/ miércoles 25 de agosto de 2021

Todo el mundo es tu maestro | Los hijos que le dejamos al mundo

Es de cuestionarse que les espera a nuestros hijos y a los hijos de los hijos de nuestros hijos. ¿Qué clase de hijos se quedan a cargo del mundo? Espero, creo, tengo fe, en que las generaciones venideras sean más conscientes de la importancia de cuidar el planeta, el único que conocemos y podemos habitar. Que no vayan a ser ese tipo de gobernantes como muchos de los que nos ha tocado conocer y que caen mal, ya sea por rateros, por hipócritas o lo que sea . Cruzo dedos y hago oración porque cada vez son menos las personas que se interesan por acumular riqueza para su corta vida. Que la soberbia, el ego, la avaricia, el egoísmo pierdan adeptos y poder y se abra paso a la humildad, la amabilidad, justicia, bondad, en fin los sentimientos que están del bando del amor y que finalmente son los que extienden la vida. La vida entera y eterna.

Para muchos padres, la crianza de los hijos es sin duda uno de los trabajos más gratificantes. Un placer que sí se lleva a la tumba, es saber que criamos personas que cada día se esfuerzan por darle luz a su alma y su entorno. Como padre sé que no soy perfecto ni tengo los hijos perfectos sin embargo el hecho de que son infinitamente amados les da la posibilidad de desarrollar grandes capacidades para aportar un mejor entorno a las generaciones venideras.

Afortunadamente no soy padre de un gobernador que huye o de uno que se cree inmaculado. Es trabajo diario y hasta el final de nuestros días como padres fomentar a nuestros hijos la sencillez, la solidaridad, el trabajo honrado. Les evitaremos en un futuro, no solo la cárcel o un cruel destino, sino que los apoyaremos a preservar su alma.

Otro sería nuestro mundo, si por ejemplo nuestros hijos fueran conscientes que la corrupción que los hace enriquecerse por medios ilícitos y les brinda éxitos pasajeros les roba el alma.

Si formamos hijos que entiendan y repudien la corrupción, sin duda nuestra sociedad tendría más posibilidades de justicia. Si realmente razonamos y amamos la responsabilidad de ser padres, nuestras sociedades progresaron. Tenemos desde niños que enseñarles a compartir, a apoyar a los que menos tienen y pueden, a no abusar de su fuerza, de sus conocimientos, de sus oportunidades. Los hijos deben sentirse amados, apoyados, valorados para poder desarrollar su potencial y saber que son capaces de conquistar sus metas. Cierto que también debemos enseñarlos a que aprovechen las posibilidades que la vida les ofrece siempre y que su éxito les pertenezca realmente y no sea a costa de pisotear a otros, como la ley de la selva, donde los más fuertes se comen al más débil. Esta ley debe cambiar en un mundo justo y civilizado

Es fácil opinar sobre lo que es correcto como padres, sin embargo los hijos aprenden más por el ejemplo, lo cual nos compromete y resulta un trabajo de 24 horas diarias durante todo lo que nos reste de vida. Debemos permitirles disfrutar de nuestra capacidad de ser felices al amarlos. Valorar y comprender lo que cuesta sobrevivir. Sobre todo que sepan que somos libres y cada uno tiene su propia vida. Ni soy su dueño de ellos ni ellos de mí. Cada uno dueño de su ser.

Es increíble lo mucho que podemos aprender los padres de los hijos y los hijos de los padres, lo fácil que es amarnos y lo difícil que es ser responsables, dejarlos libres, sin apegos y con valores para vivir la mejor de las vidas.

ADALBERTO GUTIERREZ CAHVEZ | INGENIERO AGRONOMO

Es de cuestionarse que les espera a nuestros hijos y a los hijos de los hijos de nuestros hijos. ¿Qué clase de hijos se quedan a cargo del mundo? Espero, creo, tengo fe, en que las generaciones venideras sean más conscientes de la importancia de cuidar el planeta, el único que conocemos y podemos habitar. Que no vayan a ser ese tipo de gobernantes como muchos de los que nos ha tocado conocer y que caen mal, ya sea por rateros, por hipócritas o lo que sea . Cruzo dedos y hago oración porque cada vez son menos las personas que se interesan por acumular riqueza para su corta vida. Que la soberbia, el ego, la avaricia, el egoísmo pierdan adeptos y poder y se abra paso a la humildad, la amabilidad, justicia, bondad, en fin los sentimientos que están del bando del amor y que finalmente son los que extienden la vida. La vida entera y eterna.

Para muchos padres, la crianza de los hijos es sin duda uno de los trabajos más gratificantes. Un placer que sí se lleva a la tumba, es saber que criamos personas que cada día se esfuerzan por darle luz a su alma y su entorno. Como padre sé que no soy perfecto ni tengo los hijos perfectos sin embargo el hecho de que son infinitamente amados les da la posibilidad de desarrollar grandes capacidades para aportar un mejor entorno a las generaciones venideras.

Afortunadamente no soy padre de un gobernador que huye o de uno que se cree inmaculado. Es trabajo diario y hasta el final de nuestros días como padres fomentar a nuestros hijos la sencillez, la solidaridad, el trabajo honrado. Les evitaremos en un futuro, no solo la cárcel o un cruel destino, sino que los apoyaremos a preservar su alma.

Otro sería nuestro mundo, si por ejemplo nuestros hijos fueran conscientes que la corrupción que los hace enriquecerse por medios ilícitos y les brinda éxitos pasajeros les roba el alma.

Si formamos hijos que entiendan y repudien la corrupción, sin duda nuestra sociedad tendría más posibilidades de justicia. Si realmente razonamos y amamos la responsabilidad de ser padres, nuestras sociedades progresaron. Tenemos desde niños que enseñarles a compartir, a apoyar a los que menos tienen y pueden, a no abusar de su fuerza, de sus conocimientos, de sus oportunidades. Los hijos deben sentirse amados, apoyados, valorados para poder desarrollar su potencial y saber que son capaces de conquistar sus metas. Cierto que también debemos enseñarlos a que aprovechen las posibilidades que la vida les ofrece siempre y que su éxito les pertenezca realmente y no sea a costa de pisotear a otros, como la ley de la selva, donde los más fuertes se comen al más débil. Esta ley debe cambiar en un mundo justo y civilizado

Es fácil opinar sobre lo que es correcto como padres, sin embargo los hijos aprenden más por el ejemplo, lo cual nos compromete y resulta un trabajo de 24 horas diarias durante todo lo que nos reste de vida. Debemos permitirles disfrutar de nuestra capacidad de ser felices al amarlos. Valorar y comprender lo que cuesta sobrevivir. Sobre todo que sepan que somos libres y cada uno tiene su propia vida. Ni soy su dueño de ellos ni ellos de mí. Cada uno dueño de su ser.

Es increíble lo mucho que podemos aprender los padres de los hijos y los hijos de los padres, lo fácil que es amarnos y lo difícil que es ser responsables, dejarlos libres, sin apegos y con valores para vivir la mejor de las vidas.

ADALBERTO GUTIERREZ CAHVEZ | INGENIERO AGRONOMO