/ sábado 13 de abril de 2019

Domingo de Palmas

Ha observado usted cómo la gente se emociona y hace cosas extraordinarias para recibir a las personas que considera como muy importantes.

Por ejemplo, los equipos campeones de alguna serie son recibidos en los aeropuertos con mucha pompa y alegría, se organizan desfiles y comidas en su honor y se les entregan reconocimientos. Las grandes celebridades son recibidas con confeti y música. Hay a quienes se les entregan las llaves de la ciudad en reconocimiento a quienes son o lo que representan. A gobernantes y reyes se les recibe con alfombras rojas, banquetes oficiales, paseos y grandes regalos.

Aun nosotros mismos en nuestras casas cuando llega alguna persona importante hacemos un esfuerzo especial para hacer sentir bien a nuestros visitantes. Y bueno, hoy recordamos que un día como hoy hace ya más de dos mil años, en lo que hoy conocemos la ciudad de Jerusalén tuvo un visitante muy especial, pero no todos le dieron la bienvenida con entusiasmo.

No hubo desfile, ni música, ni confeti, ni una comida especial. No recorrió precisamente un camino de reconocimiento y aplausos, ni mucho menos fue un camino tapizado con alfombra roja, más fuel el camino de la Vía Dolorosa. La tradición dice que era el camino que Jesús anduvo en el camino de su crucifixión el viernes de su última semana de vida en la tierra. El nombre de la Vía Dolorosa en latín significa "Camino de la pena." Y así, la Vía Dolorosa, representa el camino del sufrimiento y el dolor que Jesús tuvo en su camino a la cruz. Por supuesto que hoy en día la Pascua es un día de alegría, no de tristeza.

Este es un día en que celebramos la resurrección de Cristo, no solo su muerte. Es tiempo para celebrar el triunfo del perdón sobre el pecado, de la vida sobre la muerte, y de Cristo sobre el enemigo. Para Jesús, su sufrimiento, su muerte y su resurrección estaban conectados. En Mateo 16:21 leemos: “Desde entonces comenzó Jesús a declarar a sus discípulos que le era necesario ir a Jerusalén y padecer mucho de los ancianos, de los principales sacerdotes y de los escribas; y ser muerto, y resucitar al tercer día”. Jesús dijo a sus discípulos que "le era necesario ir a Jerusalén y sufrir muchas cosas”.

"El sufrimiento no es opcional para Cristo. Al pronunciar estas palabras era, por supuesto, pensando en la cruz y la flagelación y todos los acontecimientos que pronto se llevaría a cabo en Jerusalén. Pero el camino de Jesús de sufrimiento y dolor no comenzó con la Vía Dolorosa”. Comenzó con un viaje diferente.

Todo comenzó con el viaje de Cristo desde el cielo a la tierra. De la cuna a la cruz, Él también caminó el camino del sufrimiento y el dolor. Y desde Jerusalén hasta el Calvario caminaba el camino de la aflicción, la Vía Dolorosa, para que nosotros hoy podamos caminar por el camino de la paz. También dijo Jesús que "le era necesario ir a Jerusalén y sufrir. . . y ser muerto. Eran para Jesús Jerusalén un gran cuadro de sufrimiento. Fue golpeado, azotado, escarnecido, escupido y golpeado repetidamente. En las palabras de Isaías fue "despreciado y rechazado por los hombres, varón de dolores, experimentado en quebranto." (Isaías 53:3) Cuando Jesús entró en Jerusalén aquel domingo de palmas y mantos, Él sabía que su entrada triunfal daría como resultado su juicio y muerte cinco días después.

Pero llegó de todos modos, porque el camino de la resurrección y la vida, pasa primero por el camino del sufrimiento y el dolor, y luego por el camino del juicio y la muerte. Jesús experimentó la muerte y el juicio, pero no por sí mismo, Él murió por nuestros pecados y en nuestro lugar. El precio ha sido pagado en su totalidad. Es por eso que Romanos 8:1-2 dice: "Por lo tanto, ahora no hay condenación para los que están en Cristo Jesús, porque en Cristo Jesús la ley del Espíritu de vida me ha librado de la ley del pecado y la muerte."

¿Conoce usted a Jesucristo como su Señor y Salvador? ¿Cree que Jesús murió en la cruz por sus pecados, en su lugar? A menos que pueda responder a estas preguntas sí, entonces usted puede conocer el camino de la resurrección y la vida. Jesús no desea hoy palmas y ramos, Él desea que tienda su corazón y le reciba como Señor de su vida. El triunfo logrado por Jesús en favor del ser humano, raza pecadora, tiene su plena realización en la medida como cada persona asume la responsabilidad de comprometerse de manera personal en su salvación.

Aquel día Jesús lloró al contemplar la ciudad de Jerusalén desde el Monte de las Olivas, pues Él conocía la condición de ella (Lucas 19: 41-44). Ahora preguntémonos ¿Qué sentirá Jesús al contemplar desde el cielo y conocer la condición espiritual y moral de nuestra ciudad? Creo sin duda alguna que es tiempo de volver nuestros ojos y nuestro corazón a Dios. Estimado lector, crea en Dios, sea feliz en este mundo y un día vaya al cielo.

