros la distancia que separa la entrada con las entrañas de “El Hundido”, las cuales albergan una pequeña isla formada por las rocas y la tierra que ha caído por décadas, o tal vez siglos, así como una laguna que se extiende en una superficie comparada con las dimensiones de un estadio de futbol profesional.


FAUCES PÉTREAS

Sin embargo, no solo el diámetro y la profundidad impactan al aventurero que llega al lugar, sino las fauces que circundan el cono de descenso al socavón, las cuales están formadas por filosos colmillos pétreos, fijados a las salientes internas del mismo, y que se prolongan a lo largo de este abismo.

ORIGEN DEL HUNDIDO

Hablar de “El Hundido” es hablar de mística y ciencia, sobre todo con todo aquello que tiene que ver con el origen de este capricho natural, peligroso, posiblemente aterrador o atractivo, según el cristal con que se mire, y en el que todo puede ser horrible, o terriblemente bello como en esta formación geológica.

“El Hundido” como tal, aguardaba oculto en lo accidentado del desierto, aguardando a que Don Luis Martínez, un oriundo de La Laguna, lo descubriera hace ya más de medio siglo, preservándolo en secreto durante varias décadas, con el fin de evitar la invasión o el apropiamiento por parte del gobierno.

No obstante, la imponencia y cualidades de este lugar, lo hicieron digno de ser presentado al mundo, ya que se trata del cenote más profundo del Estado grande y el más grande al norte de la República Mexicana.

Pero el origen del feroz precipicio data más atrás de su descubrimiento, y aunque no se sabe exactamente cuándo se formó, existen varias teorías entre los lugareños sobre cómo se formó el cenote.

Y es que hay quienes dicen, e incluso aseguran que “El Hundido”, se debe a la voluntad cósmica, la cual envió un aerolito, el cual, con el impacto en la llanura desértica, abrió este boquete que albergaba la laguna y ríos subterráneos que desembocan en Cuatro Ciénagas, Coahuila.

Aunque también aquí encajan las teorías de quienes se basan en el método científico, y señalan que el cenote se formó debido a la corriente del agua, que al pasar de los años remojó, gastó y degradó, las rocas del potrero, colapsando y dando lugar al colosal pozo.

TESTIGO DE CIVILIZACIONES

Pese a que no se cuenta con una fecha exacta de su origen, hay quienes dicen que en el lugar se han encontrado fósiles de animales antiguos, así como de puntas de flechas y lanzas usadas por nuestros antepasados.

La exploración ha sido limitada en este lugar, pero se cree que seguramente las profundidades de las aguas subterráneas, guardan restos de personas que posiblemente fueron ofrecidas en sacrificio por los pueblos antiguos.

Trasciende además un fenómeno que ni lo místico o la ciencia han podido precisar, o al menos explicar, y es que la bestia conocida como “El Hundido”, ruge repentinamente con un estruendo que emana de sus entrañas, y que, a su vez, es el preámbulo que anuncia la caída de lluvia dentro de los próximos quince días.

FUENTE DE VIDA

Aunque la tierra árida y seca del desierto chihuahuense brinda un entorno adverso para la ganadería o la agricultura, dichas actividades son clave para la economía de la región, por lo que es indispensable contar con una fuente agua para poder practicarlas.

Es ahí donde el socavón se convierte en una fuente de vida para la región que lo alberga, ya que, con un sistema de extracción por bombero, de sus entrañas se extrae el vital líquido que se utiliza para el riego de cultivos y abasto de abrevaderos para el ganado.

Y aunque hasta el momento no se han encontrado peces en las aguas de “El Hundido”, al tratarse de un ecosistema único, se cree que en alguna parte sus aguas deben ser santuario de fauna que no ha sido explorada.

LA TRAGEDIA

Líneas arriba se hablaba de la ferocidad de este cenote, el cual desafortunadamente desde el pasado domingo se relaciona con la tragedia, su propietario, el doctor Rodolfo Antonio Martínez Torres, hijo del descubridor Luis Martínez, cayó al fondo de “su Hundido”.

El hoy fenecido descendía al núcleo del abismo para colocar una bomba sumergible; sin embargo, dicho aparato aportó un sobrepeso considerable a la canastilla que se utiliza para bajar, lo cual provocó que el cable de acero que la sostenía, colapsara.

Fue el 24 de febrero, cerca de las 13:00 horas, cuando se reportaba que una persona había caído a este lugar, lo que derivó en la movilización de rescatistas de Jiménez y de Cruz Roja de Parral; sin embargo, ese día no se pudo hacer nada.

La oscuridad de la noche ya caída, la posible presencia de murciélagos y demás fauna nociva, aunado a la falta de equipamiento necesario, impidieron el descenso de rescatistas. Y es que ni socorristas de Jiménez, ni de Cruz Roja de Parral, contaban de primera instancia con una soga que permitiera bajar a los cerca de 200 metros que se estiman de profundidad de “El hundido".

Socorristas de Jiménez, así como de Parral, pernoctarán en el ejido Liberación para continuar labores a primeras horas del lunes 25 de febrero. Cabe señalar que más socorristas de Cruz Roja de Parral partieron durante la madrugada al referido lugar para llevar equipo y sumarse a las labores de rescate del cuerpo del doctor Rodolfo Martínez. Asimismo, socorristas de Cruz Roja de Chihuahua, así como de Protección Civil Estatal arribaron al lugar para coadyuvar en los trabajos.

Fue cerca de las 10:00 horas en que se montó el sistema de descenso, en que dos rescatistas descendieron a la caverna, y fue hasta dentro de cuatro horas, cerca de las 14:00 horas en que el cuerpo sin vida de Martínez fue sacado de las profundidades de “El Hundido”.

El accidente corrió como reguero de pólvora conmocionando a propios y ajenos, ya que Martínez era famoso por “su Hundido”, pero, sobre todo, por su don de gente, calidez y hospitalidad para todo aquel que, con responsabilidad y precaución, pero, sobre todo, con un fin coherente, deseara conocer el cenote.

Desde el día del deceso hablar de “El Hundido” será rememorar el trágico accidente; sin embargo, las cualidades de maravilla natural, así como los sueños que en vida dio a Martínez Torres, se fusionan con la memoria de quien reveló al mundo este tesoro chihuahuense.



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