/ viernes 5 de marzo de 2021

Mujer | Belleza encarnada

Si yo fuera mujer, de las que sueñan con su Príncipe Azul, de las históricamente sometidas por los machos y en un salto cuántico las empoderadas. Logrando ser presidentas de su País, campeonas olímpicas, científicas, artistas, galardonadas por el Premio Nobel. También revolucionarias, amas de casa, campesinas, obreras, pero siempre bellas.

Si yo fuera mujer, de las que soportan la menstruación, el peso de un bebé durante nueve meses en su vientre, los achaques y los dolores del parto, después los entuertos, amamantar a los hijos y al alcanzar una edad avanzada el climaterio y la menopausia, pero siempre bellas.

Si yo fuera mujer, de las que cuidan el arreglo del cabello, las uñas, el maquillaje y aparecen hermosas en los medios de comunicación, en la oficina, en la escuela, en una fiesta, pero siempre bellas.

Si yo fuera mujer, de las trabajadoras en una empresa, cuidadoras de la casa, educadoras de los niños, el pilar del hogar, interesantes por su forma de ser, por su inteligencia, pero siempre bellas.

Si yo fuera mujer, de las que cuidan su cuerpo, de los vicios, del alcohol de las drogas, no lo venden ni en las calles ni en los burdeles, solamente se entregan por amor o por su voluntad a quien consideran que vale la pena, pero siempre bellas.

Si yo fuera mujer, de las que sin duda no se dan por vencidas ante las adversidades, se adaptan al cambio, se concentran en lo que pueden hacer, aprovechan sus dones, escuchan la voz de su conciencia en lugar de lo que digan los demás, pero siempre bellas.

Si yo fuera mujer, de las que no tienen miedo en arriesgarse, equivocarse, y luego seguir adelante. No viven en el pasado lo entierran y siguen de frente al futuro. Aprenden de sus errores, sin estancarse o preocuparse por la crítica, reconocen el éxito de los demás y aprenden de las personas sobresalientes, pero siempre bellas.

Si yo fuera mujer, de las que no se rinden ante los fracasos, sabedoras que quienes no fracasan es porque no intentan nada. No le temen a la soledad pues les brinda una oportunidad para meditar para orar. No esperan resultados inmediatos por sus esfuerzos y tienen una alta autoestima, pero siempre bellas.

Si yo fuera mujer, de las que entienden que el amor humano es imperfecto, que sus amigos, sus familiares, las han decepcionado, pero por encima de la decepción está el amor que nunca muere. Su pareja las ha decepcionado pero el amor supera la decepción. Quizá ellas decepcionan a otra gente más por encima de ello se encuentra el amor que sienten por ellas, y siempre bellas

Soy un hombre que encuentra a la mujer cautivante, un ser mágico, una belleza encarnada desde los pies hasta la cabeza. -¡Ey!, me dice un amigo, -¿por qué tanta solemnidad al referirte a las damas? -Bueno te lo puedo decir de otra manera: -La neta sin una mujer, sin esa belleza encarnada, mi vida estaría bien amolada.


AUTOR: Emmanuel Barrón


Si yo fuera mujer, de las que sueñan con su Príncipe Azul, de las históricamente sometidas por los machos y en un salto cuántico las empoderadas. Logrando ser presidentas de su País, campeonas olímpicas, científicas, artistas, galardonadas por el Premio Nobel. También revolucionarias, amas de casa, campesinas, obreras, pero siempre bellas.

Si yo fuera mujer, de las que soportan la menstruación, el peso de un bebé durante nueve meses en su vientre, los achaques y los dolores del parto, después los entuertos, amamantar a los hijos y al alcanzar una edad avanzada el climaterio y la menopausia, pero siempre bellas.

Si yo fuera mujer, de las que cuidan el arreglo del cabello, las uñas, el maquillaje y aparecen hermosas en los medios de comunicación, en la oficina, en la escuela, en una fiesta, pero siempre bellas.

Si yo fuera mujer, de las trabajadoras en una empresa, cuidadoras de la casa, educadoras de los niños, el pilar del hogar, interesantes por su forma de ser, por su inteligencia, pero siempre bellas.

Si yo fuera mujer, de las que cuidan su cuerpo, de los vicios, del alcohol de las drogas, no lo venden ni en las calles ni en los burdeles, solamente se entregan por amor o por su voluntad a quien consideran que vale la pena, pero siempre bellas.

Si yo fuera mujer, de las que sin duda no se dan por vencidas ante las adversidades, se adaptan al cambio, se concentran en lo que pueden hacer, aprovechan sus dones, escuchan la voz de su conciencia en lugar de lo que digan los demás, pero siempre bellas.

Si yo fuera mujer, de las que no tienen miedo en arriesgarse, equivocarse, y luego seguir adelante. No viven en el pasado lo entierran y siguen de frente al futuro. Aprenden de sus errores, sin estancarse o preocuparse por la crítica, reconocen el éxito de los demás y aprenden de las personas sobresalientes, pero siempre bellas.

Si yo fuera mujer, de las que no se rinden ante los fracasos, sabedoras que quienes no fracasan es porque no intentan nada. No le temen a la soledad pues les brinda una oportunidad para meditar para orar. No esperan resultados inmediatos por sus esfuerzos y tienen una alta autoestima, pero siempre bellas.

Si yo fuera mujer, de las que entienden que el amor humano es imperfecto, que sus amigos, sus familiares, las han decepcionado, pero por encima de la decepción está el amor que nunca muere. Su pareja las ha decepcionado pero el amor supera la decepción. Quizá ellas decepcionan a otra gente más por encima de ello se encuentra el amor que sienten por ellas, y siempre bellas

Soy un hombre que encuentra a la mujer cautivante, un ser mágico, una belleza encarnada desde los pies hasta la cabeza. -¡Ey!, me dice un amigo, -¿por qué tanta solemnidad al referirte a las damas? -Bueno te lo puedo decir de otra manera: -La neta sin una mujer, sin esa belleza encarnada, mi vida estaría bien amolada.


AUTOR: Emmanuel Barrón