/ miércoles 7 de noviembre de 2018

Escuchando a los muertos

Son justo las 6:00 p.m. La obscuridad cubre por completo el lugar, es el viejo panteón de Dolores, donde es posible encontrar tumbas con casi 200 años de antigüedad, (mayo de 1823), la sensación adquiere un toque de nerviosismo, de incertidumbre, quizá de miedo.

Estamos acostumbrados a oír y en ocasiones a escuchar a los vivos, interactuamos con ellos, los vemos, los tocamos, los sentimos. Pero, experimentar la sensación de escuchar a una persona que regresa del más allá, es una experiencia que nos lleva a otra dimensión.

En medio de la multitud, unos a otros nos volteamos a ver, en el fondo el espíritu de grupo nos vuelve valientes, fuertes, sabemos que ante cualquier eventualidad, estamos protegidos, acompañados y por ello decidimos caminar hacia el interior del medio aluzado panteón. Una larga fila de veladoras encendidas marca el sendero, es el momento de iniciar el recorrido, el guía da las indicaciones y comenzamos a caminar.

Las primeras impresiones son de una extraña sensación, hay una especie de energía que se percibe en el ambiente, el cuerpo se siente pesado, como si en medio de la obscuridad estuvieran muchas personas observándote, o mejor dicho muchos muertos que, como la tradición lo marca, salieron a descansar de su tumba por un día o por dos o tres.

Los roles se invierten y es ese contraste el que genera ese hormigueo en el estómago. De pronto, de entre la obscuridad, de la nada aparece un personaje bien vestido, pero con un rostro pálido, que desconcierta y más aún cuando comienza a hablarte, a contarte su historia y por un momento te hace reflexionar, al decirte que las cosas no han cambiado mucho, que al igual que ayer seguimos teniendo desigualdad, odio, traición, maldad, que muchos de ellos murieron por esas causas y se atreven a decirnos que muy probablemente, nosotros también vamos a morir por ello.

El recorrido continúa, poco a poco los nervios se van serenando, nos empezamos a sentir un poco más cómodos en el extraño escenario nocturno, donde las sombras de las tumbas, el olor de las flores y el llanto ocasional del viento que nos acaricia a todos, le añaden un toque de misterio en medio del tétrico silencio.

De pronto a nuestras espaldas se escucha el fuerte golpe de una pala y luego el rechinido que se produce cuando la arrastran sobre el cemento, todos al unísono pegamos un brinco y un grito espontáneo, mientras intentamos apuradamente abrazarnos unos a otros, el subconsciente una vez más nos traiciona, y aunque en el fondo estamos conscientes que son actores, es inevitable experimentar la sensación de que un muerto se te aparezca.

El recorrido es una oportunidad para conocer un poco más de nuestras costumbres, de nuestra historia, de las personas que construyeron y nos heredaron mucho de lo que hoy tenemos, como ciudad, como pueblo. El testimonio de empresarios, de revolucionarios, de militares, de mineros, niños, novias, monjas, un loco, un cura y demás personajes, le dan al visitante un brebaje cultural que es muy posible que se quede muy grabado en su mente, por tan singular modo de conocerlo.

El recorrido está por terminar, ya es posible observar a lo lejos la puerta del panteón, para algunos hay prisa por llegar a ella, otros aún sienten el deseo de permanecer un rato más en el lugar para terminar de comprender y asimilar tan singular experiencia, conscientes de que tal vez la mayoría de ellos no tengan el valor de hacer un recorrido similar solos.

La puerta está a dos pasos y entonces alguien dice; cuéntense de nuevo y cuéntense bien que sólo salgan 25, no queremos que algún muerto aproveche la ocasión y pueda escapar. Además, hacen otra recomendación si alguien se siente más pesado que cuando entró, revísese bien, no vaya ser que se le haya subido el muerto.

En el fondo todos estamos conscientes que en algún momento vamos a morir, la curiosidad por saber que existe después de la muerte, es tal vez lo que nos anima a hacer este atípico recorrido nocturno en medio de un panteón.

