/ miércoles 30 de septiembre de 2020

Todo el mundo es un maestro | El ciclo de la vida

Como una rueda de la fortuna giramos, como gira nuestro planeta en su propio eje y alrededor del sol, giramos sin cesar. Damos vueltas. Subimos y bajamos y a veces como es arriba es abajo. Somos un universo dentro de otro universo. Somos polvo de estrellas en sentido literal.

Vamos dando vueltas tratando de entender nuestro propósito. Tratando de ser un poco de luz que al caminar no solo va tirando basura sino también vamos cantando, vibrando con la armonía del universo. Descubramos, aprendamos, enseñemos, constantemente abramos nuestra mente a la vida y su diversidad, rectifiquemos errores.

Te puede tocar ser juez y también ser juzgado. Hay infinidad de posibilidades ante una manera de accionar. “Si hago esto puede que ocurra esto, pero si hago lo otro puede que suceda algo diferente”. Y también hay tantas acciones predeterminas en la programación de la matrix que no podemos cambiar y sólo nos queda fluir y tratar de sobrevivir en la corriente del río. Podemos abrazar la posibilidad de ser nosotros mismos con todas sus consecuencias.

Tal vez haya la posibilidad de hackear el programa predeterminado para nuestra existencia, tal vez podamos inmiscuirnos en el pequeño porcentaje que reta su propio destino. Tal vez podemos ampliar nuestras opciones aún las que están diseñadas según las lecciones o las experiencias que vivimos. Ese programa, en esta vida, es solo una pincelada del programa de todos los ciclos de vidas. Tal vez cada quien pueda dirigir su propio programa consciente o inconscientemente. Todos somos imprescindibles en este cambio evolutivo global. Las decisiones que tomamos a nivel personal influyen en la colectividad. Todos somos uno, somos una humanidad unida, aunque a veces el miedo y la ceguera nos desconectan. Cambiamos en nuestro interior. Siempre estamos en un constante proceso de cambio. Es el principio universal que todo lo mueve. Así que las cosas se pueden modificar en un instante. No subestimemos el poder de nuestros pensamientos, de nuestra mente, de nuestro corazón.

En sentido literal somos polvo de estrellas, no es solo una frase poética y que en verdad lo ha sido desde siglos, antes de que la ciencia descubriera que realmente somos polvo de estrellas. La vida se compone principalmente de carbono, hidrogeno, oxigeno y nitrógeno, mismos elementos y muchos más que contienen las estrellas.

Al morir una estrella su agonía dura millones de años en lo que su pérdida de hidrogeno se va transformando en otros elementos como el helio, finalmente al morir se crea una explosión de elementos creados al interior de la estrella, más los sintetizados durante la supernova y son repartidos en el espacio, formando una nueva nebulosa con polvo de estrellas de la que se formara una nueva estrella, que contendrá elementos creados en la estrella muerta y alrededor de esta estrella se formaran planetas como el nuestro. Al igual que ellas nacemos, vivimos y morimos, nos convertimos en polvo que se esparce por el universo.


Como una rueda de la fortuna giramos, como gira nuestro planeta en su propio eje y alrededor del sol, giramos sin cesar. Damos vueltas. Subimos y bajamos y a veces como es arriba es abajo. Somos un universo dentro de otro universo. Somos polvo de estrellas en sentido literal.

Vamos dando vueltas tratando de entender nuestro propósito. Tratando de ser un poco de luz que al caminar no solo va tirando basura sino también vamos cantando, vibrando con la armonía del universo. Descubramos, aprendamos, enseñemos, constantemente abramos nuestra mente a la vida y su diversidad, rectifiquemos errores.

Te puede tocar ser juez y también ser juzgado. Hay infinidad de posibilidades ante una manera de accionar. “Si hago esto puede que ocurra esto, pero si hago lo otro puede que suceda algo diferente”. Y también hay tantas acciones predeterminas en la programación de la matrix que no podemos cambiar y sólo nos queda fluir y tratar de sobrevivir en la corriente del río. Podemos abrazar la posibilidad de ser nosotros mismos con todas sus consecuencias.

Tal vez haya la posibilidad de hackear el programa predeterminado para nuestra existencia, tal vez podamos inmiscuirnos en el pequeño porcentaje que reta su propio destino. Tal vez podemos ampliar nuestras opciones aún las que están diseñadas según las lecciones o las experiencias que vivimos. Ese programa, en esta vida, es solo una pincelada del programa de todos los ciclos de vidas. Tal vez cada quien pueda dirigir su propio programa consciente o inconscientemente. Todos somos imprescindibles en este cambio evolutivo global. Las decisiones que tomamos a nivel personal influyen en la colectividad. Todos somos uno, somos una humanidad unida, aunque a veces el miedo y la ceguera nos desconectan. Cambiamos en nuestro interior. Siempre estamos en un constante proceso de cambio. Es el principio universal que todo lo mueve. Así que las cosas se pueden modificar en un instante. No subestimemos el poder de nuestros pensamientos, de nuestra mente, de nuestro corazón.

En sentido literal somos polvo de estrellas, no es solo una frase poética y que en verdad lo ha sido desde siglos, antes de que la ciencia descubriera que realmente somos polvo de estrellas. La vida se compone principalmente de carbono, hidrogeno, oxigeno y nitrógeno, mismos elementos y muchos más que contienen las estrellas.

Al morir una estrella su agonía dura millones de años en lo que su pérdida de hidrogeno se va transformando en otros elementos como el helio, finalmente al morir se crea una explosión de elementos creados al interior de la estrella, más los sintetizados durante la supernova y son repartidos en el espacio, formando una nueva nebulosa con polvo de estrellas de la que se formara una nueva estrella, que contendrá elementos creados en la estrella muerta y alrededor de esta estrella se formaran planetas como el nuestro. Al igual que ellas nacemos, vivimos y morimos, nos convertimos en polvo que se esparce por el universo.