/ viernes 2 de julio de 2021

Espejos de vida | Practicando la zumba

Todo ejercicio físico que se practica regularmente brinda múltiples beneficios para la salud física y mental de quien lo hace, aunado a que se fomenta la socialización, el trabajo grupal y es un puente de entrada a la felicidad porque brinda placer al sentirse bien consigo mismo.

La zumba fue implementada por el colombiano Alberto Pérez a finales de los 90 y acogido por más de 185 países. Se combina una serie de ritmos con pasos aeróbicos que pueden empezar lento e ir subiendo la intensidad conforme se va avanzando en la clase hasta terminar lentamente para que la respiración y frecuencia cardíaca vuelva a la normalidad.

Entre sus muchos beneficios se encuentra que la zumba combina el equilibrio y la flexibilidad con el trabajo cardiovascular, muscular, ayudando a quien padece de problemas de articulaciones y brindando un notable incremento de energía, ya que libera endorfinas, disminuye el estrés, relaja, fortalece el sistema inmune, es fácil, divertido y aumenta la seguridad y autoestima de la persona.

Se trabaja la coordinación, ya que los movimientos tan presto se desplazan al frente, hacia atrás, a un lado o dando círculos, al igual que se combina con el levantamiento de brazos, manos y cuerpo en general, tonificando varias partes de este, además de aprender diversas coreografías que dan un toque distintivo de sincronía y dominio; aunado a estas razones, se encuentra que la zumba teje vínculos sociales de pertenencia al grupo.

Sabedores de este impacto, los gimnasios han implementado esta disciplina dentro de sus horarios de atención; acudiendo generalmente quienes tienen los medios económicos para solventar un gasto extra. Desde hace unos años, esta necesidad de expresión y esparcimiento se visualizó dentro de la administración municipal en turno, por lo que se construyeron centros comunitarios en distintos puntos estratégicos de la ciudad para atender a la población con cursos, talleres, conferencias y clases de zumba.

Posteriormente, al visualizar su trascendencia y aceptación por parte de la comunidad parralense, en su mayoría conformada por mujeres, se lanza la convocatoria para multiplicar esos espacios en plazas y canchas construidas a lo largo y ancho de la ciudad sin ningún costo extra.

Hoy en día, un grupo de mujeres conformado por diversas edades, que van desde niñas que acuden con sus madres y ya son parte del grupo de zumba, mujeres de mediana edad hasta más de 70 años. Nos damos cita en la cancha techada que se encuentra atrás del salón de eventos Catra; generalmente llegamos con prisa, con gesto adusto y marcado por cargar el peso de los problemas cotidianos sobre nuestros hombros; sin embargo, tan pronto empiezan a escucharse los acordes de la música y las indicaciones de la instructora, solo hay pensamientos que respondan a lo que ha de efectuarse, tarareando la melodía o contando los pasos que son el preámbulo subsecuente para cambiar de movimiento.

A medida que la clase avanza, los rostros toman otras tonalidades, el color de las mejillas se intensifica, la mirada adquiere otra expresión, se dibujan las sonrisas, las emociones afloran y se termina la clase con sentimientos de beneplácito y satisfacción.

Este artículo conlleva la intención de invitar a la comunidad para que se integren a estas actividades y experimenten los beneficios que esta disciplina otorga.

Todo ejercicio físico que se practica regularmente brinda múltiples beneficios para la salud física y mental de quien lo hace, aunado a que se fomenta la socialización, el trabajo grupal y es un puente de entrada a la felicidad porque brinda placer al sentirse bien consigo mismo.

La zumba fue implementada por el colombiano Alberto Pérez a finales de los 90 y acogido por más de 185 países. Se combina una serie de ritmos con pasos aeróbicos que pueden empezar lento e ir subiendo la intensidad conforme se va avanzando en la clase hasta terminar lentamente para que la respiración y frecuencia cardíaca vuelva a la normalidad.

Entre sus muchos beneficios se encuentra que la zumba combina el equilibrio y la flexibilidad con el trabajo cardiovascular, muscular, ayudando a quien padece de problemas de articulaciones y brindando un notable incremento de energía, ya que libera endorfinas, disminuye el estrés, relaja, fortalece el sistema inmune, es fácil, divertido y aumenta la seguridad y autoestima de la persona.

Se trabaja la coordinación, ya que los movimientos tan presto se desplazan al frente, hacia atrás, a un lado o dando círculos, al igual que se combina con el levantamiento de brazos, manos y cuerpo en general, tonificando varias partes de este, además de aprender diversas coreografías que dan un toque distintivo de sincronía y dominio; aunado a estas razones, se encuentra que la zumba teje vínculos sociales de pertenencia al grupo.

Sabedores de este impacto, los gimnasios han implementado esta disciplina dentro de sus horarios de atención; acudiendo generalmente quienes tienen los medios económicos para solventar un gasto extra. Desde hace unos años, esta necesidad de expresión y esparcimiento se visualizó dentro de la administración municipal en turno, por lo que se construyeron centros comunitarios en distintos puntos estratégicos de la ciudad para atender a la población con cursos, talleres, conferencias y clases de zumba.

Posteriormente, al visualizar su trascendencia y aceptación por parte de la comunidad parralense, en su mayoría conformada por mujeres, se lanza la convocatoria para multiplicar esos espacios en plazas y canchas construidas a lo largo y ancho de la ciudad sin ningún costo extra.

Hoy en día, un grupo de mujeres conformado por diversas edades, que van desde niñas que acuden con sus madres y ya son parte del grupo de zumba, mujeres de mediana edad hasta más de 70 años. Nos damos cita en la cancha techada que se encuentra atrás del salón de eventos Catra; generalmente llegamos con prisa, con gesto adusto y marcado por cargar el peso de los problemas cotidianos sobre nuestros hombros; sin embargo, tan pronto empiezan a escucharse los acordes de la música y las indicaciones de la instructora, solo hay pensamientos que respondan a lo que ha de efectuarse, tarareando la melodía o contando los pasos que son el preámbulo subsecuente para cambiar de movimiento.

A medida que la clase avanza, los rostros toman otras tonalidades, el color de las mejillas se intensifica, la mirada adquiere otra expresión, se dibujan las sonrisas, las emociones afloran y se termina la clase con sentimientos de beneplácito y satisfacción.

Este artículo conlleva la intención de invitar a la comunidad para que se integren a estas actividades y experimenten los beneficios que esta disciplina otorga.