/ sábado 2 de noviembre de 2019

Es tiempo de restauración

“…y observé los muros de Jerusalén que estaban derribados, y sus puertas que estaban consumidas por el fuego” (Nehemías 2:13)

Cuando echamos un “vistazo” a nuestra sociedad vemos con mucha tristeza y preocupación la dura realidad que va en decadencia en todo nivel, social, económico, familiar y espiritual. Esas áreas mencionadas, son muros que tienen la intención de proteger la familia y sociedad en general. Pero esos muros hoy se encuentra en ruinas, y lo poco que queda de ellos se ve amenazado con venirse abajo. Sin duda alguna, que es tiempo de reedificar esos muros para poder crecer y avanzar como sociedad.

Cuando se hablamos de restaurar algo, se hace referencia a volver una cosa al estado o circunstancia en que se encontraba antes, es decir, a su estado original. La idea es, reparar algo que se ha dañado. También tiene la connotación de restablecer algo que existía y que ha sido sustituido por otro. Partiendo de este concepto y haciendo una lectura de la situación de crisis de valores y principios morales de la sociedad en general, reconocemos la imperiosa necesidad de volverse a Dios y pedirle que en su misericordia restaure lo que como seres humanos hemos dañado.

El libro de Nehemías es un claro ejemplo de restauración, Dios lo usó de manera especial para levantar los muros de Jerusalén que habían sido derribados. Los muros son símbolo de protección, eran construidos alrededor de las ciudades para evitar la entrada de los enemigos y para defenderla desde allí en caso de una confrontación. Los muros que protegen y defienden la vida, la familia y la sociedad en general, son los principios bíblicos que hemos escuchado de una o de otra manera, a lo largo de nuestra vida, pero que tristemente nos olvidamos tan fácil, sino, ¿Por qué está el mundo colisionado?

No podemos desconocer la dura realidad del mundo que va en decadencia. Es urgente empezar con un plan de restauración 100%. Crea, mi estimado lector, que si hay alguien interesado en restaurar lo dañado, es Dios. Pero es necesario que por lo menos una persona esté dispuesta, es decir, cada uno tenemos que hacer algo, aportar nuestro granito de arena. La restauración empieza con un hombre o con una mujer dispuesto.

La palabra de Dios nos recuerda de un hombre llamado Nehemías. Él estaba tranquilo en su trabajo en el palacio del rey Artejerjes a quien servía en un puesto muy importante como copero, un empleado de suma confianza. Pero llegaron noticias de su pueblo, de sus hermanos que lo inquietaron: ellos estaban en gran mal y afrenta. La actitud de Nehemías no fue indiferente, por el contrario, su sentido de pertenencia con el pueblo de Israel salió a flote: “Cuando oí estas palabras me senté y lloré, e hice duelo por algunos días, y ayuné y oré delante del Dios de los cielos” (Nehemías 1:4).

Miremos lo que hizo Nehemías: Se sentó, lloró e hizo duelo por lo perdido por algunos días. Sus pensamientos, sus recuerdos de lo que había sido su pueblo y la grandeza de su ciudad lo conmovieron y lloró de tristeza, se sentía impotente, no tenía con quién quejarse, no podía hacer nada y por eso elevó una oración en la que confiesa que se han olvidado de Dios y de su ley, pero le menciona la promesa de restauración si se vuelven a Él, y toca el corazón de Dios cuando le recuerda: “Ellos, pues son tus siervos y tu pueblo que redimiste con tu gran poder, y con tu mano poderosa” (v. 10), y termina la oración pidiendo su gracia y su bendición para ejecutar su plan.

Creo que es tiempo de reconocer que nos hemos alejado locamente de Dios, y que nos hemos olvidado tristemente de su palabra, pero también es tiempo de volver a Dios, Él dice: “Diles, pues: Así ha dicho Jehová de los ejércitos: Volveos a mí, dice Jehová de los ejércitos, y yo me volveré a vosotros, ha dicho Jehová de los ejércitos” (Zacarías 1:3)

La realidad que nos ha tocado vivir es tan fuerte que no podemos dormirnos. Dios tiene todo para restaurar lo que está descuidado o dañado por nosotros, solo hace falta volver a Él, y una persona sensible y dispuesta que atienda el sentir de Dios. Él ya ha provisto lo necesario, así que…restauremos los muros derribados. “Y dijeron: Levantémonos y edifiquemos. Así esforzaron sus manos para bien” (Nehemías 2:18)

