/ miércoles 13 de octubre de 2021

Todo el mundo es tu maestro | Confesiones de un moribundo

Heme aquí al borde de la tumba, momento en que sólo la verdad impera.

Por mi mente, cual fantasmas, pasan los momentos que alegremente viví:

Con mis padres, mi esposa, mis hijos

hogar, fundamento y razón de mi existir.

Recuerdos en que la mente, eficaz y lúcida quisiera retomar

Re escribir las hojas del libro de la vida;

no con el deseo de vivir más lo que esta por acabar;

pero si por enmendar, las faltas que en la vida siempre, siempre se han de llevar.

y heme aquí al borde de la tumba,

desearía que la vida volviera a empezar y en ello dar nuevamente,

Mejores consejos, mejor protección a mis hijos

Mayores cuidados y respeto al hogar.

Nacer es vida, morir verdad, y al borde de la tumba empieza lo que nunca va a terminar.

Heme aquí

Moribundo

por mi mente los fantasmas

De aquellos momentos que alegremente viví:

Mis padres, esposa y mis hijos

fundamentó y razón de mi existir.

Mi papá siempre insistía en la importancia de los matrimonios felices, de respetar a nuestra pareja y amarla. “Amor” una de sus palabras favoritas. A veces me parecería anticuado y un poco machista en sus pensamientos y discutíamos un poco, y ahora que me falta su presencia física, palabras que pudieron parecerme anticuadas y lo que en un tiempo le critique cursi, ahora son un tesoro invaluable en mi corazón, un remanso de sabiduría. Ahora todo ese montón de hojas escritas con su puño y letra se convierten en un legado que le da sentido a mi existencia. Su montón de hojas de maquina, su inconfundible letra que reconozco desde mi infancia, su mal uso de mayúsculas y minúsculas, sus acentos mal colocados se van conformando en una evidencia de como el amor obra de maneras impredecibles. Voy atando las letras, palabras, recuerdos, fotografías y todos se va hilando en un espíritu en donde va tomando sentido la vida, la muerte, la inmortalidad, la eternidad, la espiritualidad. Definitivamente la muerte de un cuerpo para nada tiene que ser la muerte de un espíritu. La protección paterna no tiene límites. Mi papá menciona en su poema que solo para enmendar errores le gustaría regresar el tiempo y vivir nuevamente la misma vida pero con menos errores, sin embargo para mi cualquier error puede enmendarse con la fuerza del amor. La fuerza espiritual de nuestros ancestros va descifrando el camino espiritual que lleva hacia el amor.

La paternidad responsable es una de las mejores contribuciones que podemos darle a la sociedad con ella apoyamos a nuestros hijos, a nuestra esposa y contribuimos también en la construcción de una humanidad más espiritual y civilizada.

A un año de su partida me siento agradecido por mi padre y espero tener la oportunidad de ver nacer los libros que estuvo escribiendo e imaginando durante sus últimos años de vida y que inició con su libro Estelviate.


Adalberto Gutiérrez Meléndez | Ingeniero Agrónomo



Heme aquí al borde de la tumba, momento en que sólo la verdad impera.

Por mi mente, cual fantasmas, pasan los momentos que alegremente viví:

Con mis padres, mi esposa, mis hijos

hogar, fundamento y razón de mi existir.

Recuerdos en que la mente, eficaz y lúcida quisiera retomar

Re escribir las hojas del libro de la vida;

no con el deseo de vivir más lo que esta por acabar;

pero si por enmendar, las faltas que en la vida siempre, siempre se han de llevar.

y heme aquí al borde de la tumba,

desearía que la vida volviera a empezar y en ello dar nuevamente,

Mejores consejos, mejor protección a mis hijos

Mayores cuidados y respeto al hogar.

Nacer es vida, morir verdad, y al borde de la tumba empieza lo que nunca va a terminar.

Heme aquí

Moribundo

por mi mente los fantasmas

De aquellos momentos que alegremente viví:

Mis padres, esposa y mis hijos

fundamentó y razón de mi existir.

Mi papá siempre insistía en la importancia de los matrimonios felices, de respetar a nuestra pareja y amarla. “Amor” una de sus palabras favoritas. A veces me parecería anticuado y un poco machista en sus pensamientos y discutíamos un poco, y ahora que me falta su presencia física, palabras que pudieron parecerme anticuadas y lo que en un tiempo le critique cursi, ahora son un tesoro invaluable en mi corazón, un remanso de sabiduría. Ahora todo ese montón de hojas escritas con su puño y letra se convierten en un legado que le da sentido a mi existencia. Su montón de hojas de maquina, su inconfundible letra que reconozco desde mi infancia, su mal uso de mayúsculas y minúsculas, sus acentos mal colocados se van conformando en una evidencia de como el amor obra de maneras impredecibles. Voy atando las letras, palabras, recuerdos, fotografías y todos se va hilando en un espíritu en donde va tomando sentido la vida, la muerte, la inmortalidad, la eternidad, la espiritualidad. Definitivamente la muerte de un cuerpo para nada tiene que ser la muerte de un espíritu. La protección paterna no tiene límites. Mi papá menciona en su poema que solo para enmendar errores le gustaría regresar el tiempo y vivir nuevamente la misma vida pero con menos errores, sin embargo para mi cualquier error puede enmendarse con la fuerza del amor. La fuerza espiritual de nuestros ancestros va descifrando el camino espiritual que lleva hacia el amor.

La paternidad responsable es una de las mejores contribuciones que podemos darle a la sociedad con ella apoyamos a nuestros hijos, a nuestra esposa y contribuimos también en la construcción de una humanidad más espiritual y civilizada.

A un año de su partida me siento agradecido por mi padre y espero tener la oportunidad de ver nacer los libros que estuvo escribiendo e imaginando durante sus últimos años de vida y que inició con su libro Estelviate.


Adalberto Gutiérrez Meléndez | Ingeniero Agrónomo