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Docente

  • Ana Verónica Torres Licón

Cada día, rumbo a la escuela, Me cuestiono:¿ qué lecciones me deparará el  destino? Cada jornada es diferente y cada día distinto.                                                                                         Aprendo diario de mis alumnos, de mis compañeros, pues son guía y ejemplo.

Yo soy provista de mis mejores métodos, sin embargo descubro un nuevo reto: Conocer a los alumnos, mirar atenta sus gestos, determinar si están tristes, si tienen el estómago repleto, ¿habrán tenido suficientes horas de sueño?

¿Cómo impartir lecciones? si están cansados, somnolientos y en ocasiones asustados? En ciertos momentos trato de ignorar sus murmullos, pego un grito con gran estruendo, ¡Silencio todos! Callen, callen o del salón los corro.

Para algunos muchachos, ir a la escuela, es un acto de esparcimiento; Para otros tantos, un remanso de reposo y ajetreo, donde n o existen ni los temores, ni el miedo.

El docente ha sido llamado para cambiar el mundo a través del conocimiento, se le ha encomendado

una misión enorme, educar al ser humano.

La vocación docente es de la vida un llamado, compartir con el mundo, transformar cada día, el entorno y lo cotidiano.

El docente lucha contra los prejuicios, los vicios y conceptos falsos; esgrime con valor un libro empuñado; y en su corazón un fuego arde apasionado.

Ser docente es profesión, vocación, transformación y cambio.