Ha observado usted cómo la gente se emociona y hace cosas extraordinarias para recibir a las personas que considera como muy importantes.

Por ejemplo, los equipos campeones de alguna serie son recibidos en los aeropuertos con mucha pompa y alegría, se organizan desfiles y comidas en su honor y se les entregan reconocimientos. Las grandes celebridades son recibidas con confeti y música. Hay a quienes se les entregan las llaves de la ciudad en reconocimiento a quienes son o lo que representan. A gobernantes y reyes se les recibe con alfombras rojas, banquetes oficiales, paseos y grandes regalos.

Aun nosotros mismos en nuestras casas cuando llega alguna persona importante hacemos un esfuerzo especial para hacer sentir bien a nuestros visitantes. Y bueno, hoy recordamos que un día como hoy hace ya más de dos mil años, en lo que hoy conocemos la ciudad de Jerusalén tuvo un visitante muy especial, pero no todos le dieron la bienvenida con entusiasmo.

No hubo desfile, ni música, ni confeti, ni una comida especial. No recorrió precisamente un camino de reconocimiento y aplausos, ni mucho menos fue un camino tapizado con alfombra roja, más fuel el camino de la Vía Dolorosa. La tradición dice que era el camino que Jesús anduvo en el camino de su crucifixión el viernes de su última semana de vida en la tierra. El nombre de la Vía Dolorosa en latín significa "Camino de la pena." Y así, la Vía Dolorosa, representa el camino del sufrimiento y el dolor que Jesús tuvo en su camino a la cruz. Por supuesto que hoy en día la Pascua es un día de alegría, no de tristeza.

Este es un día en que celebramos la resurrección de Cristo, no solo su muerte. Es tiempo para celebrar el triunfo del perdón sobre el pecado, de la vida sobre la muerte, y de Cristo sobre el enemigo. Para Jesús, su sufrimiento, su muerte y su resurrección estaban conectados. En Mateo 16:21 leemos: “Desde entonces comenzó Jesús a declarar a sus discípulos que le era necesario ir a Jerusalén y padecer mucho de los ancianos, de los principales sacerdotes y de los escribas; y ser muerto, y resucitar al tercer día”. Jesús dijo a sus discípulos que "le era necesario ir a Jerusalén y sufrir muchas cosas”.

"El sufrimiento no es opcional para Cristo. Al pronunciar estas palabras era, por supuesto, pensando en la cruz y la flagelación y todos los acontecimientos que pronto se llevaría a cabo en Jerusalén. Pero el camino de Jesús de sufrimiento y dolor no comenzó con la Vía Dolorosa”. Comenzó con un viaje diferente.

Todo comenzó con el viaje de Cristo desde el cielo a la tierra. De la cuna a la cruz, Él también caminó el camino del sufrimiento y el dolor. Y desde Jerusalén hasta el Calvario caminaba el camino de la aflicción, la Vía Dolorosa, para que nosotros hoy podamos caminar por el camino de la paz. También dijo Jesús que "le era necesario ir a Jerusalén y sufrir. . . y ser muerto. Eran para Jesús Jerusalén un gran cuadro de sufrimiento. Fue golpeado, azotado, escarnecido, escupido y golpeado repetidamente. En las palabras de Isaías fue "despreciado y rechazado por los hombres, varón de dolores, experimentado en quebranto." (Isaías 53:3) Cuando Jesús entró en Jerusalén aquel domingo de palmas y mantos, Él sabía que su entrada triunfal daría como resultado su juicio y muerte cinco días después.

Pero llegó de todos modos, porque el camino de la resurrección y la vida, pasa primero por el camino del sufrimiento y el dolor, y luego por el camino del juicio y la muerte. Jesús experimentó la muerte y el juicio, pero no por sí mismo, Él murió por nuestros pecados y en nuestro lugar. El precio ha sido pagado en su totalidad. Es por eso que Romanos 8:1-2 dice: "Por lo tanto, ahora no hay condenación para los que están en Cristo Jesús, porque en Cristo Jesús la ley del Espíritu de vida me ha librado de la ley del pecado y la muerte."

¿Conoce usted a Jesucristo como su Señor y Salvador? ¿Cree que Jesús murió en la cruz por sus pecados, en su lugar? A menos que pueda responder a estas preguntas sí, entonces usted puede conocer el camino de la resurrección y la vida. Jesús no desea hoy palmas y ramos, Él desea que tienda su corazón y le reciba como Señor de su vida. El triunfo logrado por Jesús en favor del ser humano, raza pecadora, tiene su plena realización en la medida como cada persona asume la responsabilidad de comprometerse de manera personal en su salvación.

Aquel día Jesús lloró al contemplar la ciudad de Jerusalén desde el Monte de las Olivas, pues Él conocía la condición de ella (Lucas 19: 41-44). Ahora preguntémonos ¿Qué sentirá Jesús al contemplar desde el cielo y conocer la condición espiritual y moral de nuestra ciudad? Creo sin duda alguna que es tiempo de volver nuestros ojos y nuestro corazón a Dios. Estimado lector, crea en Dios, sea feliz en este mundo y un día vaya al cielo.

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