/ sábado 24 de julio de 2021

Entre Voces | Sobre ruedas y patas

Llegó julio y sus jornadas. Con el semáforo amarillo se permitieron muchas de las actividades que ya el tiempo nos arrojará datos tanto económicos como en número de contagios. Quiero hoy centrarme en algo que, aunque se hayan posicionado como actividades centrales de las tradiciones veraniegas en nuestra ciudad, deben ponerse límites, al menos aquellos que el respeto común reclama.

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La llegada de las ruidosas motos, llaman la atención de todos los ciudadanos, pero las leyes de tránsito siguen vigentes, al menos eso pienso yo. Mal estacionados, sin usar casco, tomando en la vía pública y creyendo que todos debemos saludar y hacer reverencias a sus majestades en ruedas, creo que es incorrecto. Hace algunas décadas se les llamaba rebeldes con causa, y nunca supe realmente la causa para traer pelo largo, paliacate y lentes oscuros.

Y llega el concierto rockero. Todos al entrar al evento en la plaza con su cubre bocas para “cumplir las normas” para luego al calor de las bebidas, la música y el olor a cannabis, los llevó a posar a la mayoría a retirase el protector, para gritar y cantar al son de Alex Lora y su banda. La responsabilidad de autoridades y ciudadanos nuevamente parece irse de vacaciones al libre albedrío mal entendido como “que cada quien haga lo que le da la gana”. Como decía, los días darán cuenta de este atrevimiento en número de contagios y enfermos en la familia.

Y el general muere cuantas veces sea necesario y recibe a sus nuevos dorados llegados en cuatro patas. Unos a caballo y otros como fruto de la cerveza haciendo competencia a los cuadrúpedos relinchantes. La entrada de la cabalgata, vista por niños con sus familias, parecían espectadores de los no-ejemplos. ¡Qué mensaje tan contradictorio! Llevamos meses obligando a los niños a quedarse en casa y usar el cubre bocas, y al son de la banda, parejas y jinetes bebiendo cerveza, cantando y gritando Viva el general muerto, y lanzando los posibles virus asesinos como veneno por su paso.

El respeto como valor, independiente del credo y opiniones, debe prevalecer para la buena convivencia, andando a pie, en moto o a caballo. Las reglas de vialidad y leyes ciudadanas no tienen por qué suspenderse a nombre de conseguir visitantes que digan: “estuve en Parral y dejan emborracharse en la calle”, esta expresión más que promover, desacreditan a la mayoría que amamos el terruño y sabemos que hay mucha riqueza cultural que podemos exportar a todo el estado, el país y más allá de las fronteras.

Espero que las críticas como la presente, sean tomadas en cuenta para la organización de eventos y que sean promotores de una cultura integral, en teatro, música, recorridos, y menos anárquico. Bienvenidos todos los motociclistas, jinetes y personas que quieran disfrutar del encanto de la capital del mundo. Que quede claro: el respeto, legalidad también andan sobre ruedas y patas.

Sacerdote católico y licenciado en comunicación social.

Llegó julio y sus jornadas. Con el semáforo amarillo se permitieron muchas de las actividades que ya el tiempo nos arrojará datos tanto económicos como en número de contagios. Quiero hoy centrarme en algo que, aunque se hayan posicionado como actividades centrales de las tradiciones veraniegas en nuestra ciudad, deben ponerse límites, al menos aquellos que el respeto común reclama.

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La llegada de las ruidosas motos, llaman la atención de todos los ciudadanos, pero las leyes de tránsito siguen vigentes, al menos eso pienso yo. Mal estacionados, sin usar casco, tomando en la vía pública y creyendo que todos debemos saludar y hacer reverencias a sus majestades en ruedas, creo que es incorrecto. Hace algunas décadas se les llamaba rebeldes con causa, y nunca supe realmente la causa para traer pelo largo, paliacate y lentes oscuros.

Y llega el concierto rockero. Todos al entrar al evento en la plaza con su cubre bocas para “cumplir las normas” para luego al calor de las bebidas, la música y el olor a cannabis, los llevó a posar a la mayoría a retirase el protector, para gritar y cantar al son de Alex Lora y su banda. La responsabilidad de autoridades y ciudadanos nuevamente parece irse de vacaciones al libre albedrío mal entendido como “que cada quien haga lo que le da la gana”. Como decía, los días darán cuenta de este atrevimiento en número de contagios y enfermos en la familia.

Y el general muere cuantas veces sea necesario y recibe a sus nuevos dorados llegados en cuatro patas. Unos a caballo y otros como fruto de la cerveza haciendo competencia a los cuadrúpedos relinchantes. La entrada de la cabalgata, vista por niños con sus familias, parecían espectadores de los no-ejemplos. ¡Qué mensaje tan contradictorio! Llevamos meses obligando a los niños a quedarse en casa y usar el cubre bocas, y al son de la banda, parejas y jinetes bebiendo cerveza, cantando y gritando Viva el general muerto, y lanzando los posibles virus asesinos como veneno por su paso.

El respeto como valor, independiente del credo y opiniones, debe prevalecer para la buena convivencia, andando a pie, en moto o a caballo. Las reglas de vialidad y leyes ciudadanas no tienen por qué suspenderse a nombre de conseguir visitantes que digan: “estuve en Parral y dejan emborracharse en la calle”, esta expresión más que promover, desacreditan a la mayoría que amamos el terruño y sabemos que hay mucha riqueza cultural que podemos exportar a todo el estado, el país y más allá de las fronteras.

Espero que las críticas como la presente, sean tomadas en cuenta para la organización de eventos y que sean promotores de una cultura integral, en teatro, música, recorridos, y menos anárquico. Bienvenidos todos los motociclistas, jinetes y personas que quieran disfrutar del encanto de la capital del mundo. Que quede claro: el respeto, legalidad también andan sobre ruedas y patas.

Sacerdote católico y licenciado en comunicación social.