/ sábado 14 de diciembre de 2019

Preparándonos para celebrar  

A nadie nos es ajeno el ambiente festivo que se vive ya en la ciudad, como cada año, los hogares de la fe cristiana nos apretamos para celebrar el momento único de la historia en que el Hijo de Dios vino a este mundo y habito entre nosotros por 33 años. Y al participar de esta celebración es bueno preguntarnos: ¿Cómo celebrar la fecha de modo que honre a nuestro Dios? Creo que sería muy interesante que antes de preparar la fiesta preparemos nuestro corazón. Pues sin duda que lejos está de agradar a Dios una fiesta celebrada por quienes no reconocen en forma real su señorío y soberanía en su vida diaria. Por más que nos esforcemos en preparar una celebración majestuosa, si Jesús no ve un corazón dispuesto a Él, creo que la fiesta no sería de su agrado. Pero ¿cómo preparar el corazón? En primer lugar pidiéndole a Dios que nos dé un corazón limpio de pleitos, iras, contiendas y pecado. El salmo 51:10 dice: “Cera en mí, oh Dios, un corazón limpio…” Las buenas obrar y las buenas intenciones no limpian, no purifican el corazón, solo la gracia divina que trajo El nacido en Belén hace más de dos mil años: “Purificados los corazones de mala conciencia” (Hebreos 10:22)En segundo lugar, guardar en nuestro corazón la Palabra de Dios que nos ayuda para no pecar y a conservar un corazón limpio delante de Dios: “En mi corazón he guardado tus dichos para no pecar contra ti” (Salmo 119:11) Por eso, antes de preparar la fiesta, debemos de examinarnos como Él nos examina. Recuerde que adviento es precisamente la preparación espiritual para celebrar a Jesús hecho carne. Que nuestro Señor reciba la celebración de la navidad como un resumen de las pequeñas celebraciones que le brindaos día a día en la devoción de nuestra vida.

Es importante recordar que la navidad es Cristo. Sin Cristo no hay navidad. Por lo tanto una tercera manera de prepararnos para la fiesta es, recordar los beneficios de la venida del Hijo de Dios. En el evangelio de Juan 10:10b Jesús nos dice: “Yo he venido par que tengan vida, y que la tengan en abundancia” Y en Juan 3:16 “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna” ¡Qué maravilla¡ ¡Este es el mejor y más grande regalo que alguien puede recibir¡ El amor del Padre Celestial, y por ese amor el perdón de pecados y la vida eterna¡ Y junto a ello, nos trae esperanza, ánimo y fortaleza en tiempos difíciles.

Creo que algo más que Dios espera ver en el corazón de quienes nos aprestamos a celebrar la navidad es, obediencia. José, el esposo o prometido de María es un buen ejemplo de obediencia en esta época. Ha notado usted que José no habla en la biblia. Alguien lo llamó José “el silencioso”. El no habla solo obedece. Antes de casarse se da cuenta de que su prometida esta en cinta. Y él quiso dejarla en secreto. Pesando él en esto, Dios le habla y le dice que reciba a su mujer en el estado en que se encuentra, él lo hace así. Diríamos que José obedecido a Dios en circunstancias penosas para un hombre (Mateo 1:18-25). Después cuando el rey Herodes procura matar a Jesús siendo niño, Dios le dice que tome al niño y a la madre y huya a Egipto, y así lo hace (Mateo 2:13-11) Una tercera ocasión es cuando Dios le ordena regresar a Israel una vez que Herodes muere, y de nuevo así lo hace (Mateo 2:19-21). La cuarta ocasión fue cuando, llegados a Israel se le ordena ir a Galilea, y así lo hace. José no habla, solo obedece. Ahora preguntémonos ¿Qué hubiera sucedido si José hubiera decidido no obedecer a Dios? Bueno, conforme a la ley judía, María y el fruto de su vientre hubieran muerto (Deuteronomio 22:21-22). Y de haber sido así la humanidad no tendríamos ninguno de los beneficios de la venida de Cristo a este mundo. Es posible obedecer a Dios en cualquier situación, por penosa que nos parezca.

Aprovechemos pues este tiempo de adviento para renovar nuestra fe en Dios. Preparemos nuestro corazón para celebrar a Cristo. Y dispongamos a obedecer a Dios, no solo es estas fechas, sino todo el año. Y recuerde: ¡SIN CRISTO NO HAY NAVIDAD!

Termino la reflexión de hoy con la lectura de Romanos 8:11-12: “Hagan todo esto estando conscientes del tiempo en que vivimos. Ya es hora de que despierten del sueño, pues nuestra salvación está ahora más cerca que cuando inicialmente creímos. La noche está muy avanzada y ya se acerca el día. Por eso, dejemos a un lado las obras de la oscuridad y pongámonos la armadura de la luz”. Reflejemos pues, en este tiempo, y siempre, la luz de adviento que es Cristo Jesús, Señor Nuestro.

Estimado lector, crea en Dios, sea feliz en este mundo y un día valla al cielo ¡Muy feliz adviento!

