/ viernes 9 de octubre de 2020

Medidas irracionales | Realidad Simplificada

A la luz de la distancia y con cientos de miles de infectados por COVID-19, vemos con claridad lo irracional que fue la estrategia de combate a los contagios y lo ineficaz ante la propagación. Con toda claridad es posible destacar que en este país somos en gran medida irracionales. La irracionalidad del mexicano inicia con sus autoridades y se sigue con los ciudadanos. No vemos la realidad desde una perspectiva científica, sino desde los intereses grupales.

Tal vez hubiera sido mejor llevar la vida normal y permitir que los contagios fueran naturales, pues se vio en la práctica que el encierro fue prematuro y las medidas de semaforización ridículas. Bajo que lógica del pensamiento es factible abrir restaurantes y no bares, pues al caso es prácticamente lo mismo, incluso fue visto que los restaurantes te podían atender solamente si comías algo, pero no si tomabas, como si el agente de contagio fuese el líquido que ingerías.

Esta tendencia a aceptar la irracionalidad está muy ligada a nuestras raíces e incluso a la forma de llevar la religiosidad, pero a sobre manera al fomento a la ignorancia.

En México aceptamos al chupa cabras, la magia, a la paca y los videntes, los hechizos y amarres y cualquier producto de la imaginación que sirva bien para desviar la atención.

Nuestra educación se limita a la repetición de lo mismo y a la mecanización del pensamiento, son escasos los lugares donde enseñan realmente a pensar, sino que existe una generalizada visión hacia el adoctrinamiento y la sumisa obediencia.

Somos un país de obedientes, pues es mucho más útil esa característica que la duda, se nos enseña a seguir órdenes y no a buscar soluciones, en ese contexto aprendemos a no ser racionales, sino simplemente ejecutara aquello que se nos inquirió.

No tenemos información básica e importante para confrontar nuestros problemas, pues simplemente hacemos lo que nos han dicho que hagamos.

Bajo la sombra de la indiferencia y la parca cautela adoctrinamos a los congéneres para ser solamente seguidores y somos carentes de un pensamiento nítido, nos dimensionamos como seres que deben sortear la vida de forma estoica, pero no desarrollamos herramientas intelectuales para ir más allá de lo que se nos ha enseñado hacer.

El medio para quebrantar esto será la educación, pero sucederá en la medida que los maestros emancipen de nuevo su pensamiento y se logre una generación de personas que no se alineen al sistema, sino que critiquen al mismo sistema.

Dejar de ser irracionales, nos requiere estar mayormente informados, pero al mismo tiempo cuestionar la información que recibimos, y ese es un quehacer difícil, pero asequible.

Cuando los mexicanos sean mayormente críticos y racionales, entonces veremos cambio significativo en nuestro país.


A la luz de la distancia y con cientos de miles de infectados por COVID-19, vemos con claridad lo irracional que fue la estrategia de combate a los contagios y lo ineficaz ante la propagación. Con toda claridad es posible destacar que en este país somos en gran medida irracionales. La irracionalidad del mexicano inicia con sus autoridades y se sigue con los ciudadanos. No vemos la realidad desde una perspectiva científica, sino desde los intereses grupales.

Tal vez hubiera sido mejor llevar la vida normal y permitir que los contagios fueran naturales, pues se vio en la práctica que el encierro fue prematuro y las medidas de semaforización ridículas. Bajo que lógica del pensamiento es factible abrir restaurantes y no bares, pues al caso es prácticamente lo mismo, incluso fue visto que los restaurantes te podían atender solamente si comías algo, pero no si tomabas, como si el agente de contagio fuese el líquido que ingerías.

Esta tendencia a aceptar la irracionalidad está muy ligada a nuestras raíces e incluso a la forma de llevar la religiosidad, pero a sobre manera al fomento a la ignorancia.

En México aceptamos al chupa cabras, la magia, a la paca y los videntes, los hechizos y amarres y cualquier producto de la imaginación que sirva bien para desviar la atención.

Nuestra educación se limita a la repetición de lo mismo y a la mecanización del pensamiento, son escasos los lugares donde enseñan realmente a pensar, sino que existe una generalizada visión hacia el adoctrinamiento y la sumisa obediencia.

Somos un país de obedientes, pues es mucho más útil esa característica que la duda, se nos enseña a seguir órdenes y no a buscar soluciones, en ese contexto aprendemos a no ser racionales, sino simplemente ejecutara aquello que se nos inquirió.

No tenemos información básica e importante para confrontar nuestros problemas, pues simplemente hacemos lo que nos han dicho que hagamos.

Bajo la sombra de la indiferencia y la parca cautela adoctrinamos a los congéneres para ser solamente seguidores y somos carentes de un pensamiento nítido, nos dimensionamos como seres que deben sortear la vida de forma estoica, pero no desarrollamos herramientas intelectuales para ir más allá de lo que se nos ha enseñado hacer.

El medio para quebrantar esto será la educación, pero sucederá en la medida que los maestros emancipen de nuevo su pensamiento y se logre una generación de personas que no se alineen al sistema, sino que critiquen al mismo sistema.

Dejar de ser irracionales, nos requiere estar mayormente informados, pero al mismo tiempo cuestionar la información que recibimos, y ese es un quehacer difícil, pero asequible.

Cuando los mexicanos sean mayormente críticos y racionales, entonces veremos cambio significativo en nuestro país.