/ sábado 1 de febrero de 2020

La capacidades son finitas

Hasta la flor más bella deja de serlo, cuando sin razón alguna es abandonada por la fragancia, los pétalos pierden su encanto y uno a uno van cayendo, pálidos, sin olor, secos, sin glamur y después simplemente se pierden en los montones de tierra, que aquel bello día los vieron nacer.

Así es la vida del ser humano, nace con la gracia de la belleza, de la fuerza, de la energía, sus pétalos son vigorosos, seductores, y hasta irreverentes, son sus capacidades, cada una de ellas se va formando, va creciendo, hasta alcanzar su máximo esplendor, la vida es un juego, no hay límites en el horizonte.

Pero con el paso del ineludible verdugo llamado tiempo, las capacidades también maduran y como los pétalos, una a una comienza a retornar al infinito mundo invisible de donde un día salieron, el ser humano se resiste a aceptarlo, en su desordenada vida olvida que las capacidades son finitas y cuando toma consciencia de ello, como fiera acosada intenta evitarlo, en ocasiones solo para eludirse del inevitable cargo de consciencia, que le reclama a cada instante su desparpajada irresponsabilidad, de no haber disfrutado la gracia de sus capacidades.

Pero nadie puede aprender de las experiencias en cuerpo ajeno, cada uno tenemos capacidades especiales, únicas, solo aquellos que aprenden a ser valientes y como forcados toman el toro por los cuernos, solo ellos adquieren la sensibilidad para gozar en plenitud de sus dones y antes de que estos fenezcan, brillan como el sol de varano al doblar el medio día. El remordimiento se pierde como la sombra cuando se extingue la luz.

Los pétalos que representan a cada capacidad poco a poco se desprenderán, así la fuerza física abandonará el cuerpo, la inteligencia y la memoria emigraran al espacio vacío, pero a diferencia de las flores, en el ser humano debe haber un pétalo que no debe caer, es el pétalo donde se refleja la alegría de vivir, las ilusiones, los sueños, la esperanzas. Este pétalo solo morirá hasta que la tierra reclame, el fruto que nació de sus entrañas.

Las capacidades son finitas, salvo pequeñas excepciones, lo que no admite consideración, es que como seres humanos no tengamos la habilidad para identificar cada quien sus propias capacidades, menos de no saberlas disfrutar a plenitud y así poseer el placer de dejarlas ir cuando estas hayan cumplido su misión.

Así que sin tiempo que perder, aviéntate un clavado a tu ser y si aún no has descubierto tus capacidades vigentes, hazlo a la brevedad y date la oportunidad de reír, de gritar, de llorar, da caminar, de realizar tu sueño, de cumplir tu misión, de ser feliz, la vida es un instante, la vida, la vida eres tú con tus capacidades, disfrútalas y compártelas antes de que el ultimo pétalo termine por simplemente caer.

Hasta la flor más bella deja de serlo, cuando sin razón alguna es abandonada por la fragancia, los pétalos pierden su encanto y uno a uno van cayendo, pálidos, sin olor, secos, sin glamur y después simplemente se pierden en los montones de tierra, que aquel bello día los vieron nacer.

Así es la vida del ser humano, nace con la gracia de la belleza, de la fuerza, de la energía, sus pétalos son vigorosos, seductores, y hasta irreverentes, son sus capacidades, cada una de ellas se va formando, va creciendo, hasta alcanzar su máximo esplendor, la vida es un juego, no hay límites en el horizonte.

Pero con el paso del ineludible verdugo llamado tiempo, las capacidades también maduran y como los pétalos, una a una comienza a retornar al infinito mundo invisible de donde un día salieron, el ser humano se resiste a aceptarlo, en su desordenada vida olvida que las capacidades son finitas y cuando toma consciencia de ello, como fiera acosada intenta evitarlo, en ocasiones solo para eludirse del inevitable cargo de consciencia, que le reclama a cada instante su desparpajada irresponsabilidad, de no haber disfrutado la gracia de sus capacidades.

Pero nadie puede aprender de las experiencias en cuerpo ajeno, cada uno tenemos capacidades especiales, únicas, solo aquellos que aprenden a ser valientes y como forcados toman el toro por los cuernos, solo ellos adquieren la sensibilidad para gozar en plenitud de sus dones y antes de que estos fenezcan, brillan como el sol de varano al doblar el medio día. El remordimiento se pierde como la sombra cuando se extingue la luz.

Los pétalos que representan a cada capacidad poco a poco se desprenderán, así la fuerza física abandonará el cuerpo, la inteligencia y la memoria emigraran al espacio vacío, pero a diferencia de las flores, en el ser humano debe haber un pétalo que no debe caer, es el pétalo donde se refleja la alegría de vivir, las ilusiones, los sueños, la esperanzas. Este pétalo solo morirá hasta que la tierra reclame, el fruto que nació de sus entrañas.

Las capacidades son finitas, salvo pequeñas excepciones, lo que no admite consideración, es que como seres humanos no tengamos la habilidad para identificar cada quien sus propias capacidades, menos de no saberlas disfrutar a plenitud y así poseer el placer de dejarlas ir cuando estas hayan cumplido su misión.

Así que sin tiempo que perder, aviéntate un clavado a tu ser y si aún no has descubierto tus capacidades vigentes, hazlo a la brevedad y date la oportunidad de reír, de gritar, de llorar, da caminar, de realizar tu sueño, de cumplir tu misión, de ser feliz, la vida es un instante, la vida, la vida eres tú con tus capacidades, disfrútalas y compártelas antes de que el ultimo pétalo termine por simplemente caer.

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