Casa de Oración

A nadie nos es ajeno el ambiente festivo que se vive ya en la ciudad, como cada año, los hogares de la fe cristiana nos apretamos para celebrar el momento único de la historia en que el Hijo de Dios vino a este mundo y habito entre nosotros por 33 años. Y al participar de esta celebración es bueno preguntarnos: ¿Cómo celebrar la fecha de modo que honre a nuestro Dios? Creo que sería muy interesante que antes de preparar la fiesta preparemos nuestro corazón. Pues sin duda que lejos está de agradar a Dios una fiesta celebrada por quienes no reconocen en forma real su señorío y soberanía en su vida diaria. Por más que nos esforcemos en preparar una celebración majestuosa, si Jesús no ve un corazón dispuesto a Él, creo que la fiesta no sería de su agrado. Pero ¿cómo preparar el corazón? En primer lugar pidiéndole a Dios que nos dé un corazón limpio de pleitos, iras, contiendas y pecado. El salmo 51:10 dice: “Cera en mí, oh Dios, un corazón limpio…” Las buenas obrar y las buenas intenciones no limpian, no purifican el corazón, solo la gracia divina que trajo El nacido en Belén hace más de dos mil años: “Purificados los corazones de mala conciencia” (Hebreos 10:22)En segundo lugar, guardar en nuestro corazón la Palabra de Dios que nos ayuda para no pecar y a conservar un corazón limpio delante de Dios: “En mi corazón he guardado tus dichos para no pecar contra ti” (Salmo 119:11) Por eso, antes de preparar la fiesta, debemos de examinarnos como Él nos examina. Recuerde que adviento es precisamente la preparación espiritual para celebrar a Jesús hecho carne. Que nuestro Señor reciba la celebración de la navidad como un resumen de las pequeñas celebraciones que le brindaos día a día en la devoción de nuestra vida.

Es importante recordar que la navidad es Cristo. Sin Cristo no hay navidad. Por lo tanto una tercera manera de prepararnos para la fiesta es, recordar los beneficios de la venida del Hijo de Dios. En el evangelio de Juan 10:10b Jesús nos dice: “Yo he venido par que tengan vida, y que la tengan en abundancia” Y en Juan 3:16 “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna” ¡Qué maravilla¡ ¡Este es el mejor y más grande regalo que alguien puede recibir¡ El amor del Padre Celestial, y por ese amor el perdón de pecados y la vida eterna¡ Y junto a ello, nos trae esperanza, ánimo y fortaleza en tiempos difíciles.

Creo que algo más que Dios espera ver en el corazón de quienes nos aprestamos a celebrar la navidad es, obediencia. José, el esposo o prometido de María es un buen ejemplo de obediencia en esta época. Ha notado usted que José no habla en la biblia. Alguien lo llamó José “el silencioso”. El no habla solo obedece. Antes de casarse se da cuenta de que su prometida esta en cinta. Y él quiso dejarla en secreto. Pesando él en esto, Dios le habla y le dice que reciba a su mujer en el estado en que se encuentra, él lo hace así. Diríamos que José obedecido a Dios en circunstancias penosas para un hombre (Mateo 1:18-25). Después cuando el rey Herodes procura matar a Jesús siendo niño, Dios le dice que tome al niño y a la madre y huya a Egipto, y así lo hace (Mateo 2:13-11) Una tercera ocasión es cuando Dios le ordena regresar a Israel una vez que Herodes muere, y de nuevo así lo hace (Mateo 2:19-21). La cuarta ocasión fue cuando, llegados a Israel se le ordena ir a Galilea, y así lo hace. José no habla, solo obedece. Ahora preguntémonos ¿Qué hubiera sucedido si José hubiera decidido no obedecer a Dios? Bueno, conforme a la ley judía, María y el fruto de su vientre hubieran muerto (Deuteronomio 22:21-22). Y de haber sido así la humanidad no tendríamos ninguno de los beneficios de la venida de Cristo a este mundo. Es posible obedecer a Dios en cualquier situación, por penosa que nos parezca.

Aprovechemos pues este tiempo de adviento para renovar nuestra fe en Dios. Preparemos nuestro corazón para celebrar a Cristo. Y dispongamos a obedecer a Dios, no solo es estas fechas, sino todo el año. Y recuerde: ¡SIN CRISTO NO HAY NAVIDAD!

Termino la reflexión de hoy con la lectura de Romanos 8:11-12: “Hagan todo esto estando conscientes del tiempo en que vivimos. Ya es hora de que despierten del sueño, pues nuestra salvación está ahora más cerca que cuando inicialmente creímos. La noche está muy avanzada y ya se acerca el día. Por eso, dejemos a un lado las obras de la oscuridad y pongámonos la armadura de la luz”. Reflejemos pues, en este tiempo, y siempre, la luz de adviento que es Cristo Jesús, Señor Nuestro.

Estimado lector, crea en Dios, sea feliz en este mundo y un día valla al cielo ¡Muy feliz adviento!

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