/ jueves 2 de mayo de 2019

Las primeras palabras de los niños

Las niñas y los niños son como cualquier ser humano; con metas, con sueños, con deseos de ser parte de un mundo mejor. Sólo que con la inocencia propia de los primeros años de vida. Evoquemos a nuestro niño interior. Recordemos nuestra infancia y lo que ha significado en nuestras vidas. Lo que ella ha marcado y definido lo que somos. Recordemos esos niños que con sus primeras palabras han hinchado nuestro corazón de ternura. La infancia es una etapa primordial que requiere de grandes cuidados y amor.

¿Sabían que en la antigüedad ni siquiera se había pensado en proteger a los niños? Se les creía con menos valor que un adulto, por su vulnerabilidad muchos morían y la mayoría eran maltratados y explotados, desde muy pequeños se les obligaba a trabajar. En la edad media se les consideraba como adultos pequeños. Es hasta 1881 que las leyes francesas pensaron en otorgarles a los niños el derecho a la educación. De ahí a hasta nuestros días a estado mejorándose las leyes que protegen a los niños y aunque con más lentitud también los de las niñas.

Desgraciadamente además de escasos derechos también se les ha marcado con etiquetas. Imponemos colores y juguetes para uno u otro sexo, privándolos de la hermosa libertad con la que nacen y la van dejando tirada a medida que caminan y van dejando tiradas sus alas e ilusiones y los pobrecitos niños se van cargando de prejuicios impuestos por nuestra sociedad, por las religiones y por cuanto ente de poder quiere gobernarnos y manipularnos a su antojo. Los niños juegan a la pelota y las niñas a las muñecas. Cuando no a todos los niños pueden gustarles los deportes. Ni a todas las niñas gustarles las muñecas.

Que los niños no debemos llorar, esto limita nuestra capacidad de expresar nuestras emociones. O todas las niñas deben ser amables y tiernas, cuando como niñas si les gustan el judo o el futbol deben tener el privilegio de hacer lo que les guste y no limitarse por su género. Cada quien debe tener la oportunidad de descubrirse, de entender que su valor trasciende raza, sexo, profesión, bienes materiales, lo que somos es mucho más profundo y lo descubrimos cuando nos descubrimos como seres iguales con deseos de un mundo mejor.

Podemos hacer memoria de cuando éramos niños o quienes han visto crecer a sus hijos y convertirse en adultos. Aquellas tiernas primeras palabras que adquieren repitiendo a sus padres pero a la vez se expresan con inocente libertad se convierten en temerosas frases para ser aceptados por los demás.

Los buenos niños son los que se apegan más a las normas y reglamentos de los mayores y así los mejores adultos son los que se apegan a los lineamientos de sus sociedades, en muchas ocasiones a costa de perder nuestra esencia.

Sin duda debemos pensar en los hijos que le estamos dejando al mundo y de cómo nuestros hijos pueden ser mejores para sí mismos y el lugar donde viven y quienes los rodean. Hijos que amen la naturaleza y la protejan, que lean y compartan con sus semejantes para crecer en ideas y razonamiento, que amen y sean bondadosos y justos con otros seres vivos sin importar raza animal o vegetal. La crianza de unos hijos libres es una gran oportunidad para rebelarnos contra los sistemas tiranos que manipulan para crecer en sus planes egoístas, luchemos contra los sistemas corruptos ofreciendo al mundo el triunfo de nuestros niños felices.

Dejémoslos que crezcan libres, no nos preocupes tanto por educarlos para un mundo que nos manipula para el beneficios de unos cuantos. Dejemos de formar hijos esclavos y autómatas, sino hijos sanos que puedan bailar en el paraíso terrenal. Y si en sus primeras palabras ellos dicen: mamá, papá, te amo, ya tenemos el arma más poderosa: Niños que razonan, aman y evolucionan.

Las niñas y los niños son como cualquier ser humano; con metas, con sueños, con deseos de ser parte de un mundo mejor. Sólo que con la inocencia propia de los primeros años de vida. Evoquemos a nuestro niño interior. Recordemos nuestra infancia y lo que ha significado en nuestras vidas. Lo que ella ha marcado y definido lo que somos. Recordemos esos niños que con sus primeras palabras han hinchado nuestro corazón de ternura. La infancia es una etapa primordial que requiere de grandes cuidados y amor.

¿Sabían que en la antigüedad ni siquiera se había pensado en proteger a los niños? Se les creía con menos valor que un adulto, por su vulnerabilidad muchos morían y la mayoría eran maltratados y explotados, desde muy pequeños se les obligaba a trabajar. En la edad media se les consideraba como adultos pequeños. Es hasta 1881 que las leyes francesas pensaron en otorgarles a los niños el derecho a la educación. De ahí a hasta nuestros días a estado mejorándose las leyes que protegen a los niños y aunque con más lentitud también los de las niñas.

Desgraciadamente además de escasos derechos también se les ha marcado con etiquetas. Imponemos colores y juguetes para uno u otro sexo, privándolos de la hermosa libertad con la que nacen y la van dejando tirada a medida que caminan y van dejando tiradas sus alas e ilusiones y los pobrecitos niños se van cargando de prejuicios impuestos por nuestra sociedad, por las religiones y por cuanto ente de poder quiere gobernarnos y manipularnos a su antojo. Los niños juegan a la pelota y las niñas a las muñecas. Cuando no a todos los niños pueden gustarles los deportes. Ni a todas las niñas gustarles las muñecas.

Que los niños no debemos llorar, esto limita nuestra capacidad de expresar nuestras emociones. O todas las niñas deben ser amables y tiernas, cuando como niñas si les gustan el judo o el futbol deben tener el privilegio de hacer lo que les guste y no limitarse por su género. Cada quien debe tener la oportunidad de descubrirse, de entender que su valor trasciende raza, sexo, profesión, bienes materiales, lo que somos es mucho más profundo y lo descubrimos cuando nos descubrimos como seres iguales con deseos de un mundo mejor.

Podemos hacer memoria de cuando éramos niños o quienes han visto crecer a sus hijos y convertirse en adultos. Aquellas tiernas primeras palabras que adquieren repitiendo a sus padres pero a la vez se expresan con inocente libertad se convierten en temerosas frases para ser aceptados por los demás.

Los buenos niños son los que se apegan más a las normas y reglamentos de los mayores y así los mejores adultos son los que se apegan a los lineamientos de sus sociedades, en muchas ocasiones a costa de perder nuestra esencia.

Sin duda debemos pensar en los hijos que le estamos dejando al mundo y de cómo nuestros hijos pueden ser mejores para sí mismos y el lugar donde viven y quienes los rodean. Hijos que amen la naturaleza y la protejan, que lean y compartan con sus semejantes para crecer en ideas y razonamiento, que amen y sean bondadosos y justos con otros seres vivos sin importar raza animal o vegetal. La crianza de unos hijos libres es una gran oportunidad para rebelarnos contra los sistemas tiranos que manipulan para crecer en sus planes egoístas, luchemos contra los sistemas corruptos ofreciendo al mundo el triunfo de nuestros niños felices.

Dejémoslos que crezcan libres, no nos preocupes tanto por educarlos para un mundo que nos manipula para el beneficios de unos cuantos. Dejemos de formar hijos esclavos y autómatas, sino hijos sanos que puedan bailar en el paraíso terrenal. Y si en sus primeras palabras ellos dicen: mamá, papá, te amo, ya tenemos el arma más poderosa: Niños que razonan, aman y evolucionan.