/ jueves 23 de enero de 2020

Liberar espacio

La vida es un constante peregrinar, en el océano inmenso nos dejamos llevar por las olas, que se deslizan incesablemente sobre el calendario finito, del ingenuo soñador que lleva sobre su ser el peso de sus culpas, de sus victorias y hasta de su vanidades, se presume eterno e indispensable, presupone con ello, que debe acumular objetos, conocimientos y quizá experiencias, para sortear los paradigmas que ofrece el incierto futuro.

La carga en poco tiempo en ocasiones es inmensa, los espacios se agotan, con ello también se pone un límite infranqueable, que evita la llegada de nuevos objetos, de nuevas ideas y hasta de nuevas experiencias. El agotamiento hace que el peregrino sin su plena conciencia, poco a poco se detenga, hasta sumergirse y asfixiarse bajo las olas de la vida.

Están aquellos que mantienen su carga pesada, pero la vida les enseña a constantemente liberar pequeños espacios, para luego al instante volverlos a llenar con cosas similares, es como si se estuvieran ahogando y de pronto hacen un gran esfuerzo; manotean, patean, hasta que logran alcanzar pequeñas bocanadas de aire fresco, que le permiten continuar con vida, pero siempre llevando sobre sí, una gran carga.

Aprender a liberar espacios es una virtud que se aprende con el paso de los años y que se vuelve añeja en las bodegas de la sabiduría, solo el sabio entiende que la carga que debe llevar sobre su ser, en principio debe ser lo más ligera posible, debe contener lo mínimo indispensable para subsistir y además debe ser lo suficientemente flexible para adecuarla a la inestabilidad que la circunstancias de la vida van presentando, eso permite navegar con ligereza y con propiedad sobre las incesantes olas.

Quien ciñe a su vida una gran carga y no aprende a deshacerse de ella en el momento apropiado, se condena a sí mismo a desconfiar de sus capacidades y por lo tanto de su futuro, además su autoestima influenciada por el infaltable subconsciente, manda el mensaje de inferioridad, de conformismo, de no ser merecedor de lo bueno y de lo mejor, se condena a vivir como un ser de segunda.

Libera espacios, la vida es un instante en el escenario infinito de una eternidad, sé permisivo, deja que las energías fluyan, confía en tus capacidades, libera tu casa, tu cuarto, tus cajones y todos aquellos espacios físicos de todo lo obsoleto e innecesario. Libera también tu cuerpo, tu mente y tu corazón; del estrés, del dolor, del cansancio, de los malos pensamiento, de las rutinas toxicas y hasta de las perezas incrustadas por los malos hábitos.

Libera espacios, oxigénate, permite que la carga que llevas sea solo la necesaria, con ello quizás no llegues más lejos, pero si garantizaras que los pasos que des sean plenos, vigorosos y evitaras terminar sumergido bajo las olas incansables de la vida antes de tiempo.

Libera espacio y deja que llegue a tu vida nuevas energías, nuevas oportunidades, que al fin la vida es y debe ser siempre una aventura constante.

La vida es un constante peregrinar, en el océano inmenso nos dejamos llevar por las olas, que se deslizan incesablemente sobre el calendario finito, del ingenuo soñador que lleva sobre su ser el peso de sus culpas, de sus victorias y hasta de su vanidades, se presume eterno e indispensable, presupone con ello, que debe acumular objetos, conocimientos y quizá experiencias, para sortear los paradigmas que ofrece el incierto futuro.

La carga en poco tiempo en ocasiones es inmensa, los espacios se agotan, con ello también se pone un límite infranqueable, que evita la llegada de nuevos objetos, de nuevas ideas y hasta de nuevas experiencias. El agotamiento hace que el peregrino sin su plena conciencia, poco a poco se detenga, hasta sumergirse y asfixiarse bajo las olas de la vida.

Están aquellos que mantienen su carga pesada, pero la vida les enseña a constantemente liberar pequeños espacios, para luego al instante volverlos a llenar con cosas similares, es como si se estuvieran ahogando y de pronto hacen un gran esfuerzo; manotean, patean, hasta que logran alcanzar pequeñas bocanadas de aire fresco, que le permiten continuar con vida, pero siempre llevando sobre sí, una gran carga.

Aprender a liberar espacios es una virtud que se aprende con el paso de los años y que se vuelve añeja en las bodegas de la sabiduría, solo el sabio entiende que la carga que debe llevar sobre su ser, en principio debe ser lo más ligera posible, debe contener lo mínimo indispensable para subsistir y además debe ser lo suficientemente flexible para adecuarla a la inestabilidad que la circunstancias de la vida van presentando, eso permite navegar con ligereza y con propiedad sobre las incesantes olas.

Quien ciñe a su vida una gran carga y no aprende a deshacerse de ella en el momento apropiado, se condena a sí mismo a desconfiar de sus capacidades y por lo tanto de su futuro, además su autoestima influenciada por el infaltable subconsciente, manda el mensaje de inferioridad, de conformismo, de no ser merecedor de lo bueno y de lo mejor, se condena a vivir como un ser de segunda.

Libera espacios, la vida es un instante en el escenario infinito de una eternidad, sé permisivo, deja que las energías fluyan, confía en tus capacidades, libera tu casa, tu cuarto, tus cajones y todos aquellos espacios físicos de todo lo obsoleto e innecesario. Libera también tu cuerpo, tu mente y tu corazón; del estrés, del dolor, del cansancio, de los malos pensamiento, de las rutinas toxicas y hasta de las perezas incrustadas por los malos hábitos.

Libera espacios, oxigénate, permite que la carga que llevas sea solo la necesaria, con ello quizás no llegues más lejos, pero si garantizaras que los pasos que des sean plenos, vigorosos y evitaras terminar sumergido bajo las olas incansables de la vida antes de tiempo.

Libera espacio y deja que llegue a tu vida nuevas energías, nuevas oportunidades, que al fin la vida es y debe ser siempre una aventura constante.

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