Estimado lector, crea en Dios, sea feliz en este mundo y un día vaya al cielo

“…y observé los muros de Jerusalén que estaban derribados, y sus puertas que estaban consumidas por el fuego” (Nehemías 2:13)

Cuando echamos un “vistazo” a nuestra sociedad vemos con mucha tristeza y preocupación la dura realidad que va en decadencia en todo nivel, social, económico, familiar y espiritual. Esas áreas mencionadas, son muros que tienen la intención de proteger la familia y sociedad en general. Pero esos muros hoy se encuentra en ruinas, y lo poco que queda de ellos se ve amenazado con venirse abajo. Sin duda alguna, que es tiempo de reedificar esos muros para poder crecer y avanzar como sociedad.

Cuando se hablamos de restaurar algo, se hace referencia a volver una cosa al estado o circunstancia en que se encontraba antes, es decir, a su estado original. La idea es, reparar algo que se ha dañado. También tiene la connotación de restablecer algo que existía y que ha sido sustituido por otro. Partiendo de este concepto y haciendo una lectura de la situación de crisis de valores y principios morales de la sociedad en general, reconocemos la imperiosa necesidad de volverse a Dios y pedirle que en su misericordia restaure lo que como seres humanos hemos dañado.

El libro de Nehemías es un claro ejemplo de restauración, Dios lo usó de manera especial para levantar los muros de Jerusalén que habían sido derribados. Los muros son símbolo de protección, eran construidos alrededor de las ciudades para evitar la entrada de los enemigos y para defenderla desde allí en caso de una confrontación. Los muros que protegen y defienden la vida, la familia y la sociedad en general, son los principios bíblicos que hemos escuchado de una o de otra manera, a lo largo de nuestra vida, pero que tristemente nos olvidamos tan fácil, sino, ¿Por qué está el mundo colisionado?

No podemos desconocer la dura realidad del mundo que va en decadencia. Es urgente empezar con un plan de restauración 100%. Crea, mi estimado lector, que si hay alguien interesado en restaurar lo dañado, es Dios. Pero es necesario que por lo menos una persona esté dispuesta, es decir, cada uno tenemos que hacer algo, aportar nuestro granito de arena. La restauración empieza con un hombre o con una mujer dispuesto.

La palabra de Dios nos recuerda de un hombre llamado Nehemías. Él estaba tranquilo en su trabajo en el palacio del rey Artejerjes a quien servía en un puesto muy importante como copero, un empleado de suma confianza. Pero llegaron noticias de su pueblo, de sus hermanos que lo inquietaron: ellos estaban en gran mal y afrenta. La actitud de Nehemías no fue indiferente, por el contrario, su sentido de pertenencia con el pueblo de Israel salió a flote: “Cuando oí estas palabras me senté y lloré, e hice duelo por algunos días, y ayuné y oré delante del Dios de los cielos” (Nehemías 1:4).

Miremos lo que hizo Nehemías: Se sentó, lloró e hizo duelo por lo perdido por algunos días. Sus pensamientos, sus recuerdos de lo que había sido su pueblo y la grandeza de su ciudad lo conmovieron y lloró de tristeza, se sentía impotente, no tenía con quién quejarse, no podía hacer nada y por eso elevó una oración en la que confiesa que se han olvidado de Dios y de su ley, pero le menciona la promesa de restauración si se vuelven a Él, y toca el corazón de Dios cuando le recuerda: “Ellos, pues son tus siervos y tu pueblo que redimiste con tu gran poder, y con tu mano poderosa” (v. 10), y termina la oración pidiendo su gracia y su bendición para ejecutar su plan.

Creo que es tiempo de reconocer que nos hemos alejado locamente de Dios, y que nos hemos olvidado tristemente de su palabra, pero también es tiempo de volver a Dios, Él dice: “Diles, pues: Así ha dicho Jehová de los ejércitos: Volveos a mí, dice Jehová de los ejércitos, y yo me volveré a vosotros, ha dicho Jehová de los ejércitos” (Zacarías 1:3)

La realidad que nos ha tocado vivir es tan fuerte que no podemos dormirnos. Dios tiene todo para restaurar lo que está descuidado o dañado por nosotros, solo hace falta volver a Él, y una persona sensible y dispuesta que atienda el sentir de Dios. Él ya ha provisto lo necesario, así que…restauremos los muros derribados. “Y dijeron: Levantémonos y edifiquemos. Así esforzaron sus manos para bien” (Nehemías 2:18)

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