Gracias y muchas felicidades a los organizadores, a los actores y a todos lo que hacen posible que podamos vivir esta singular experiencia, de escuchar a los muertos.

leon7dg@hotmail.com

Son justo las 6:00 p.m. La obscuridad cubre por completo el lugar, es el viejo panteón de Dolores, donde es posible encontrar tumbas con casi 200 años de antigüedad, (mayo de 1823), la sensación adquiere un toque de nerviosismo, de incertidumbre, quizá de miedo.

Estamos acostumbrados a oír y en ocasiones a escuchar a los vivos, interactuamos con ellos, los vemos, los tocamos, los sentimos. Pero, experimentar la sensación de escuchar a una persona que regresa del más allá, es una experiencia que nos lleva a otra dimensión.

En medio de la multitud, unos a otros nos volteamos a ver, en el fondo el espíritu de grupo nos vuelve valientes, fuertes, sabemos que ante cualquier eventualidad, estamos protegidos, acompañados y por ello decidimos caminar hacia el interior del medio aluzado panteón. Una larga fila de veladoras encendidas marca el sendero, es el momento de iniciar el recorrido, el guía da las indicaciones y comenzamos a caminar.

Las primeras impresiones son de una extraña sensación, hay una especie de energía que se percibe en el ambiente, el cuerpo se siente pesado, como si en medio de la obscuridad estuvieran muchas personas observándote, o mejor dicho muchos muertos que, como la tradición lo marca, salieron a descansar de su tumba por un día o por dos o tres.

Los roles se invierten y es ese contraste el que genera ese hormigueo en el estómago. De pronto, de entre la obscuridad, de la nada aparece un personaje bien vestido, pero con un rostro pálido, que desconcierta y más aún cuando comienza a hablarte, a contarte su historia y por un momento te hace reflexionar, al decirte que las cosas no han cambiado mucho, que al igual que ayer seguimos teniendo desigualdad, odio, traición, maldad, que muchos de ellos murieron por esas causas y se atreven a decirnos que muy probablemente, nosotros también vamos a morir por ello.

El recorrido continúa, poco a poco los nervios se van serenando, nos empezamos a sentir un poco más cómodos en el extraño escenario nocturno, donde las sombras de las tumbas, el olor de las flores y el llanto ocasional del viento que nos acaricia a todos, le añaden un toque de misterio en medio del tétrico silencio.

De pronto a nuestras espaldas se escucha el fuerte golpe de una pala y luego el rechinido que se produce cuando la arrastran sobre el cemento, todos al unísono pegamos un brinco y un grito espontáneo, mientras intentamos apuradamente abrazarnos unos a otros, el subconsciente una vez más nos traiciona, y aunque en el fondo estamos conscientes que son actores, es inevitable experimentar la sensación de que un muerto se te aparezca.

El recorrido es una oportunidad para conocer un poco más de nuestras costumbres, de nuestra historia, de las personas que construyeron y nos heredaron mucho de lo que hoy tenemos, como ciudad, como pueblo. El testimonio de empresarios, de revolucionarios, de militares, de mineros, niños, novias, monjas, un loco, un cura y demás personajes, le dan al visitante un brebaje cultural que es muy posible que se quede muy grabado en su mente, por tan singular modo de conocerlo.

El recorrido está por terminar, ya es posible observar a lo lejos la puerta del panteón, para algunos hay prisa por llegar a ella, otros aún sienten el deseo de permanecer un rato más en el lugar para terminar de comprender y asimilar tan singular experiencia, conscientes de que tal vez la mayoría de ellos no tengan el valor de hacer un recorrido similar solos.

La puerta está a dos pasos y entonces alguien dice; cuéntense de nuevo y cuéntense bien que sólo salgan 25, no queremos que algún muerto aproveche la ocasión y pueda escapar. Además, hacen otra recomendación si alguien se siente más pesado que cuando entró, revísese bien, no vaya ser que se le haya subido el muerto.

En el fondo todos estamos conscientes que en algún momento vamos a morir, la curiosidad por saber que existe después de la muerte, es tal vez lo que nos anima a hacer este atípico recorrido nocturno en medio de un panteón.

Gracias y muchas felicidades a los organizadores, a los actores y a todos lo que hacen posible que podamos vivir esta singular experiencia, de escuchar a los muertos.

leon7dg@hotmail.com

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