/ viernes 26 de noviembre de 2021

Espejos de vida | Carta abierta

“Abierta”, es un adjetivo que conlleva la intención de dejar un camino de letras donde pueda seguir sembrando palabras, que, al ensamblarse en oraciones, vayan mostrando a los portadores de la misiva, las emociones e impresiones dejadas, y que buscan la manera de encontrar un acomodo en el tintero del corazón para viajar hasta la más sublime expresión de comunicación, donde se puedan volcar y expresar por medio de la palabra escrita, esa que no se evapora, no se olvida, permanece intacta en el transcurso del tiempo; solo hay que leerla para encontrarle sentido e imprimirle significados.

Una virtud de quien escribe, es que vuelve a recrear en el pensamiento cada una de las acciones y sucesos detonantes, utilizando diversas herramientas que, cual vehículo de comunicación, busca el canal más fluido, para volcar en palabras los sentimientos generados.

Esta misiva es para mis amigas y compañeras de viaje:

Compartir nuestro tiempo, que es lo más valioso que tenemos, ha sido una experiencia gratificante y enriquecedora, porque no solo aprendimos de sus palabras, sino también de sus acciones, de sus risas, chascarrillos, intercambios de experiencias y el apoyo incondicional de protección que se generó en el grupo.

Esos días de convivencia nos enseñaron lo importante que es la individualidad, pero también la necesidad inherente de la otredad; porque somos entes individuales con gustos, preferencias y pasatiempos distintos, sin embargo, aprendimos a ensamblar las diferencias y a construir canales de empatía y fraternidad, basados en el respeto, la solidaridad y los valores universales que rigen armónicamente a la sociedad.

Las vacaciones con y entre amigas, tienen diversos significados y aprendizajes, por un lado, se revalora la función y rol que ejercemos en nuestro hogar y familia, las figuras de apego tan importantes en nuestro desarrollo humano, pero, sobre todo, se absorbe un cúmulo de regalos emocionales que llegan a fortalecer alma, cuerpo y espíritu de quien abre los brazos para recibir las bendiciones de la vida.

Gracias por ser y estar en esos momentos especiales, por compartir sus vivencias, sus sueños y quebrantos, por regocijarse ante los espectáculos de la naturaleza; por la puesta de sol y su magnificencia de colores, deslumbrantes en cada amanecer y cual fuego destellante que agoniza difuminado al atardecer; por las huellas impresas en la arena, por gozar la música, los olores, el sabor gastronómico; por compartir la mesa e iluminar nuestros rostros con sus pláticas y recuerdos del ayer.

Gracias por su comprensión y paciencia, por la tolerancia ante las particularidades de cada una de nosotras, por rescatar las memorias bellas y desechar las situaciones que no es necesario recordar; por convertirnos en cómplices de la alegría, por bailar al ritmo y compás de esas melodías, que, al entonarlas, nos hacen vibrar y sentir el vigor energizante de la vida.

Gracias por su tiempo, su calor, su ambiente, por transpirar esa energía, porque el rodearse de personas así tan positivas, permite absorber y transpirar armonía, tan necesaria en tiempos difíciles que enfrentamos día a día.

Dejo esta misiva abierta, porque espero seguir escribiendo en los libros de sus vidas, seguir contribuyendo, aportando y recibiendo, porque eso son las amigas; portadoras de consuelo, brazos y oídos abiertos, un oasis en el desierto, alguien con quien reír, llorar, sin temor a ser juzgada, solo comprendida y escuchada; porque las amigas se escogen, se seleccionan y se hacen parte de nuestro entorno.

María del Refugio Sandoval Olivas | Maestra jubilada

“Abierta”, es un adjetivo que conlleva la intención de dejar un camino de letras donde pueda seguir sembrando palabras, que, al ensamblarse en oraciones, vayan mostrando a los portadores de la misiva, las emociones e impresiones dejadas, y que buscan la manera de encontrar un acomodo en el tintero del corazón para viajar hasta la más sublime expresión de comunicación, donde se puedan volcar y expresar por medio de la palabra escrita, esa que no se evapora, no se olvida, permanece intacta en el transcurso del tiempo; solo hay que leerla para encontrarle sentido e imprimirle significados.

Una virtud de quien escribe, es que vuelve a recrear en el pensamiento cada una de las acciones y sucesos detonantes, utilizando diversas herramientas que, cual vehículo de comunicación, busca el canal más fluido, para volcar en palabras los sentimientos generados.

Esta misiva es para mis amigas y compañeras de viaje:

Compartir nuestro tiempo, que es lo más valioso que tenemos, ha sido una experiencia gratificante y enriquecedora, porque no solo aprendimos de sus palabras, sino también de sus acciones, de sus risas, chascarrillos, intercambios de experiencias y el apoyo incondicional de protección que se generó en el grupo.

Esos días de convivencia nos enseñaron lo importante que es la individualidad, pero también la necesidad inherente de la otredad; porque somos entes individuales con gustos, preferencias y pasatiempos distintos, sin embargo, aprendimos a ensamblar las diferencias y a construir canales de empatía y fraternidad, basados en el respeto, la solidaridad y los valores universales que rigen armónicamente a la sociedad.

Las vacaciones con y entre amigas, tienen diversos significados y aprendizajes, por un lado, se revalora la función y rol que ejercemos en nuestro hogar y familia, las figuras de apego tan importantes en nuestro desarrollo humano, pero, sobre todo, se absorbe un cúmulo de regalos emocionales que llegan a fortalecer alma, cuerpo y espíritu de quien abre los brazos para recibir las bendiciones de la vida.

Gracias por ser y estar en esos momentos especiales, por compartir sus vivencias, sus sueños y quebrantos, por regocijarse ante los espectáculos de la naturaleza; por la puesta de sol y su magnificencia de colores, deslumbrantes en cada amanecer y cual fuego destellante que agoniza difuminado al atardecer; por las huellas impresas en la arena, por gozar la música, los olores, el sabor gastronómico; por compartir la mesa e iluminar nuestros rostros con sus pláticas y recuerdos del ayer.

Gracias por su comprensión y paciencia, por la tolerancia ante las particularidades de cada una de nosotras, por rescatar las memorias bellas y desechar las situaciones que no es necesario recordar; por convertirnos en cómplices de la alegría, por bailar al ritmo y compás de esas melodías, que, al entonarlas, nos hacen vibrar y sentir el vigor energizante de la vida.

Gracias por su tiempo, su calor, su ambiente, por transpirar esa energía, porque el rodearse de personas así tan positivas, permite absorber y transpirar armonía, tan necesaria en tiempos difíciles que enfrentamos día a día.

Dejo esta misiva abierta, porque espero seguir escribiendo en los libros de sus vidas, seguir contribuyendo, aportando y recibiendo, porque eso son las amigas; portadoras de consuelo, brazos y oídos abiertos, un oasis en el desierto, alguien con quien reír, llorar, sin temor a ser juzgada, solo comprendida y escuchada; porque las amigas se escogen, se seleccionan y se hacen parte de nuestro entorno.

María del Refugio Sandoval Olivas | Maestra jubilada