/ jueves 26 de marzo de 2020

Unidad ante la adversidad

En el confinamiento de las paredes de mi hogar, he tenido mucho tiempo para reflexionar, meditar, orar y organizar mi espacio externo e interno.

Me gustaría comentar que no he permitido que el miedo, la incertidumbre, el pánico y desconcierto, lleguen cual fantasmas silenciosos y se alojen en mi corazón y pensamientos; que no he tenido que luchar ante la exigencia de colocar cadenas y candados a mis brazos, para que no corran a aprisionar a mis seres queridos; a sellar mis labios, cerrar los puños de mis manos que desean sentir el contacto humano; tragarme las lágrimas y no poder estar cerca de las personas que quiero en los momentos de infortunio que están atravesando; al amigo enfermo, al anciano solitario, acompañar a dar sepultura a quien llegó al fin de su camino, estrechar cerca de mi corazón a los seres que amo; debo hurgar en lo más recóndito para buscar la valentía que debe prevalecer ante situaciones de emergencia. Aprender a ocupar mi tiempo, buscando en los quehaceres cotidianos del hogar, en la lectura y escritura, mitigar y esconder las sombras terroríficas que todos los medios informativos están dando a conocer.

En la medida que la información penetra a la conciencia, el velo de la esperanza va cayendo lentamente; el cobid 19 continúa su avance inexorable, rompiendo barreras de continentes y países, sin solicitar permiso; ostenta una corona que muestra al mundo su poderío, dejando a su paso estelas de destrucción en todos los ámbitos: de la salud, emocionales, sociales y económicos.

Gran cantidad de mensajes circulan por las redes sociales, algunos cargados de esperanza y positivismo, rescatando la urgencia que teníamos como humanidad de hacer un alto en el camino, de darle un respiro a nuestro planeta, de reencontrarnos con nosotros mismos, con la esencia de las cosas, de reconocer en la soledad y aislamiento el Ser interno.

Otro tantos, abanderados en la fe, en el poder de la oración; de unir plegarias al unísono, para que atraviesen los cielos y haya misericordia.

Otros, se encargan de negar las realidades dantescas, aludiendo que solamente son artimañas políticas para desequilibrar la economía de los países desarrollados o incluso, que fue un virus creado para disminuir la población mundial.

Esa diversidad de información, de pensamientos y acciones son las etapas que anteceden a un duelo: Negación, ira, negociación, depresión y aceptación.

Desde mi humilde óptica, entre más pronto lleguemos a la última etapa que es la aceptación de los hechos, más conciencia y responsabilidad emanará de nuestras acciones.

Reconozco y aplaudo muchas de las estrategias que se han implementado; solo requerimos más conciencia social. Estamos en tiempos de crisis. Los empleos empiezan a mermar, los precios a subir y el desplome económico se avizora en el camino. Sin embargo, la salud es lo más importante, para tener un escudo de fortaleza ante las adversidades.

Cito un fragmento del poema que escribió Kitty O`Meara, maestra y asistente espiritual en hospitales de E.U.A.

…Y cuando pasó el peligro, y la gente se unió de nuevo, lamentaron sus pérdidas, tomaron nuevas decisiones, soñaron nuevas imágenes, crearon nuevas formas de vivir y curaron la tierra por completo, tal y como ellos habían sido curados".

En el confinamiento de las paredes de mi hogar, he tenido mucho tiempo para reflexionar, meditar, orar y organizar mi espacio externo e interno.

Me gustaría comentar que no he permitido que el miedo, la incertidumbre, el pánico y desconcierto, lleguen cual fantasmas silenciosos y se alojen en mi corazón y pensamientos; que no he tenido que luchar ante la exigencia de colocar cadenas y candados a mis brazos, para que no corran a aprisionar a mis seres queridos; a sellar mis labios, cerrar los puños de mis manos que desean sentir el contacto humano; tragarme las lágrimas y no poder estar cerca de las personas que quiero en los momentos de infortunio que están atravesando; al amigo enfermo, al anciano solitario, acompañar a dar sepultura a quien llegó al fin de su camino, estrechar cerca de mi corazón a los seres que amo; debo hurgar en lo más recóndito para buscar la valentía que debe prevalecer ante situaciones de emergencia. Aprender a ocupar mi tiempo, buscando en los quehaceres cotidianos del hogar, en la lectura y escritura, mitigar y esconder las sombras terroríficas que todos los medios informativos están dando a conocer.

En la medida que la información penetra a la conciencia, el velo de la esperanza va cayendo lentamente; el cobid 19 continúa su avance inexorable, rompiendo barreras de continentes y países, sin solicitar permiso; ostenta una corona que muestra al mundo su poderío, dejando a su paso estelas de destrucción en todos los ámbitos: de la salud, emocionales, sociales y económicos.

Gran cantidad de mensajes circulan por las redes sociales, algunos cargados de esperanza y positivismo, rescatando la urgencia que teníamos como humanidad de hacer un alto en el camino, de darle un respiro a nuestro planeta, de reencontrarnos con nosotros mismos, con la esencia de las cosas, de reconocer en la soledad y aislamiento el Ser interno.

Otro tantos, abanderados en la fe, en el poder de la oración; de unir plegarias al unísono, para que atraviesen los cielos y haya misericordia.

Otros, se encargan de negar las realidades dantescas, aludiendo que solamente son artimañas políticas para desequilibrar la economía de los países desarrollados o incluso, que fue un virus creado para disminuir la población mundial.

Esa diversidad de información, de pensamientos y acciones son las etapas que anteceden a un duelo: Negación, ira, negociación, depresión y aceptación.

Desde mi humilde óptica, entre más pronto lleguemos a la última etapa que es la aceptación de los hechos, más conciencia y responsabilidad emanará de nuestras acciones.

Reconozco y aplaudo muchas de las estrategias que se han implementado; solo requerimos más conciencia social. Estamos en tiempos de crisis. Los empleos empiezan a mermar, los precios a subir y el desplome económico se avizora en el camino. Sin embargo, la salud es lo más importante, para tener un escudo de fortaleza ante las adversidades.

Cito un fragmento del poema que escribió Kitty O`Meara, maestra y asistente espiritual en hospitales de E.U.A.

…Y cuando pasó el peligro, y la gente se unió de nuevo, lamentaron sus pérdidas, tomaron nuevas decisiones, soñaron nuevas imágenes, crearon nuevas formas de vivir y curaron la tierra por completo, tal y como ellos habían sido curados".