/ sábado 9 de noviembre de 2019

Tiempos de Silencio 

Entre el antiguo y nuevo testamento, encontramos un periodo de cuatrocientos años de distancia, que es conocido como el tiempo del Silencio. Fue una época oscura donde se supone que no hubo voz de Dios. Pero Dios interrumpió ese silencio con la buena noticia de la venida al mundo de nuestro Salvador que traería esperanza para el mundo entero.

Silencio, según el diccionario es un estado en el que no hay ningún ruido o no se escucha ninguna voz. Para algunos el silencio puede ser bueno cuando se intenta descansar o simplemente concentrarse en algún asunto. Pero quizá para algunos otros, el silencio no sea bueno. Por ejemplo, ¿le parece conocido este pensamiento? Me siento abandonado en mi prueba. ¿Por qué nadie tiene una respuesta a mi pregunta? ¿Por qué no puedo escuchar una voz que me aliente? ¿Por qué es que Dios parece estar tan lejos en los tiempos cuando lo necesito más?

Pero recordemos que aún la noche más oscura y silenciosa tiene bellos sonidos. Por ejemplo el canto de los grillos. El sonido melódico de un río y el tintinear de las estrellas, que si la observamos parecen formar un coro celestial.

Pero el silencio en todo tiempo puede ser hermoso cuando comprendemos que después de él viene algo bueno.Podemos comprender esto mejor con los signos que forman un pentagrama musical. Hay unas notas negras que marcan los silencios en una melodía. Estos silencios son importantes, porque sirven para hacer una pausa y resaltar la nota siguiente. De manera que sonidos y silencios son parte de una melodía. Si no hubiera silencios, la música seria monótona y falta de belleza.

En lo anterior encontramos una significativa parábola, porque en nuestra relación con Dios es algo semejante. Todos pasamos por esta experiencia. Hay temporadas en que el silencio de Dios se hace patente. Tiempos en que se oscurece el camino. Días en que el dolor lacera nuestro corazón. Épocas de incertidumbre agobiante. Pero no necesitamos una gran biblioteca para saber que tales experiencias son comunes para todos los seres humanos de todos los tiempos. Solo basta echar una ojeada en las páginas de la Biblia y leerá varios gritos de soledad y angustia para que Dios actúe: “Ten misericordia de mí, oh Jehová, porque estoy enfermo; Sáname, oh Jehová, porque mis huesos se estremecen. Mi alma también está muy turbada; y tú, Jehová, ¿hasta cuándo? (Salmo 6:2-3) “Oh Dios, no guardes silencio; no calles, oh Dios, ni te estés quieto” (Salmo 83:1) El salmo 22:1 contiene tal vez el ejemplo más conocido, “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado? ¿Por qué estás tan lejos de mi salvación, y de las palabras de mi clamor?” Jesús repitió ese mismo clamor en la cruz: “Cerca de la hora novena, Jesús clamó a gran voz, diciendo: Elí, Elí, ¿lama sabactani? Esto es: Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?” (Mateo 27:46)

Es increíble ¿no? Como las cosas se nos pueden salir de control, pareciera que un día todo está normal y dicha normalidad durara para siempre y el día siguiente es todo lo contrario y pareciera que nunca saldremos de ese desierto temible. Y es que lo más difícil de esos momentos de desierto es la soledad que se siente, el sentimiento de que Dios se ha olvidado de nosotros, la sed espiritual y sobre todo el desgaste de nuestras fuerzas. Pero aun con todo eso, jamás se nos debería olvidar que Dios nunca nos dejara. Y es que pareciera que a veces Dios está guardando más silencio del necesario, por más que buscamos no encontramos una palabra, por más que anhelamos cosas, no se dan.

Yo sé que son los silencios de Dios, los he vivido, los he experimentado y ahora estoy aquí, son duros, difíciles, desgastantes, pero lo mejor de todo, y es lo que he aprendido a través de todo esto, siempre después de una etapa de silencio, siempre viene otra de cosas mejores.

Pero, honestamente, en esos momentos a veces pareciera que Dios está demasiado ocupado como para ponerle atención a nuestra situación agobiante, son tiempos en los cuales parece que las oraciones se sienten tan vacías, en donde el ánimo ha decaído y en donde todo parece que está en contra. Grandes hombres de la Biblia como Abraham y David, entre muchos otros, pasaron por esos momentos de silencio en donde experimentaron sentimientos encontrados, desesperación, persecución y tantas cosas que aparentemente los querían hacer creer que los propósitos de Dios en sus vidas no se cumplirían. Mas, al ver el final de cada uno de ellos, podemos ver como Abraham es considerado amigo de Dios y padre de la fe. David considerado por Dios mismo conforme a su corazón.

Así que, si ahora hay un silencio de Dios en su vida, tenga paciencia y mantenga su oído abierto, porque la nota siguiente, será un bello sonido que servirá para que Él siga formando la preciosa melodía que está haciendo de su vida.

