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No acepto sin reserva la opinión de ningún hombre, vivo o muerto

  • Ing. Adalberto Gutiérrez Chávez

Me disculpo, estimados lectores, porque aunque debiera, y sería un buen tema para hoy, pero no tengo ni el valor ni los argumentos suficientes para escribir acerca de los candidatos a la Presidencia de la República Mexicana. Irónicamente es más sencillo entender a los clásicos griegos. Ante la incapacidad para opinar de los simples temas como la política que nos rodea, sólo pondré por aquí, que debemos cuestionar todas las ideas, tesis, argumentos, empezando por las propias, pues como dijo hace poco más de un siglo, Horacio Greeley, uno de los fundadores del partido republicano (al que representa D. Trump) y director del New York Tribune, uno de los periódicos más influyentes de Nueva York:

“No acepto sin reserva la opinión de ningún hombre, vivo o muerto” Tomo las palabras de este señor como un buen consejo y con esta divisa y con esta invitación me presento siempre ante ustedes.

Ante mi incredulidad y confusión recurro en busca de ayuda a los antiguos sabios y me echo un viaje en los siglos con la intensión de comprender mi presente. A final de cuentas muchos de los fenómenos de nuestra actualidad, descansan en la filosofía antigua. Platón murió hace ya más de veintitrés siglos, sin embargo los intelectuales todavía se ocupan de su obra. El filosofo más grande de la era precristiana, que reflejó en sus obras a los filósofos védicos que estuvieron en este mundo millares de años antes que él, en resumidas cuentas nos dice que tenemos una intuición que nos da el criterio para conocer la verdad, “Más allá de las existencias finitas y causas secundarias de las leyes, ideas, principios, hay una inteligencia o mente” En este momento me parece que Platón está más vivo que muchos, igual que aquel hombre que dijo: “por eso les hablo por parábolas; porque viendo no ven y oyendo no oyen ni entienden”

Lo que pasa a nuestro alrededor es tan sicodélico como los más extraños sueños que a veces tenemos. Tal vez solo estemos viviendo un sueño, viendo sombras y creyéndolas realidades. Si en la vida material dejamos de entregarnos absolutamente a los sentidos pudiéramos despertar en nosotros la reminiscencia del mundo superior en que ya hemos vivido.

La humanidad en general desea mejorar y lo hace constantemente, nuestros seres espirituales y de ciencia de la actualidad nos deben demostrar, esto. ¿Qué otro sentido puede tener nuestra estancia aquí en la tierra?