/ viernes 23 de julio de 2021

Espejos de vida | A mi amiga Gloria

Dentro de la unicidad que nos caracteriza como seres humanos en el tránsito de nuestro caminar, hay distinciones muy propias que reflejan el ser y hacer de cada uno; hay quienes van pisando tan fuerte, que van dejado una huella profunda dentro de la comunidad; y otras, cuyo paso ha sido tenue, pero, perceptible y visibles para las personas que convergen en el entorno personal y familiar inmediato. No puede decirse que alguno es más importante que el otro; porque cada uno, desempeña un rol y una función específica que impacta y trasciende dentro de la cadena que conforma la sociedad en que se desenvuelve.

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Hoy quiero hacer mención de una mujer excepcional, quien lleva por nombre Gloria Adame. Nació el 21 de abril de 1944 en una familia numerosa conformada por veinte hermanos, de los cuales sobreviven siete a la fecha. Tuvo tres hijos, hace quince años, perdió la vida el menor de ellos, víctima de la violencia, dejando su corazón de madre destrozado y debiendo aprender a seguir adelante a pesar de las circunstancias adversas. A la fecha, cuenta con cuatro nietos, una de ellas, vivió y creció en su hogar, dependió económicamente de ella hasta terminar su carrera.

El oficio que aprendió desde su juventud y que le ha permitido ser el sostén económico de su casa es el de masajista; trabajó por muchos años en distintos gimnasios de la ciudad, brindando ese toque personal y mágico que sus manos saben dar; Gloria imprime la fuerza necesaria cuando el fin es proporcionar un masaje reductivo y la suavidad y consistencia cuando lo que se busca es un relax, aligerar la carga que deja el estrés cotidiano y el cansancio acumulado en la espalda alta, piernas y pies; además, hay quienes acuden a recibir el masaje con fines terapéuticos.

Desde tiempo atrás, deja de ser empleada y convierte el oficio en su autoempleo, adecuando en su hogar un espacio ideal para este fin. Hay personas que `por años hemos recibido el toque y atención de sus manos. El aroma de aceites especiales impregna el ambiente, y ella, a pesar de sus 77 años, brinda esa atención con calidad y calidez a quienes acudimos a recibir sus servicios.

Ser masajista requiere no solo saber proporcionar la atención requerida, sino el despertar la confianza en quien se pone en sus manos. Es un encuentro que solo se da cuando existe la seguridad que estás con la persona adecuada a la que le permites tener ese contacto directo con tu persona.

Gloria, además de ser excelente masajista, es una mujer que gusta de practicar la zumba, hemos compartido esos espacios por algunos años, encontrando en el baile, la cercanía y nexos necesarios para tejer lazos de amistad y compañerismo.

A fuerza de los años de convivencia, me ha tocado ser testigo de situaciones difíciles en su caminar; de problemas familiares, económicos y de salud que le ha tocado enfrentar; tales como las caídas que le han ocasionado fracturas en sus manos, se ha lastimado sus rodillas, quedando impedida de trabajar y por consecuencia de recibir las entradas económicas necesarias para su sostenimiento. Sin embargo, con la fe y entusiasmo que la caracteriza, ha salido avante, a la hora de prestar sus servicios, siempre está atenta, servicial, tendiendo puentes al diálogo y amistad.

Recientemente leí el libro “El elemento” de Ken Robinson, quien dice: «La liberación de la persona es cuando encuentra algo que le gusta y puede dedicarse a ello… porque…Las actividades que nos gustan nos llenan de energía incluso cuando estamos agotados físicamente».

Vaya este sincero reconocimiento a su persona, porque a pesar de no tener una profesión, supo encontrar y desarrollar un oficio que le ha permitido la subsistencia, la convivencia y la satisfacción de contribuir en el bienestar y satisfacción de quien requiere su atención.

Maestra Jubilada

Dentro de la unicidad que nos caracteriza como seres humanos en el tránsito de nuestro caminar, hay distinciones muy propias que reflejan el ser y hacer de cada uno; hay quienes van pisando tan fuerte, que van dejado una huella profunda dentro de la comunidad; y otras, cuyo paso ha sido tenue, pero, perceptible y visibles para las personas que convergen en el entorno personal y familiar inmediato. No puede decirse que alguno es más importante que el otro; porque cada uno, desempeña un rol y una función específica que impacta y trasciende dentro de la cadena que conforma la sociedad en que se desenvuelve.

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Hoy quiero hacer mención de una mujer excepcional, quien lleva por nombre Gloria Adame. Nació el 21 de abril de 1944 en una familia numerosa conformada por veinte hermanos, de los cuales sobreviven siete a la fecha. Tuvo tres hijos, hace quince años, perdió la vida el menor de ellos, víctima de la violencia, dejando su corazón de madre destrozado y debiendo aprender a seguir adelante a pesar de las circunstancias adversas. A la fecha, cuenta con cuatro nietos, una de ellas, vivió y creció en su hogar, dependió económicamente de ella hasta terminar su carrera.

El oficio que aprendió desde su juventud y que le ha permitido ser el sostén económico de su casa es el de masajista; trabajó por muchos años en distintos gimnasios de la ciudad, brindando ese toque personal y mágico que sus manos saben dar; Gloria imprime la fuerza necesaria cuando el fin es proporcionar un masaje reductivo y la suavidad y consistencia cuando lo que se busca es un relax, aligerar la carga que deja el estrés cotidiano y el cansancio acumulado en la espalda alta, piernas y pies; además, hay quienes acuden a recibir el masaje con fines terapéuticos.

Desde tiempo atrás, deja de ser empleada y convierte el oficio en su autoempleo, adecuando en su hogar un espacio ideal para este fin. Hay personas que `por años hemos recibido el toque y atención de sus manos. El aroma de aceites especiales impregna el ambiente, y ella, a pesar de sus 77 años, brinda esa atención con calidad y calidez a quienes acudimos a recibir sus servicios.

Ser masajista requiere no solo saber proporcionar la atención requerida, sino el despertar la confianza en quien se pone en sus manos. Es un encuentro que solo se da cuando existe la seguridad que estás con la persona adecuada a la que le permites tener ese contacto directo con tu persona.

Gloria, además de ser excelente masajista, es una mujer que gusta de practicar la zumba, hemos compartido esos espacios por algunos años, encontrando en el baile, la cercanía y nexos necesarios para tejer lazos de amistad y compañerismo.

A fuerza de los años de convivencia, me ha tocado ser testigo de situaciones difíciles en su caminar; de problemas familiares, económicos y de salud que le ha tocado enfrentar; tales como las caídas que le han ocasionado fracturas en sus manos, se ha lastimado sus rodillas, quedando impedida de trabajar y por consecuencia de recibir las entradas económicas necesarias para su sostenimiento. Sin embargo, con la fe y entusiasmo que la caracteriza, ha salido avante, a la hora de prestar sus servicios, siempre está atenta, servicial, tendiendo puentes al diálogo y amistad.

Recientemente leí el libro “El elemento” de Ken Robinson, quien dice: «La liberación de la persona es cuando encuentra algo que le gusta y puede dedicarse a ello… porque…Las actividades que nos gustan nos llenan de energía incluso cuando estamos agotados físicamente».

Vaya este sincero reconocimiento a su persona, porque a pesar de no tener una profesión, supo encontrar y desarrollar un oficio que le ha permitido la subsistencia, la convivencia y la satisfacción de contribuir en el bienestar y satisfacción de quien requiere su atención.

Maestra Jubilada