/ viernes 23 de julio de 2021

Degustando la vida | Mantengamos siempre la esperanza y busquemos nuestra felicidad

Todos en alguna ocasión hemos atravesado por alguna situación difícil que nos lleva poco a poco a adentrarnos en el camino de la depresión y así, vamos apagando lentamente la ilusión con la que solíamos despertar cada día: lo que antes nos motivaba ya no lo hace, y vamos dando poder a los sentimientos que genera la depresión y brindamos el consentimiento de adueñarse de nuestros pensamientos, cuando la depresión se presenta en una persona, ella tiene una causa que la ha producido. Aunque no logremos conocer cuál es la causa que produjo tal depresión, esa causa siempre existe. Muchas de nuestras depresiones se deben a una reacción que sentimos frente a una agresión, a un rechazo o desprecio, o a una humillación; hay innumerables depresiones cuya causa es una desilusión que se ha sufrido y nuestra más frecuente respuesta es la ira, lo que lleva en cadena directamente hacia la depresión. La ira va dirigida contra la causa que provoca el disgusto que se siente. Puede sentirse ira contra la mala salud que se tiene, contra la situación económica crítica que se está padeciendo o contra los hechos lamentables que han sucedido; y muy generalmente la ira se siente contra la persona que nos ha producido tal desilusión, contra quien debería amarnos y no nos demuestra amor; contra quien debería demostrarnos admiración y aprecio y en cambio nos demuestra desprecio y olvido; contra quien hiere nuestro amor propio; o contra quien nos hizo graves daños en lo material o en lo espiritual. En la raíz de toda depresión hay una dosis de ira, contra algo o contra alguien. Muchas de las ocasiones esa ira se desahoga contra quienes no tienen culpa alguna de los malos pensamientos que vienen a la mente y que simplemente por desahogarnos decimos palabras que hieren a quienes realmente no deseamos herir y que después, cuando estamos en un período de tranquilidad nos arrepentimos por el arrebato que tuvimos en ese momento en que estábamos poseídos por la ira; he ahí lo importante de aprender a controlar la ira. En todo ser humano hay dos emociones fuertes: el amor y la ira. El amor bien llevado puede conseguir efectos muy saludables para el espíritu. Pero la ira es una emoción sumamente dañosa para el alma y para el cuerpo. Es una emoción verdaderamente destructora y es difícil encontrar en el ser humano una emoción que le sea más perjudicial y cuyos efectos sean más negativos que ésta. La ira es un mecanismo de defensa contra la agresión. Cuando nos sentimos agredidos por el desprecio, el rechazo, la injuria o el trato injusto, la ira tiende automáticamente a estallar, y ella provoca inmediatamente un deseo de atacar, de lastimar, de destruir y de hacerle mal al injusto atacante. ¿Quién no quisiera ser feliz? Todos quisiéramos serlo, pero la verdad es que la vida tiene muchos altos y bajos, y en realidad no sabemos con certeza que nos depara la vida, qué viviremos tras unos años más; no hay que olvidar que como seres humanos y frágiles que somos no estamos totalmente preparados para ciertas situaciones que nos afectan como persona, ya sea la pérdida de un familiar, una separación, etc. Recordemos que la depresión no respeta género, nacionalidad, ni creencia, siempre y que cuando una persona permite que sentimientos de depresión se aniden en su vida, esta cobrara vida en ella y posiblemente la llevara al fracaso en todo sentido, incluyendo el espiritual; se es entonces valiente cuando como individuo somos capaces de reconocer que algo no anda bien y que la depresión se ha apoderado de mi persona, es cuando se es capaz de buscar ayuda en un especialista que apoye en la superación de aquello que la ha provocado y nos queja hasta el momento.

Tú puedes decidir cambiar tu destino. Tienes esperanza. Hay un mundo de posibilidades y alternativas para tí y para los tuyos. Finalmente, te pregunto, ¿qué te impide enfrentar la depresión y ser feliz?

