/ viernes 11 de junio de 2021

Espejos de vida | El arte de escribir

Arte significa creación, ordenamiento de la razón; imprimir el sello personal a lo que se piensa; el estilo adoptado por el creador aporta precisión, claridad y armonía.

Escribir, es hilvanar palabras; unir las sílabas con cohesión y coherencia, generalmente surge la idea como una luz en el pensamiento, se conceptualiza y en la medida que se van formando frases y párrafos, la palabra se convierte en vehículo del pensamiento, que trasmite un mensaje y que espera al receptor para entablar un diálogo.

El incursionar como creador de escritura implica conocer la gramática, «que es la ciencia que estudia las combinaciones y componentes de una lengua» y la sintaxis «que es el arte de combinar las palabras correctamente». De esa forma, se incursiona en varios campos y contextos donde se quiere emitir un mensaje. Tanto la lectura como la escritura, son competencias que están en constante reconstrucción y desarrollo, forman parte medular de nuestro entorno personal y social. Requerimos leer el mundo en que vivimos y externar nuestro pensar y sentir. Citando al pensador brasileño Paulo Freire (1974) quien dice: “leer-escribir es un proceso dialéctico que sintetiza la relación existente entre conocimiento-transformación de nosotros mismos”.

Por lo tanto, cuando leemos lo que sucede a nuestro alrededor y lo comparamos con lo que pasa en otras esferas, vamos interiorizando una conciencia, podemos emitir una opinión fundamentada y cuando lo trasladamos a la escritura, nos permite una transformación interna de nuestros propios pensamientos.

El arte de escribir no es innato, es una habilidad que se desarrolla procesualmente; le antecede la lectura como preámbulo y puerta introductoria al mundo del conocimiento; no solo se aprende de los textos ni de la educación formal, sino de la observación de hechos cotidianos, de la interiorización y reflexión de las cosas que suceden y pasan por el escrutinio de la conciencia y luego de la confrontación con lo que dicen otras lecturas provenientes de diversos autores

Escribir, es un verbo que trae consigo un equipaje de deberes, pero también de satisfacciones; requiere tiempo, esfuerzo, paciencia, dedicación, perseverancia, voluntad de dar existencia al mensaje y el anhelo latente de compartir con posibles lectores, quienes, a su vez, tienen la posibilidad de asentir o disentir con lo expuesto, pero que, de alguna manera, se convierte en fuente de conversación entre escritor y lector.

La invitación implícita en este artículo, es que sigamos cultivando estas competencias de la lectura y la escritura, que escuchemos al anciano, que rescatemos las historias que seguidamente pasarán al rincón de los olvidos; hay tanta sapiencia y experiencia en cada uno de ellos; observemos lo que gira a nuestro alrededor, emitamos nuestra opinión cada vez más fundamentada, reconociendo que la verdad, es relativa, «todo depende del cristal con que mira».

Volvamos a retomar la pluma y el papel, o en su defecto, las redes sociales; emitamos nuestros pensamientos y sentimientos por medio de la carta, el mensaje escrito, el diario personal, entre otros muchos recursos; sin olvidar, que siempre debe prevalecer el respeto, tolerancia, empatía y solidaridad hacia los otros.

Arte significa creación, ordenamiento de la razón; imprimir el sello personal a lo que se piensa; el estilo adoptado por el creador aporta precisión, claridad y armonía.

Escribir, es hilvanar palabras; unir las sílabas con cohesión y coherencia, generalmente surge la idea como una luz en el pensamiento, se conceptualiza y en la medida que se van formando frases y párrafos, la palabra se convierte en vehículo del pensamiento, que trasmite un mensaje y que espera al receptor para entablar un diálogo.

El incursionar como creador de escritura implica conocer la gramática, «que es la ciencia que estudia las combinaciones y componentes de una lengua» y la sintaxis «que es el arte de combinar las palabras correctamente». De esa forma, se incursiona en varios campos y contextos donde se quiere emitir un mensaje. Tanto la lectura como la escritura, son competencias que están en constante reconstrucción y desarrollo, forman parte medular de nuestro entorno personal y social. Requerimos leer el mundo en que vivimos y externar nuestro pensar y sentir. Citando al pensador brasileño Paulo Freire (1974) quien dice: “leer-escribir es un proceso dialéctico que sintetiza la relación existente entre conocimiento-transformación de nosotros mismos”.

Por lo tanto, cuando leemos lo que sucede a nuestro alrededor y lo comparamos con lo que pasa en otras esferas, vamos interiorizando una conciencia, podemos emitir una opinión fundamentada y cuando lo trasladamos a la escritura, nos permite una transformación interna de nuestros propios pensamientos.

El arte de escribir no es innato, es una habilidad que se desarrolla procesualmente; le antecede la lectura como preámbulo y puerta introductoria al mundo del conocimiento; no solo se aprende de los textos ni de la educación formal, sino de la observación de hechos cotidianos, de la interiorización y reflexión de las cosas que suceden y pasan por el escrutinio de la conciencia y luego de la confrontación con lo que dicen otras lecturas provenientes de diversos autores

Escribir, es un verbo que trae consigo un equipaje de deberes, pero también de satisfacciones; requiere tiempo, esfuerzo, paciencia, dedicación, perseverancia, voluntad de dar existencia al mensaje y el anhelo latente de compartir con posibles lectores, quienes, a su vez, tienen la posibilidad de asentir o disentir con lo expuesto, pero que, de alguna manera, se convierte en fuente de conversación entre escritor y lector.

La invitación implícita en este artículo, es que sigamos cultivando estas competencias de la lectura y la escritura, que escuchemos al anciano, que rescatemos las historias que seguidamente pasarán al rincón de los olvidos; hay tanta sapiencia y experiencia en cada uno de ellos; observemos lo que gira a nuestro alrededor, emitamos nuestra opinión cada vez más fundamentada, reconociendo que la verdad, es relativa, «todo depende del cristal con que mira».

Volvamos a retomar la pluma y el papel, o en su defecto, las redes sociales; emitamos nuestros pensamientos y sentimientos por medio de la carta, el mensaje escrito, el diario personal, entre otros muchos recursos; sin olvidar, que siempre debe prevalecer el respeto, tolerancia, empatía y solidaridad hacia los otros.