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Las creencias y los efectos de éstas en nuestra vida

  • Profr. Steve Sanchez

Nuestras creencias, sean políticas, económicas o religiosas, entre otras, son tan importantes en nuestras vidas y condicionan tanto las de las personas que nos rodean, que merece la pena profundizar detenidamente sobre ellas, especialmente en estos momentos en que la falta de soluciones y modelos de referencia ante las enormes discontinuidades y crisis que estamos viviendo, hace que nos refugiemos en ellas. La creencia es una afirmación no demostrable, esto no significa que no sea cierta, pero no podemos comprobarla y, sin embargo, a veces la defendemos a muerte. Incluso, intentando imponerla a la fuerza como si fuera una verdad absoluta. Las creencias, ya sean individuales o colectivas, pueden generar grandes beneficios, pero también grandes perjuicios, tanto para el que las tiene como para el que se ve afectado por las de otros, la mayor parte de esas creencias se nos han adherido con escasa o nula reflexión por nuestra parte. Reflexionar y debatir sobre qué son las creencias, si son positivas o negativas, en su naturaleza o en el uso que hacemos de ellas, de dónde provienen, si las necesitamos o no, qué actitud debemos adoptar frente a ellas y hasta qué punto debemos imponerlas o compartirlas con los demás. Es prioritario para nuestro desarrollo personal individual y colectivo, entendemos creencia como “una posición intelectual que puede convertirse en una posición vivencial que se sitúa siempre más allá de cualquier tipo de argumentación lógica y de cualquier posibilidad de comprobación empírica”.  Desafortunadamente, siempre nos estamos recriminando nuestros defectos y deficiencias, y anhelamos todas aquellas cualidades que no poseemos, lo cual se refleja en todos los campos de nuestra vida. Deseamos la casa que no tenemos, el coche que no poseemos, el dinero que no tenemos, la mujer, el hijo, la familia, etcétera, y debemos aprender a amar lo que poseemos. La creencia no contradice, en principio, ni a la argumentación lógica ni a la comprobación empírica, simplemente las trasciende y las ignora, las personas y los grupos tenemos sistemas de creencias o modos de ver el mundo que provienen de nuestra cultura, familia, historia, tradición, religiones; pero también de lo que vemos en los medios y lo que encontramos en Internet. La mayoría de las creencias las hemos asimilado sin ponerlas en cuestión, sin pensarlas ni analizarlas. Muchas nos las han impuesto por convencimiento o intereses de otros que dan sentido a nuestra vida, determinan enormemente las identidades individuales y colectivas. Orientan nuestros actos con implicaciones para nosotros y para los demás, no se puede vivir sin creencias;, sin embargo, muchas veces esas creencias que nos ayudan, también nos enfrentan a las personas y pueden generar mutuo rechazo, y llegar a la violencia cuando las creencias se asumen ciegamente, pueden provocar violencia e imposición sobre otros, revisar el fundamento de las propias creencias nos puede ayudar a madurar como personas, a evitar ser arrastrados por las corrientes de opinión y comprender también las de los otros. En este sentido, parece que ser algo más “dudantes” (que no indecisos) y menos creyentes, puede ser muy recomendable, también ser más conscientes de que no debemos imponer “cómo si nos fuera la vida” afirmaciones que pueden no ser ciertas, revisar nuestras creencias y las de los demás, con un mayor pensamiento crítico, nos permitirá tener mejor y más asumido conocimiento, ser más libres y gestionar mejor nuestras vidas, también impactará positivamente las vidas de los demás. Desde esta columna mando un caluroso saludo a una querida lectora, la Sra. Sandra Leticia Domínguez Salcido, por su extraordinario programa de radio (Las voces de los Ángeles).