Profesor

Todos en alguna ocasión hemos atravesado por alguna situación difícil que nos lleva poco a poco a adentrarnos en el camino de la depresión y así, vamos apagando lentamente la ilusión con la que solíamos despertar cada día: lo que antes nos motivaba ya no lo hace, y vamos dando poder a los sentimientos que genera la depresión y brindamos el consentimiento de adueñarse de nuestros pensamientos, cuando la depresión se presenta en una persona, ella tiene una causa que la ha producido. Aunque no logremos conocer cuál es la causa que produjo tal depresión, esa causa siempre existe. Muchas de nuestras depresiones se deben a una reacción que sentimos frente a una agresión, a un rechazo o desprecio, o a una humillación; hay innumerables depresiones cuya causa es una desilusión que se ha sufrido y nuestra más frecuente respuesta es la ira, lo que lleva en cadena directamente hacia la depresión. La ira va dirigida contra la causa que provoca el disgusto que se siente. Puede sentirse ira contra la mala salud que se tiene, contra la situación económica crítica que se está padeciendo o contra los hechos lamentables que han sucedido; y muy generalmente la ira se siente contra la persona que nos ha producido tal desilusión, contra quien debería amarnos y no nos demuestra amor; contra quien debería demostrarnos admiración y aprecio y en cambio nos demuestra desprecio y olvido; contra quien hiere nuestro amor propio; o contra quien nos hizo graves daños en lo material o en lo espiritual. En la raíz de toda depresión hay una dosis de ira, contra algo o contra alguien. Muchas de las ocasiones esa ira se desahoga contra quienes no tienen culpa alguna de los malos pensamientos que vienen a la mente y que simplemente por desahogarnos decimos palabras que hieren a quienes realmente no deseamos herir y que después, cuando estamos en un período de tranquilidad nos arrepentimos por el arrebato que tuvimos en ese momento en que estábamos poseídos por la ira; he ahí lo importante de aprender a controlar la ira. En todo ser humano hay dos emociones fuertes: el amor y la ira. El amor bien llevado puede conseguir efectos muy saludables para el espíritu. Pero la ira es una emoción sumamente dañosa para el alma y para el cuerpo. Es una emoción verdaderamente destructora y es difícil encontrar en el ser humano una emoción que le sea más perjudicial y cuyos efectos sean más negativos que ésta. La ira es un mecanismo de defensa contra la agresión. Cuando nos sentimos agredidos por el desprecio, el rechazo, la injuria o el trato injusto, la ira tiende automáticamente a estallar, y ella provoca inmediatamente un deseo de atacar, de lastimar, de destruir y de hacerle mal al injusto atacante. ¿Quién no quisiera ser feliz? Todos quisiéramos serlo, pero la verdad es que la vida tiene muchos altos y bajos, y en realidad no sabemos con certeza que nos depara la vida, qué viviremos tras unos años más; no hay que olvidar que como seres humanos y frágiles que somos no estamos totalmente preparados para ciertas situaciones que nos afectan como persona, ya sea la pérdida de un familiar, una separación, etc. Recordemos que la depresión no respeta género, nacionalidad, ni creencia, siempre y que cuando una persona permite que sentimientos de depresión se aniden en su vida, esta cobrara vida en ella y posiblemente la llevara al fracaso en todo sentido, incluyendo el espiritual; se es entonces valiente cuando como individuo somos capaces de reconocer que algo no anda bien y que la depresión se ha apoderado de mi persona, es cuando se es capaz de buscar ayuda en un especialista que apoye en la superación de aquello que la ha provocado y nos queja hasta el momento.

Tú puedes decidir cambiar tu destino. Tienes esperanza. Hay un mundo de posibilidades y alternativas para tí y para los tuyos. Finalmente, te pregunto, ¿qué te impide enfrentar la depresión y ser feliz?

Profesor