imagotipo

La habilidad de hacer frente a nuestros miedos

  • Profr. Steve Sanchez

Vivimos en un mundo que nos exige muchas cosas y, si no las cumplimos, nos preocupamos demasiado; tememos por lo que nos suceda después y es ahí que nos preguntamos: ¿Cómo vivir sin miedos?

Imagina que se te cumpliera el deseo de vivir sin miedos. ¿Cómo te iría en las relaciones de pareja? Supongamos que siempre has tenido miedo al rechazo, miedo al abandono. El miedo es una emoción que produce una extraña excitación por lo nuevo y lo desconocido; en muchos casos el inconsciente te advierte de algún peligro mediante el miedo (nerviosismo, sudoración, aceleración del puso cardíaco, etc.) Y es que el inconsciente ha almacenado datos de tu pasado. Entre los miedos más usuales están el miedo al rechazo, miedo al fracaso y el miedo a lo desconocido. El miedo estará acompañándote en todo momento y es por ello que, en vez de ignorarlo, en vez de desaparecerlo, en vez de ahuyentarlo de tu vida, haz que el miedo forme parte de tu progreso personal, haz que el miedo te dé la contra para que tú lo superes en todo momento, haz que el miedo sea tu principal rival para llegar a la cima del éxito. Todos nosotros necesitamos un poco de reto y de dificultad para hacer que nuestras vidas tengan sentido, para hacer que nuestra vida sea un poco más interesante y estoy seguro que, con el miedo, lo puedes llegar a sentir así. Siempre que el miedo aparezca en tu vida puedes decirle algo como: ‘‘Muy bien, ahora vamos a ver quién gana’’ y estoy seguro que vas a ganar, si tienes una fuerza de superación personal muy desarrollada; el problema es cuando no somos capaces de darnos cuenta de que dejamos de actuar por culpa del miedo o que es el miedo el que nos lleva a actuar mal. No siempre es necesario quedarse quieto y no hacer nada para ver a una persona atemorizada; hay personas que boicotean de forma muy activa sus relaciones por culpa de sus miedos y no son conscientes de ello. El miedo empieza dentro de nosotros cuando nos imaginamos la situación que nos atemoriza, somos capaces de imaginar lo peor y, gracias a ello, todavía sentimos más presión, más nervios, más miedo en definitiva. No debemos permitir que nuestra imaginación les alimente. Mientras imaginamos ya sentimos el miedo, lo podemos vivir sin necesidad de enfrentarnos a lo que nos está produciendo ese miedo; si lo analizas calmadamente, verás que es cierto: imaginas y empiezas a tener todos los síntomas del miedo, los mismos que tienes cuando te enfrentas a la situación en realidad. El miedo nos impide movernos, pensar con claridad, responder de forma ágil… y eres capaz de sentirlo en cualquier sitio, sólo con conectarte mentalmente con la situación que está produciendo ese miedo. Otra cosa común en nuestra vida es no pasar a la acción, quedarnos totalmente petrificados, inmóviles, callados es cuando te encuentras ante el público o el círculo de gente con la que tienes que hablar y no salen las palabras. Puede que al final consigas salir corriendo, pero tú ya no controlas la situación. Cuando el miedo nos controla ya no somos nosotros y no hacemos las cosas de forma coherente, el miedo nunca va a ser un buen consejero, piensa sí o no, qué haces cuando tienes miedo de estar solo en casa: dejas todas las luces prendidas, ¿te va a salvar eso de algo? Debemos conseguir que la imaginación no lo pinte todo tan negro y enfrentarnos al miedo con mentalidad de ganador. Cuando le ganemos la siguiente vez que tengamos que enfrentarnos a ello no será tan difícil y, por supuesto, ya no temeremos como antes.