/ viernes 15 de octubre de 2021

Espejos de la vida | Paradojas

Consciente de que el aprendizaje proporciona crecimiento intelectual, cultural y, sobre todo, como seres humanos que cohabitamos en un espacio donde la trascendencia de los actos individuales tiene un alto impacto en las personas y el ambiente que nos rodea, recientemente decidí inscribirme en un taller virtual de escritura introspectiva en el cual nos encargan algunas tareas que se escriben desde la tranquilidad del hogar para luego presentarse y debatirse en clase. La última de estas, versa sobre la identificación de los parónimos: casualidades y causalidades que se han presentado en nuestra vida. Primeramente, encontré que el nombre alude a las palabras que son parecidas en su pronunciación o forma, pero que tienen significados distintos. Me remití a buscar su significado encontrando que las primeras son fortuitas, aparecen de pronto sin buscarlas, por lo que no es posible su prevención; las segundas en cambio, vinculan su relación entre causa y efecto, permitiendo su utilización como detonantes e incentivos que requieren voluntad, dedicación, esfuerzo y perseverancia en su implementación y desarrollo, por lo que es menester, trabajar en pos de una meta hasta lograr alcanzarla.

Busqué algunos ejemplos en la red y pude encontrar un sinfín de experiencias que, comparadas con las propias, dieron luz a la ejecución de la tarea encomendada. Una vez más comprendí el impacto y fuerza que tienen los pensamientos sobre las acciones que tomamos.

Casualmente puede uno encontrarse o conocer a una persona, lo que se haga a partir de ese momento es una casualidad, se puede olvidar el incidente o a partir de ahí, empezar a tejer relaciones que permitan un acercamiento, convidar a ese alguien a formar parte del entramado de nuestras vidas, motivo de nuestros afectos y plataforma de convivencia, o en su defecto, si después de intimar y conocerle, reconocemos que no aporta nada positivo a nuestro entorno personal y familiar, aprender a tender límites y a alejarnos de quien nos causa daño.

Como seres finitos y mortales, estamos expuestos a convivir con la enfermedad, accidentes y muerte, casualmente podemos estar en el lugar equivocado y ser víctimas de un acto de violencia; ir transitando por la carretera y que un animal obstruya el camino provocando una volcadura, estos ejemplos y otros muchos más en que la casualidad puede hacerse presente y cambiar el cursor de nuestra vida; lo que hagamos de ahí en adelante, es la causa- efecto; podemos pensar en un panorama sombrío, con nubes que ocultan los rayos de esperanza o en cambio, buscar las rejillas donde se filtre esa luz que permite que el corazón siga irradiando energía y calor.

Ante este panorama de luces y sombras que atravesamos, producto del contexto social, político y económico que nos toca vivir, se han puesto en boga conceptos como el de resiliencia, que tiene relación con aprender a superar circunstancias traumáticas y seguir adelante a pesar de las adversidades; el manejo y control de las emociones, porque al estar conscientes de estas, se disminuye el desgaste psicológico, se potencia la autoestima y se aprende a navegar en un océano de incertidumbres.

Llegamos a la conclusión que las casualidades son producto de las circunstancias, el aprender a visualizarlas, incorporarlas o alejarlas de nuestra vida es decisión propia. Cierro con esta estrofa del poeta mexicano Amado Nervo: “…que yo fui el arquitecto de mi propio destino/ que si extraje las mieles o la hiel de las cosas/ fue porque en ellas puse hiel o mieles sabrosas/ cuando planté rosales, coseché siempre rosas”.


María del Refugio Sandoval Olivas | Maestra


Consciente de que el aprendizaje proporciona crecimiento intelectual, cultural y, sobre todo, como seres humanos que cohabitamos en un espacio donde la trascendencia de los actos individuales tiene un alto impacto en las personas y el ambiente que nos rodea, recientemente decidí inscribirme en un taller virtual de escritura introspectiva en el cual nos encargan algunas tareas que se escriben desde la tranquilidad del hogar para luego presentarse y debatirse en clase. La última de estas, versa sobre la identificación de los parónimos: casualidades y causalidades que se han presentado en nuestra vida. Primeramente, encontré que el nombre alude a las palabras que son parecidas en su pronunciación o forma, pero que tienen significados distintos. Me remití a buscar su significado encontrando que las primeras son fortuitas, aparecen de pronto sin buscarlas, por lo que no es posible su prevención; las segundas en cambio, vinculan su relación entre causa y efecto, permitiendo su utilización como detonantes e incentivos que requieren voluntad, dedicación, esfuerzo y perseverancia en su implementación y desarrollo, por lo que es menester, trabajar en pos de una meta hasta lograr alcanzarla.

Busqué algunos ejemplos en la red y pude encontrar un sinfín de experiencias que, comparadas con las propias, dieron luz a la ejecución de la tarea encomendada. Una vez más comprendí el impacto y fuerza que tienen los pensamientos sobre las acciones que tomamos.

Casualmente puede uno encontrarse o conocer a una persona, lo que se haga a partir de ese momento es una casualidad, se puede olvidar el incidente o a partir de ahí, empezar a tejer relaciones que permitan un acercamiento, convidar a ese alguien a formar parte del entramado de nuestras vidas, motivo de nuestros afectos y plataforma de convivencia, o en su defecto, si después de intimar y conocerle, reconocemos que no aporta nada positivo a nuestro entorno personal y familiar, aprender a tender límites y a alejarnos de quien nos causa daño.

Como seres finitos y mortales, estamos expuestos a convivir con la enfermedad, accidentes y muerte, casualmente podemos estar en el lugar equivocado y ser víctimas de un acto de violencia; ir transitando por la carretera y que un animal obstruya el camino provocando una volcadura, estos ejemplos y otros muchos más en que la casualidad puede hacerse presente y cambiar el cursor de nuestra vida; lo que hagamos de ahí en adelante, es la causa- efecto; podemos pensar en un panorama sombrío, con nubes que ocultan los rayos de esperanza o en cambio, buscar las rejillas donde se filtre esa luz que permite que el corazón siga irradiando energía y calor.

Ante este panorama de luces y sombras que atravesamos, producto del contexto social, político y económico que nos toca vivir, se han puesto en boga conceptos como el de resiliencia, que tiene relación con aprender a superar circunstancias traumáticas y seguir adelante a pesar de las adversidades; el manejo y control de las emociones, porque al estar conscientes de estas, se disminuye el desgaste psicológico, se potencia la autoestima y se aprende a navegar en un océano de incertidumbres.

Llegamos a la conclusión que las casualidades son producto de las circunstancias, el aprender a visualizarlas, incorporarlas o alejarlas de nuestra vida es decisión propia. Cierro con esta estrofa del poeta mexicano Amado Nervo: “…que yo fui el arquitecto de mi propio destino/ que si extraje las mieles o la hiel de las cosas/ fue porque en ellas puse hiel o mieles sabrosas/ cuando planté rosales, coseché siempre rosas”.


María del Refugio Sandoval Olivas | Maestra