/ sábado 4 de enero de 2020

Fe y Confianza Para un Nuevo Año

El tránsito de un año a otro siempre invita a la reflexión. Es una excelente ocasión para hacer balance del año que finaliza y para pensar en el futuro del que comienza.

Nuestras experiencias en el año que ha fenecido habrán sido, sin duda, diversas; unas, motivo de alegría; otras, dolorosas. Unas, estimulantes; otras, humillantes.

Y nuestra ojeada a la perspectiva del nuevo año puede esbozar en nuestra mente, con signos de interrogación ¿Qué nos traerá este nuevo año?

La situación actual del mundo es inquietante, tanto en el orden político como en el económico, el social, el moral y el espiritual. Todo se caracteriza por una gran inconsistencia. Todo parece tender a degradarse, a descomponerse, a sumir a la humanidad en un caos. Y en las perspectivas de futuro -a corto, a medio y a largo plazo- de cada individuo los interrogantes pueden ser igualmente preocupantes.

Pero la palabra de Dios nos enseña que si nuestra fe para con Dios es firme y consistente, veremos nuestro futuro iluminado por la gracia y el amor de Dios.

Que sí permitimos a Dios actuar, veremos transformada la ansiedad en paz, la incertidumbre en confianza y esperanza. Ese es el gran mensaje que hallamos en Isaías 26:3 “Tú guardarás en completa paz a aquel cuyo pensamiento en ti persevera; porque en ti ha confiado”.

A la luz de este versículo, nos es más conveniente poner nuestro pensamiento en Dios, en lugar de aquellos que auguran un mal año.

A menudo nuestra paz se ve turbada porque multitud de pensamientos generan en nuestra mente duda, desconfianza, temor.

Pero cuando Dios y sus promesas están en el centro de nuestro pensar la duda se convierte en certidumbre; la desconfianza, en seguridad, y el temor, en paz gozosa Filipenses. 4:6-8 dice: “Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias. Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús. Por lo demás, hermanos, todo lo que es verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre; si hay virtud alguna, si algo digno de alabanza, en esto pensad.”

Esta debería ser nuestra experiencia, y no de modo esporádico, sino constante. La perseverancia va de la mano con la confianza en Dios. Se persevera porque se confía (Is. 26:3).

Es lo que Dios nos pide. Dios demanda de nosotros es que tengamos en Él confianza: «Confiad en el Señor perpetuamente» (Isaías. 26:4). Confianza es descansar en las promesas de Dios en contraposición a toda duda o temor.

Dios es nuestro defensor y guía, nuestro renovador, quien nos levanta cuando caemos, quien ordena a nuestro favor toda manifestación de su providencia. Es también el que nos salva, da vida y fortalece, el que «realiza nuestras obras y nos da paz» (Isaías 26:12).

Bien podemos confiar en él y poner en sus manos el nuevo año que comenzamos y decir como el salmista: “Jehová es mi pastor; nada me faltará…” (Salmo 23:1-3)

Estimado lector, Crea en Dios, sea feliz en este mundo y un día vaya al cielo.

El tránsito de un año a otro siempre invita a la reflexión. Es una excelente ocasión para hacer balance del año que finaliza y para pensar en el futuro del que comienza.

Nuestras experiencias en el año que ha fenecido habrán sido, sin duda, diversas; unas, motivo de alegría; otras, dolorosas. Unas, estimulantes; otras, humillantes.

Y nuestra ojeada a la perspectiva del nuevo año puede esbozar en nuestra mente, con signos de interrogación ¿Qué nos traerá este nuevo año?

La situación actual del mundo es inquietante, tanto en el orden político como en el económico, el social, el moral y el espiritual. Todo se caracteriza por una gran inconsistencia. Todo parece tender a degradarse, a descomponerse, a sumir a la humanidad en un caos. Y en las perspectivas de futuro -a corto, a medio y a largo plazo- de cada individuo los interrogantes pueden ser igualmente preocupantes.

Pero la palabra de Dios nos enseña que si nuestra fe para con Dios es firme y consistente, veremos nuestro futuro iluminado por la gracia y el amor de Dios.

Que sí permitimos a Dios actuar, veremos transformada la ansiedad en paz, la incertidumbre en confianza y esperanza. Ese es el gran mensaje que hallamos en Isaías 26:3 “Tú guardarás en completa paz a aquel cuyo pensamiento en ti persevera; porque en ti ha confiado”.

A la luz de este versículo, nos es más conveniente poner nuestro pensamiento en Dios, en lugar de aquellos que auguran un mal año.

A menudo nuestra paz se ve turbada porque multitud de pensamientos generan en nuestra mente duda, desconfianza, temor.

Pero cuando Dios y sus promesas están en el centro de nuestro pensar la duda se convierte en certidumbre; la desconfianza, en seguridad, y el temor, en paz gozosa Filipenses. 4:6-8 dice: “Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias. Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús. Por lo demás, hermanos, todo lo que es verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre; si hay virtud alguna, si algo digno de alabanza, en esto pensad.”

Esta debería ser nuestra experiencia, y no de modo esporádico, sino constante. La perseverancia va de la mano con la confianza en Dios. Se persevera porque se confía (Is. 26:3).

Es lo que Dios nos pide. Dios demanda de nosotros es que tengamos en Él confianza: «Confiad en el Señor perpetuamente» (Isaías. 26:4). Confianza es descansar en las promesas de Dios en contraposición a toda duda o temor.

Dios es nuestro defensor y guía, nuestro renovador, quien nos levanta cuando caemos, quien ordena a nuestro favor toda manifestación de su providencia. Es también el que nos salva, da vida y fortalece, el que «realiza nuestras obras y nos da paz» (Isaías 26:12).

Bien podemos confiar en él y poner en sus manos el nuevo año que comenzamos y decir como el salmista: “Jehová es mi pastor; nada me faltará…” (Salmo 23:1-3)

Estimado lector, Crea en Dios, sea feliz en este mundo y un día vaya al cielo.

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