/ viernes 25 de junio de 2021

Espejos de vida | La rebelión de las ratas

Fernando Soto Aparicio (1933-2016), escritor boyacense, con 74 libros impresos, quien trabajó por más de 30 años en televisión y escribió más de 5000 libretos, además de cientos de artículos sobre periodismo especulativo. Poseía un archivo mental infinito sobre historias y personajes que fueron rescatados en sus protagonistas; se reconoció como lector, antes de ser escritor, argumentando que la fuerza de sus obras residía principalmente en su dedicación, entrega y disciplina, así como la investigación sistemática de los temas abordados en sus distintos géneros literarios.

Una de sus múltiples cualidades es que era autodidacta, solo cursó hasta quinto grado de primaria, pero desde pequeño se formó el hábito de la lectura, aprendió francés para leer la publicación original de Victor Hugo “Los miserables”, haciendo constar que es uno de sus textos favoritos.

Este texto hace referencia al libro “La rebelión de las ratas”, novela escrita en 1962, y con la cual se consagra como uno de los mejores escritores colombianos; cuenta en sus memorias que, para escribirlo, debió emplearse como minero por dos semanas, para conocer de viva voz y en carne propia el sentir de los obreros y las condiciones de trabajo imperante en las entrañas de la tierra, a sabiendas que estas han cambiado con el tiempo, debido precisamente a la insurrección surgida por la explotación de la industria extranjera, cuando se carecía de la figura del sindicato y los distintos mandos de poder, se encargaban de exprimir la fuerza de sus mineros, sometiéndolos a largas jornadas de trabajo en condiciones infrahumanas, por un mísero salario que apenas les permitía sobrevivir junto con sus familias, obligados por el hambre a delinquir, prostituirse y sentir pisoteada su dignidad humana. Muestra la diferencia abismal de calidad de vida en las distintas clases sociales, desde vivir en un basurero a las grandes mansiones ocupadas por los explotadores.

Cada página es una crítica social, que retrata la miseria: “días sin pan, sin calor, ni esperanza”, donde hasta el mismo polvo se burlaba de la angustia y ansiedad de los oprimidos. Describe magistralmente a cada uno de los personajes, desde el infante, el púbero, la adolescente que está despertando a las pasiones carnales, la mujer sumisa, abnegada, que sufre en silencio y otra imagen femenina que representa la tentación aún en medio del hambre y la opresión de su humanidad.

Las figuras de autoridad se visualizan con un poder que se vende al más fuerte, pisoteando al débil. Hasta que el oprimido llega a la cúspide de soportar la injusticia, y las emociones del dolor y cólera, se pone de manifiesto, donde la unión del infortunio es más fuerte que el miedo y llega el momento que sin temor a la muerte se enfrentan a los opresores.

Esta novela pone de manifiesto algunas de las debilidades humanas, como dejar en el bar o apostar a las peleas de gallos, el dinero que su familia necesitaba para subsistir, así como los pensamientos de infidelidad y deseo carnal. Su escritura gira en torno a conflictos e injusticia social y la lectura de sus obras es un referente obligado en la educación básica de Colombia.

Invito a incursionar en esta magnífica obra, relatada con un lenguaje sencillo, descriptivo y metafórico; permite reconocer aspectos históricos vividos en otro país, pero que tienen referente con otros países y ciudades mineras, así como la importancia de la conformación de los sindicatos para proteger al asalariado.

Fernando Soto Aparicio (1933-2016), escritor boyacense, con 74 libros impresos, quien trabajó por más de 30 años en televisión y escribió más de 5000 libretos, además de cientos de artículos sobre periodismo especulativo. Poseía un archivo mental infinito sobre historias y personajes que fueron rescatados en sus protagonistas; se reconoció como lector, antes de ser escritor, argumentando que la fuerza de sus obras residía principalmente en su dedicación, entrega y disciplina, así como la investigación sistemática de los temas abordados en sus distintos géneros literarios.

Una de sus múltiples cualidades es que era autodidacta, solo cursó hasta quinto grado de primaria, pero desde pequeño se formó el hábito de la lectura, aprendió francés para leer la publicación original de Victor Hugo “Los miserables”, haciendo constar que es uno de sus textos favoritos.

Este texto hace referencia al libro “La rebelión de las ratas”, novela escrita en 1962, y con la cual se consagra como uno de los mejores escritores colombianos; cuenta en sus memorias que, para escribirlo, debió emplearse como minero por dos semanas, para conocer de viva voz y en carne propia el sentir de los obreros y las condiciones de trabajo imperante en las entrañas de la tierra, a sabiendas que estas han cambiado con el tiempo, debido precisamente a la insurrección surgida por la explotación de la industria extranjera, cuando se carecía de la figura del sindicato y los distintos mandos de poder, se encargaban de exprimir la fuerza de sus mineros, sometiéndolos a largas jornadas de trabajo en condiciones infrahumanas, por un mísero salario que apenas les permitía sobrevivir junto con sus familias, obligados por el hambre a delinquir, prostituirse y sentir pisoteada su dignidad humana. Muestra la diferencia abismal de calidad de vida en las distintas clases sociales, desde vivir en un basurero a las grandes mansiones ocupadas por los explotadores.

Cada página es una crítica social, que retrata la miseria: “días sin pan, sin calor, ni esperanza”, donde hasta el mismo polvo se burlaba de la angustia y ansiedad de los oprimidos. Describe magistralmente a cada uno de los personajes, desde el infante, el púbero, la adolescente que está despertando a las pasiones carnales, la mujer sumisa, abnegada, que sufre en silencio y otra imagen femenina que representa la tentación aún en medio del hambre y la opresión de su humanidad.

Las figuras de autoridad se visualizan con un poder que se vende al más fuerte, pisoteando al débil. Hasta que el oprimido llega a la cúspide de soportar la injusticia, y las emociones del dolor y cólera, se pone de manifiesto, donde la unión del infortunio es más fuerte que el miedo y llega el momento que sin temor a la muerte se enfrentan a los opresores.

Esta novela pone de manifiesto algunas de las debilidades humanas, como dejar en el bar o apostar a las peleas de gallos, el dinero que su familia necesitaba para subsistir, así como los pensamientos de infidelidad y deseo carnal. Su escritura gira en torno a conflictos e injusticia social y la lectura de sus obras es un referente obligado en la educación básica de Colombia.

Invito a incursionar en esta magnífica obra, relatada con un lenguaje sencillo, descriptivo y metafórico; permite reconocer aspectos históricos vividos en otro país, pero que tienen referente con otros países y ciudades mineras, así como la importancia de la conformación de los sindicatos para proteger al asalariado.