/ jueves 23 de mayo de 2019

El valor de la crítica y la oposición en la democracia

“Déjenlos trabajar”, “apenas tiene unos meses en el cargo”, “no puede corregir todo con varita mágica”, “sólo ven lo malo y no prestan atención en lo positivo”; son algunas de las frases más comunes y por todos conocidas, que tienen la finalidad de criticar a los críticos.

En política, es imposible no tomar partido, se debe tener una posición ideológica y con regularidad una atracción o afinidad hacia algún grupo. El poder se distribuye con frecuencia entre grupos y cada quien jugará un rol en la dinámica social.

Ser representante u opositor es con claridad diferente y se derivan funciones y compromisos distintos.

La oposición tiene la tarea clara de observancia y crítica, y en algunas ocasiones cooperación.

El representante público tiene el compromiso de rendir resultados desde el primer día de su encargo, el opositor tiene la obligación de observar y resguardar desde el inicio. En ese tenor las dos figuras, representante y oposición, juegan una dinámica del ejercicio de los recursos, donde uno está en la alta obligación de procurar el bien máximo de la sociedad a través de sus acciones y la oposición debe vigilar que no se den abusos sobre el poder y el uso de recursos.

Habiendo entendido lo anterior, no podemos más que caer en cuenta que la observación y la crítica sirvan más en el ejercicio del poder público que la vana gloria. Todo ciudadano u opositor le abona más a la vida pública cuando crítica y observa que cuando aplaude lo que él considera son logros.

En ese orden de ideas no importa si la figura pública tiene poco tiempo en el cargo, al contrario desde el primer día acomete acciones que pueden y además deben ser juzgadas.

Tenemos el firme reto de luchar con esa actitud de servidumbre y dejar de considerar que quien critica está en contra de nuestro proyecto político o quiere hacernos un daño mayor. La política por sí misma es confrontación de ideas y proyectos, pero debemos aprender a integrar la crítica es un ejercicio democrático y de pluralidad, debatir y discernir lo útil de lo inútil, pero nunca dejar de escuchar la crítica o los puntos opuestos.

Un sistema solo se conserva democrático donde hay diferencias y se privilegian, no tratan de desaparecerse o matizarse. Porque ahí donde no hay diferencias seguramente hay opresión. Los sistemas monárquicos o tiránicos se fundan en una sola voz decisora, y en la opresión de las diferencias.

La invitación entonces amigo lector es; independientemente de tu preferencia política o electoral, aprecia siempre las críticas, analízalas y no las censures, que bueno que hay alguien que quiere y puede fortalecer tus preferencias.

“Déjenlos trabajar”, “apenas tiene unos meses en el cargo”, “no puede corregir todo con varita mágica”, “sólo ven lo malo y no prestan atención en lo positivo”; son algunas de las frases más comunes y por todos conocidas, que tienen la finalidad de criticar a los críticos.

En política, es imposible no tomar partido, se debe tener una posición ideológica y con regularidad una atracción o afinidad hacia algún grupo. El poder se distribuye con frecuencia entre grupos y cada quien jugará un rol en la dinámica social.

Ser representante u opositor es con claridad diferente y se derivan funciones y compromisos distintos.

La oposición tiene la tarea clara de observancia y crítica, y en algunas ocasiones cooperación.

El representante público tiene el compromiso de rendir resultados desde el primer día de su encargo, el opositor tiene la obligación de observar y resguardar desde el inicio. En ese tenor las dos figuras, representante y oposición, juegan una dinámica del ejercicio de los recursos, donde uno está en la alta obligación de procurar el bien máximo de la sociedad a través de sus acciones y la oposición debe vigilar que no se den abusos sobre el poder y el uso de recursos.

Habiendo entendido lo anterior, no podemos más que caer en cuenta que la observación y la crítica sirvan más en el ejercicio del poder público que la vana gloria. Todo ciudadano u opositor le abona más a la vida pública cuando crítica y observa que cuando aplaude lo que él considera son logros.

En ese orden de ideas no importa si la figura pública tiene poco tiempo en el cargo, al contrario desde el primer día acomete acciones que pueden y además deben ser juzgadas.

Tenemos el firme reto de luchar con esa actitud de servidumbre y dejar de considerar que quien critica está en contra de nuestro proyecto político o quiere hacernos un daño mayor. La política por sí misma es confrontación de ideas y proyectos, pero debemos aprender a integrar la crítica es un ejercicio democrático y de pluralidad, debatir y discernir lo útil de lo inútil, pero nunca dejar de escuchar la crítica o los puntos opuestos.

Un sistema solo se conserva democrático donde hay diferencias y se privilegian, no tratan de desaparecerse o matizarse. Porque ahí donde no hay diferencias seguramente hay opresión. Los sistemas monárquicos o tiránicos se fundan en una sola voz decisora, y en la opresión de las diferencias.

La invitación entonces amigo lector es; independientemente de tu preferencia política o electoral, aprecia siempre las críticas, analízalas y no las censures, que bueno que hay alguien que quiere y puede fortalecer tus preferencias.

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