Casa de Oración Pacto de Paz

Entre el antiguo y nuevo testamento, encontramos un periodo de cuatrocientos años de distancia, que es conocido como el tiempo del Silencio. Fue una época oscura donde se supone que no hubo voz de Dios. Pero Dios interrumpió ese silencio con la buena noticia de la venida al mundo de nuestro Salvador que traería esperanza para el mundo entero.

Silencio, según el diccionario es un estado en el que no hay ningún ruido o no se escucha ninguna voz. Para algunos el silencio puede ser bueno cuando se intenta descansar o simplemente concentrarse en algún asunto. Pero quizá para algunos otros, el silencio no sea bueno. Por ejemplo, ¿le parece conocido este pensamiento? Me siento abandonado en mi prueba. ¿Por qué nadie tiene una respuesta a mi pregunta? ¿Por qué no puedo escuchar una voz que me aliente? ¿Por qué es que Dios parece estar tan lejos en los tiempos cuando lo necesito más?

Pero recordemos que aún la noche más oscura y silenciosa tiene bellos sonidos. Por ejemplo el canto de los grillos. El sonido melódico de un río y el tintinear de las estrellas, que si la observamos parecen formar un coro celestial.

Pero el silencio en todo tiempo puede ser hermoso cuando comprendemos que después de él viene algo bueno.Podemos comprender esto mejor con los signos que forman un pentagrama musical. Hay unas notas negras que marcan los silencios en una melodía. Estos silencios son importantes, porque sirven para hacer una pausa y resaltar la nota siguiente. De manera que sonidos y silencios son parte de una melodía. Si no hubiera silencios, la música seria monótona y falta de belleza.

En lo anterior encontramos una significativa parábola, porque en nuestra relación con Dios es algo semejante. Todos pasamos por esta experiencia. Hay temporadas en que el silencio de Dios se hace patente. Tiempos en que se oscurece el camino. Días en que el dolor lacera nuestro corazón. Épocas de incertidumbre agobiante. Pero no necesitamos una gran biblioteca para saber que tales experiencias son comunes para todos los seres humanos de todos los tiempos. Solo basta echar una ojeada en las páginas de la Biblia y leerá varios gritos de soledad y angustia para que Dios actúe: “Ten misericordia de mí, oh Jehová, porque estoy enfermo; Sáname, oh Jehová, porque mis huesos se estremecen. Mi alma también está muy turbada; y tú, Jehová, ¿hasta cuándo? (Salmo 6:2-3) “Oh Dios, no guardes silencio; no calles, oh Dios, ni te estés quieto” (Salmo 83:1) El salmo 22:1 contiene tal vez el ejemplo más conocido, “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado? ¿Por qué estás tan lejos de mi salvación, y de las palabras de mi clamor?” Jesús repitió ese mismo clamor en la cruz: “Cerca de la hora novena, Jesús clamó a gran voz, diciendo: Elí, Elí, ¿lama sabactani? Esto es: Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?” (Mateo 27:46)

Es increíble ¿no? Como las cosas se nos pueden salir de control, pareciera que un día todo está normal y dicha normalidad durara para siempre y el día siguiente es todo lo contrario y pareciera que nunca saldremos de ese desierto temible. Y es que lo más difícil de esos momentos de desierto es la soledad que se siente, el sentimiento de que Dios se ha olvidado de nosotros, la sed espiritual y sobre todo el desgaste de nuestras fuerzas. Pero aun con todo eso, jamás se nos debería olvidar que Dios nunca nos dejara. Y es que pareciera que a veces Dios está guardando más silencio del necesario, por más que buscamos no encontramos una palabra, por más que anhelamos cosas, no se dan.

Yo sé que son los silencios de Dios, los he vivido, los he experimentado y ahora estoy aquí, son duros, difíciles, desgastantes, pero lo mejor de todo, y es lo que he aprendido a través de todo esto, siempre después de una etapa de silencio, siempre viene otra de cosas mejores.

Pero, honestamente, en esos momentos a veces pareciera que Dios está demasiado ocupado como para ponerle atención a nuestra situación agobiante, son tiempos en los cuales parece que las oraciones se sienten tan vacías, en donde el ánimo ha decaído y en donde todo parece que está en contra. Grandes hombres de la Biblia como Abraham y David, entre muchos otros, pasaron por esos momentos de silencio en donde experimentaron sentimientos encontrados, desesperación, persecución y tantas cosas que aparentemente los querían hacer creer que los propósitos de Dios en sus vidas no se cumplirían. Mas, al ver el final de cada uno de ellos, podemos ver como Abraham es considerado amigo de Dios y padre de la fe. David considerado por Dios mismo conforme a su corazón.

Así que, si ahora hay un silencio de Dios en su vida, tenga paciencia y mantenga su oído abierto, porque la nota siguiente, será un bello sonido que servirá para que Él siga formando la preciosa melodía que está haciendo de su vida.

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